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REPORTAJE

La guerrera cántabra a lomos de una osa: 50 años de ADIC, la asociación germen del PRC y trampolín de Revilla

Manifestación convocada en 1976 por ADIC con el lema 'Por el concierto económico y contra el abandono de la región'.

Olga Agüero

1 de marzo de 2026 21:15 h

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La bandera histórica de ADIC es verde, gris y azul. Verde como los valles, gris como los picos de las montañas y azul como el mar Cantábrico. En el centro, un bisonte rojo rodeado de laureles. La primera vez que la enseña de la Asociación para la Defensa de los Intereses de Cantabria (ADIC) apareció en un espacio público fue en 1977 en la acampada de Santillán, en San Vicente de la Barquera, contra el proyecto de la central nuclear que Electra de Viesgo pensaba instalar en esa zona. La había confeccionado y bordado la noche anterior la madre de un miembro de la Junta Directiva. Ondeó en una histórica protesta que reunió a diez mil personas.

Han pasado 50 años desde aquel tiempo de efervescencia política y social que alumbró las siglas de ADIC, la asociación que fue clave para conseguir la autonomía, para el nacimiento del PRC y que fue el primer altavoz público de Miguel Ángel Revilla. Cuando la entonces provincia de Santander pertenecía a aquella Castilla La Vieja de los mapas. Aún no 'existía' oficialmente ni el nombre de Cantabria, que había sido secuestrado por la historia.

Han pasado 50 años desde que empezó todo. Primero fue aquella primavera de 1976 cuando se publicó en la prensa local el histórico 'Manifiesto de los 100' ante el deterioro económico de la región. “Montañeses de procedencias muy diversas” -empresarios, obreros, médicos- se dirigen “al pueblo de Cantabria”. Entre ellos, un economista “inmerso en la copiosa lista”. Era “don Miguel Revilla”. El mismo que lleva en política desde entonces y que llegó a presidir el Gobierno de Cantabria hasta en cuatro legislaturas distintas. La historia de ADIC y de la propia autonomía de Cantabria transcurre en paralelo a su trayectoria pública. De hecho, fue autor de la primera ponencia sobre el regionalismo, que después trasladó a los principios basicos del PRC, el partido que fundó y todavía hoy lidera. El brazo político de ADIC.

Aquel histórico manifiesto fue el epicentro de un movimiento de identidad cantabrista que se materializó en la asociación ADIC, germen del Partido Regionalista de Cantabria, líder de la reivindicación autonómica y primera plataforma del carismático líder político.

Aquel texto causó un extraordinario revuelo, fue un puñetazo en la mesa ante el declive económico de la provincia: “Ha llegado el momento de reencontrarnos y reivindicar nuestras aspiraciones con realismo y energía”. En aquel momento de eclosión del estado autonómico en España los firmantes temían que, rodeados de regiones “de tan fuerte personalidad” como Vizcaya, Asturias y Castilla, Cantabria corriese el riesgo de perder “hasta su propia identidad”.

Así, anunciaban una asociación para defender los intereses cántabros y pedían un concierto económico. “Ha llegado el momento de reencontrarnos con nosotros mismos”, concluía el manifiesto firmado, incluso, por el presidente de la entonces Diputación, Modesto Piñeiro, y solo tres mujeres, todas ellas sindicalistas.

ADIC nace en 1976

ADIC nació en la primavera de 1976. El 5 de abril se firmó el acta de constitución y el 14 de mayo se aprobaron sus primeros estatutos y se legalizó la asociación. Sus fines eran, y siguen siendo, “promover, defender y fomentar la personalidad, la conciencia y las peculiaridades de toda índole, tanto culturales como económicas de Cantabria”. También su carácter independiente desvinculada de cualquier ideología, grupos o partidos políticos“.

La asamblea constituyente se celebró en el Paraninfo de Las Llamas de Santander y asistieron 250 personas con el propósito de recuperar la identidad histórica y cultural del pueblo cántabro. Revilla fue su primer presidente. La junta la completaban Jose Herrero y José Luis Oria como vicepresidentes, Ignacio Gómez Llata como secretario y José Luis Somarriba como tesorero. Todos ellos viajaron a Madrid para proponer a Alfonso Osorio, vicepresidente del Ejecutivo central, el autogobierno de Cantabria.

La directiva se completaba hasta sumar 43 miembros con otros nombres propios, todos masculinos, como Justo de las Cuevas, Leandro Valle, Rafael de la Sierra, Ciriaco Díaz Porras y Ambrosio Calzada, que tuvieron un papel político destacado en el proceso autonómico y su posterior desarrollo político.

Miembros de la primera Junta Directiva de ADIC, presidida por Miguel Ángel Revilla, en una excursión por la zona de San Roque de Riomiera.

ADIC tuvo un papel protagonista en conseguir el Estatuto de Autonomía para Cantabria. Organizó la primera gran manifestación del proceso autonómico para pedir la descentralización y un concierto económico para Cantabria, además de liderar los movimientos contra la central nuclear que se pretendía instalar en Santillán o de apoyo a los trabajadores de Agua de Solares. La sociedad civil comenzó a organizarse a través de continuas movilizaciones sociales.

De manera evidente exaltó la identidad dormida por la represión de la dictadura y contagió de entusiasmo a una sociedad decidida y audaz que quebró la voluntad del Gobierno central, decidido a mantener la provincia de Santander junto a Castilla en el proceso de descentralización que abrió la Constitutión de 1978. Comenzó un vertiginoso proceso de reivindicación territorial. En esos primeros momentos no se apostaba por Cantabria y -en origen- el debate regional no solo se enmarcó en una cuestión cultural o sentimental, sino en la precaria situación económica y la demanda de infraestructuras. Así es como despierta el sentimiento de identidad.

ADIC fue el primer colectivo que propugnó el autogobierno, generó una corriente de opinión cantabrista organizando charlas, campañas sociales reivindicativas, festivales culturales e incluso un programa de radio

Las movilizaciones sociales generalizadas fueron acicate, detonante e impulso para que los representantes políticos reaccionasen. ADIC reivindicó el carácter diferenciador de Cantabria, recuperó su nombre y lo gritó con las pancartas y carteles que se agitaron en calles y balcones. Todavía suena el eco de aquella multitudinaria manifestación que recorrió las calles de Santander -el nombre que ensombreció Cantabria- reivindicando la autonomía. Desde ADIC llegaron a plantearse proponer un referéndum para decidir el futuro de Cantabria.

La travesía hasta consolidar la autonomía en 1981 estuvo salpicada de conflictos sociales y laborales: Huelga en la Stándar, en Nueva Montaña Quijano, en Astilleros del Atlántico y en la construcción, el metal, el sector químico y Correos. Cierre de Authi en Los Corrales, que desencadenó una marcha a pie hasta Santander. Huelga de la hostelería, paro en Astilleros Españoles, cierre de las panaderías, encierro de una filial de Sniace o el cese de actividad de Agua de Solares. Tuvieron eco las movilizaciones estudiantiles y se avivó el activismo feminista.

ADIC fue el primer colectivo que propugnó el autogobierno, generó una corriente de opinión cantabrista organizando charlas, campañas sociales reivindicativas, festivales culturales e incluso un programa de radio. Pero la iniciativa más determinante fue organizar el primer Festival de Música Popular celebrado en el Mercado Nacional de Ganados de Torrelavega el 26 de junio de 1977, que reunió desde la Coral Salvé o el Orfeón cántabro hasta el grupo de rock Ibio y los piteros Bosio y Martín. Acudieron 10.000 personas. El festival fue el inicio de la batalla histórica por la autonomía.

Cuando Agua de Solares tuvo que cerrar la fábrica porque se detectó una bacteria en el agua que no era nociva pero que estaba prohibida por la legislación, ADIC salió a la calle para apoyar a los trabajadores que no cobraban y vendió 110.000 botellas de agua en un domingo. Fue una movilización que logró recaudar casi dos millones de las antiguas pesetas. Después acompañó a los empleados a una manifestación en Madrid. Al final, Sanidad pemitió de nuevo la venta.

Noticia publicada el 13 de junio de 1977 en el periódico La Hoja del Lunes.

ADIC iba generando una extraodinaria simpatía en la ciudadanía. También estaba en el balcón de Cabezón de la Sal desde el que se pidió la autonomía de Cantabria en agosto de 1977. Ese día la asociación reclamó que se cambiara el Día de la Montaña por el Día de Cantabria y montó un puesto con pegatinas, banderas y libros.

Cuando celebró su segunda asamblea hubo una cola de 400 personas con banderas en la puerta de la primera sede, en la calle Pablo Garnica de Torrelacega. ADIC decidió dos líneas de acción: la defensa de los problemas más graves derivados de la situación económica y la lucha por el Estatuto de Autonomía.

La asociación también generó imágenes míticas como el cartel de la osa de Gustavo Cotera. El símbolo de una Cantabria indomable. Una venus cántabra, coronada por el símbolo de la estela de Zurita, a lomos de una osa. Un póster que ha perdurado en el recuerdo y que han colgado en sus paredes miles de cántabros.

Cartel de la osa de Gustavo Cotera popularizado por ADIC.

También inició otra tradición que aún se mantiene: la celebración del Día Infantil de Cantabria en el recinto del Palacio de La Magdalena de Santander. Aquel 4 de junio de 1978 fue otra fecha épica en la historia de ADIC: 80.000 personas pasaron por allí, con autobuses que llegaron de toda la región.

ADIC vendió más de 400 kilos de sardinas para asar en las parrillas que instalaron y UGAM repartió 3.000 litros de leche procedente del ordeño del ganado expuesto en la fiesta. Hubo actuaciones de folklore, bolos y salto pasiego, elaboración de albarcas, concursos de siega y de ordeño, vacas tudancas y bueyes de arrastre, y en menos de dos horas se vendieron las 2.800 viseras que ADIC había puesto a la venta.

Primera edición del Día Infantil de Cantabria en el recinto de La Magdalena de Santander.

Uno de los momentos clave de su historia fue cuando Cantabria quedó fuera del mapa de las preautonomías. La asociación cantabrista no se resignó ante esa decisión política tomada en Madrid y en una asamblea sometió a votación tres soluciones: seguir como hasta entonces, convertir ADIC en un partido político regionalista o que ADIC crease un partido.

Ganó por mayoría esta última y se creó una formación política para concurrir a las elecciones y promover la autonomía: el Partido Regionalista de Cantabria. Los Estatutos de aquel primitivo PRC se fueron tejiendo los viernes por la tarde en la sede que se abrió en la calle Tetuán de Santander.

Sin embargo, años después, en 1983 y bajo la presidencia de una mujer, Elvira Reigadas, distanciados del regionalismo de Revilla, ADIC impulsó otra alternativa electoral a las elecciones generales: la Agrupación Electoral Nacionalista de Cantabria (ANAC) que encabezó efímeramente Rafael de la Sierra y que no consiguió ningún escaño.

A raíz de estos caminos paralelos, ADIC se concentró en la defensa de la ganadería y abanderó el movimiento ecologista en Cantabria para denunciar vertidos al río Besaya, frenar la construcción de la central nuclear en Santillán y los rellenos de la bahía de Santander, y protestar por la extracción de 1.344 toneladas diarias de arena de las dunas de Somo que las constructoras llevaban haciendo desde hacía años. Comenzó el tradicional sorteo de productos cántabros de Navidad que bautizó como 'El cuevanuco' y que se sigue manteniendo.

Concentración organizada por ADIC contra el proyecto de central nuclear en San Vicente de la Barquera en marzo de 1977.

ADIC llegó a editar una revista cultural y también un póster de la mitología de Cantabria que queda en el recuerdo de varias generaciones. Un colorido cartel de Gustavo Cotera que colgaba en las paredes de las escuelas.

Mas recientemente solicitó -y consiguió años más tarde, en 2016- el reconocimiento del Lábaro como símbolo de Cantabria por parte del Parlamento autonómico.

La bandera de ADIC sigue simbolizando 50 años después la exaltación de la identidad cántabra. La asociación está dedicada a la defensa, estudio, conservación y difusión del patrimonio inmaterial cultural cántabro. Ahora, con Marín Sanchez a la cabeza y la misma inquietud de siempre: preservar y difundir la identidad y el territorio de Cantabria.

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