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Yo también #SoyRefugio

Refugiados en el campo de Mytilene, en Lesbos, Grecia // Giorgos Moutafid for AMNESTY INTERNATIONAL

Las fotos de Aylan, el niño refugiado tristemente hallado muerto en una playa turca, o la de Omran, sentado en una ambulancia con la mirada perdida y el rostro cubierto de polvo por los bombardeos en Alepo, son algunas de las imágenes recurrentes que me vienen a la mente cuando pienso en las personas refugiadas. Pero también algunas historias bonitas, como la que compartió mi colega periodista, Meritxell Martorell, en el programa 21 días, que se enamoró de un refugiado que conoció grabando en Lesbos. O de grandes luchas, como la que llevaron a cabo Allan y Gyan, dos hermanos con una discapacidad que hicieron en silla de ruedas todo el trayecto hasta Europa y cuyo esfuerzo se vio "recompensado" por fin al poder asistir a un partido de su equipo, el Real Madrid.

Cuando las compañeras de Amnistía Internacional me propusieron participar en esta campaña, 21 días por las personas refugiadas, para hacer del 20 de Junio una fecha especial de una vez por todas, accedí sin pensarlo. Qué son tres semanas en mi vida, ajetreada, pero sin los riesgos a los que se enfrentan estas personas desde que salen de sus países por la guerra o la persecución y tratan de llegar a un lugar seguro, que no siempre lo es.

Alan y Gyan consiguieron su sueño: ver jugar a su equipo favorito // Amnesty International

Alan y Gyan consiguieron su sueño: ver jugar a su equipo favorito // Amnesty International

Para mí, que, como ya he contado otras veces, ser madre es una experiencia tan bonita como dura y compleja, imaginarme dar a luz en un campo y cuidar a tus hijos, como explicaban algunas madres afganas a Amnistía Internacional, me parece increíble. Sin saber cuál será su futuro y si éste pasará por la protección de sus pequeños. Unas mujeres y niñas que, además, tienen necesidades especiales que muchas veces no son atendidas y por las que ni siquiera se les pregunta, además de unos riesgos concretos por su condición de género.

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Hora de acabar con los secretos que matan

Acto de las organizaciones para denunciar las violaciones de derechos humanos que se producen como consecuencia de la falta de control en el comercio de armas

Así se expresaba un diputado del PSOE en 1987 en una conversación en los pasillos del Congreso con Juan Mari Bandrés, diputado de Euskadiko Ezkerra, al hilo de unas preguntas parlamentarias presentadas por Bandrés relacionadas con unas polémicas ventas de armas españolas a Marruecos e Irak en aquellas fechas. Los grupos parlamentarios de IU y CDS presentaron entonces diversas iniciativas parlamentarias al respecto, en busca de mayor transparencia en el comercio de armas español.

¿Cuál fue entonces la respuesta del Gobierno? El 12 de marzo de 1987, el Consejo de Ministros, presidido por Felipe González, acordó clasificar como secretas las actas de la Junta Interministerial de Material de Defensa y de Doble Uso (JIMDDU), el organismo gubernamental responsable de aprobar o denegar las licencias de exportación de armas, apoyándose en la franquista Ley de Secretos Oficiales de 1968.

Han pasado 30 años y poco ha cambiado. Tras la campaña de las ONG que luego impulsarían “Armas Bajo Control”, el Gobierno publica informes sobre las exportaciones de armas desde el final de la década de los 90. La Ley 53/2007, obliga al Ejecutivo a rendir cuentas anualmente ante la Comisión de Defensa, que debe aprobar un dictamen con recomendaciones para el Gobierno. Sin embargo, las actas de la JIMDDU siguen siendo secretas y no existe control parlamentario previo de las exportaciones. En un reciente informe hemos pedido el cese de las ventas armas a Arabia Saudí e Irak, por el riesgo manifiesto de que estas armas se puedan utilizar para cometer atrocidades en la cruenta guerra de Yemen y el conflicto interno iraquí. 

De hecho, estas exportaciones son ilegales porque violan la legislación española, la normativa europea y el Tratado sobre el Comercio de Armas, que prohíbe específicamente la venta de armas para cometer atrocidades. A menos que las actas de la JIMDDU dejen de ser secretas, es imposible saber cómo este organismo evaluó el riesgo de que las armas exportadas en los dos últimos años a Irak y Arabia Saudí se puedan emplear para cometer o facilitar crímenes de derecho internacional.

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17.000 personas refugiadas

El #PuzzleDeSoraya en la sede de Amnistía Internacional

Amnistía Internacional está montando un puzzle para la Vicepresidenta del Gobierno. Uno gigante, del tamaño de nuestra preocupación por la pasividad que está mostrando el gobierno ante la grave crisis de personas refugiadas. Una crisis humanitaria que tiene el rostro de miles de hombres, mujeres, niños y niñas que se han jugado la vida para llegar a Europa buscando un lugar seguro donde poder, simplemente, vivir.

Con este puzzle, la idea es representar la cantidad de personas que quieren que España sea un lugar acogedor. Para ello se coloca una pieza por cada 1.000 firmas que se suman a la petición a Soraya Sáenz de Santamaría. Y con cada firma, se le envía una carta con un mensaje: que cumpla con su palabra.

En 2015, el gobierno se comprometió con la Unión Europea a acoger a 17.337 personas refugiadas. Y en diciembre de 2016, el Ministro de Exteriores, Alfonso Dastis, afirmó públicamente su intención de cumplirlo.

Activistas de Amnistía Internacional con #ElPuzzleDeSoraya

Activistas de Amnistía Internacional con #ElPuzzleDeSoraya

Son muchas las promesas que han girado en torno a la crisis de refugiados más grave desde la Segunda Guerra Mundial. Desde enero de 2015, más de 400.000 personas, la mayoría refugiadas, se han embarcado en peligrosas travesías en busca de refugio en Europa. Más de 2.900 han muerto en el intento, muchas de ellas, niños y niñas. Y las promesas no se han cumplido.

Y desde el mismo lugar desde donde me estremecen estas cifras, veo las fichas que faltan por colocar. Amontonadas, esperando a ser colocadas en el lugar donde deberían estar.

El contador suma 1.000 nuevas firmas. Una pieza más en el puzzle, que quema en nuestras manos.

Quema, porque el tiempo se acaba. Se acaba para las personas refugiadas, víctimas de esta crisis humanitaria que podría acabar hoy si los gobiernos europeos compartieran un poco de responsabilidad y abrieran un poco los ojos para ver que sus decisiones no son una cuestión de cifras. Que es el futuro de miles de personas lo que tienen en sus manos y que tienen el poder y la capacidad de protegerlas y que no lo están haciendo.

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#FerrovialCómplice y la Junta impasible

Isla de Nauru // TORSTEN BLACKWOOD

Se cosió los labios, pero los guardias se reían. De un chiste, no de ella. REC

Le lanzó una piedra a unos niños y le partió un diente a uno de ellos, de cinco años. Pero porque se portaban mal en el patio. REC

Ha intentado varias veces suicidarse, hacerse daño. No soporta la vida en esa prisión al aire libre. Pero los informes dicen que su riesgo de autolesión es bajo. REC

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Cómo avivar una crisis de refugiados en cinco pasos al estilo Trump

Frontera entre Estados Unidos y México// Hans Maximo Musielik/Amnesty International

El panorama que ofrece una de las fronteras más tristemente célebres de la Tierra — alrededor de 1.000 kilómetros de porosa valla metálica— que divide vidas, esperanzas y sueños entre Estados Unidos y México, es sin duda abrumador, pero no del modo que esperábamos.

Aunque fue una de las cuestiones de las que más se habló en la campaña electoral estadounidense del año pasado, la franja de tierra que separa Estados Unidos de México está ahora inquietantemente tranquila.

No se ve por ninguna parte el río de hombres, mujeres, niños y niñas que el presidente Trump predijo que inundaría la zona. No hay nadie trabajando en el  “muro grande, poderoso” que Trump prometió construir en toda la longitud de los más de 3.000 kilómetros de la frontera. Tampoco se han desplegado aún los  5.000 agentes de la Patrulla de Fronteras adicionales que iban a “aumentar la seguridad” en la zona.

Lo que hemos presenciado recientemente en la frontera, sin embargo, es una confusión y un terror crecientes. Como dicen muchos defensores, se trata de “la calma antes de la tempestad”. Esto no es nada nuevo, están pasando cosas en la zona, pero lo más probable es que sean muchísimo peores.

Porque, a pesar de que aún no se han materializado todas las promesas del presidente Trump, la maquinaria ya se ha puesto en marcha, sumándose a años de malas políticas y prácticas en la frontera. Las posibles repercusiones que tendrán las medidas más recientes de  control fronterizo sobre la vida de miles de personas que viven con el terror de ser devueltas a una violencia extrema están empezando a ser visibles.

Esto es lo que está haciendo el gobierno de Trump para avivar lo que podría convertirse en una peligrosa crisis de refugiados total:

1. Sembrar un discurso de odio y miedo

Desde el inicio de su campaña por la presidencia, Donald Trump ha calificado en reiteradas ocasiones a las personas migrantes y solicitantes de asilo, sobre todo a las procedentes de México y Centroamérica, de “delincuentes y violadores”.

Muro que separa México de Estados Unidos // Hans Maximo Musielik/Amnesty International

Muro que separa México de Estados Unidos // Hans Maximo Musielik/Amnesty International

No ha reconocido el sufrimiento de los miles de mujeres, niños, niñas y hombres que viven en situaciones “similares a una guerra” en algunos de los países más peligrosos del planeta, especialmente El Salvador y Honduras, y que se han visto obligados a huir de las casas para salvar la vida.

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San José de Apartadó: 20 años revindicando su derecho a vivir en paz en Colombia

Menores de la comunidad San José Apartadó, Colombia

La tragedia de derechos humanos acompaña a casi medio siglo de conflicto armado interno en Colombia. Y la población civil ha sido la víctima principal. Algunas comunidades se han unido y han puesto en marcha mecanismos de resistencia civil para exigir a todas las partes enfrentadas (paramilitares, fuerzas de seguridad y grupos de guerrilla) que respeten su derecho como civiles a no tomar partido y su derecho a la vida. Estas comunidades – campesinas, indígenas y afrodescendientes- se conocen con distintos nombres como comunidades de paz o zonas humanitarias.

¿Qué es una comunidad de paz?

Eso me preguntaba yo el día que conocí a Brígida en su visita a Burgos. En un momento del acto público, se puso en pie, mostró el colorido anagrama de su camiseta y nos contó los principios de su comunidad. Hace veinte años, Brígida y sus vecinos de varias aldeas del municipio de Apartadó, hartos de las devastadoras consecuencias del enfrentamiento armado en sus vidas, se declararon comunidad de paz, comprometiéndose a no participar ni dejarse involucrar en el conflicto. Así nació la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, en la zona noroeste de Colombia. Desde entonces sus miembros se niegan a llevar armas, o a facilitar información o apoyo logístico a cualquiera de los bandos. A cambio les piden que no rebasen los límites de sus comunidades y respeten su derecho a la vida, su condición de civiles y su decisión de no intervenir ni colaborar con ninguno de ellos.

El elevado coste de la paz

La comunidad San José Apartadó celebra los 20 años de reivindicar la paz

La comunidad San José Apartadó celebra los 20 años de reivindicar la paz

Desde que se creó la Comunidad de Paz el 23 de marzo de 1997, más de 200 de sus miembros han muerto de forma violenta o han sido víctimas de desaparición forzada, y otros han sido amenazados o agredidos sexualmente. La mayoría de quienes perdieron la vida fueron víctimas de paramilitares, que a menudo han actuado con el apoyo y el beneplácito de los miembros de las fuerzas armadas en la zona. Las fuerzas de guerrilla también han matado a miembros de la Comunidad de Paz.

Uno de los ataques más infames tuvo lugar el 21 de febrero de 2005. Ocho personas, entre ellas cuatro menores de edad, fueron asesinadas y sus cadáveres mutilados. A pesar de que las fuerzas de seguridad y los paramilitares se esforzaron desde el primer momento en atribuir la matanza a las FARC,  las investigaciones judiciales confirmaron que los homicidios los cometieron las fuerzas de seguridad y los paramilitares.

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El coste humano de la hipocresía europea

Personas migrantes en su viaje a Europa © Emilio Morenatti

Cuando vio barcos a lo lejos, Issa supo que viviría. Era julio de 2014 y había pasado horas en el mar, aferrado a un bidón de gasolina de plástico, mientras mujeres, hombres, niños y niñas se ahogaban a su alrededor. La pequeña embarcación de goma que se suponía que los iba a llevar a todos a Italia se había hundido sólo dos horas después de partir de la costa libia. De las 137 personas que, según afirma Issa, iban a bordo, sólo sobrevivieron 49.

A Issa, de Burkina Faso, no lo rescató un barco que pasaba, sino que lo recogió la guardia costera libia. En lugar de llevarlo a un puerto seguro en Italia, como él esperaba, lo devolvieron a Libia, donde lo entregaron a la policía. Según su relato, estuvo encerrado durante meses en condiciones terribles mientras era golpeado regularmente por policías que le pedían dinero a cambio de su liberación.

"Me ataban las manos a la espalda", cuenta. "Estaba tumbado en el suelo boca abajo, y me golpeaban en la espalda con un cinturón y con cables eléctricos."

Sólo cuando la familia de Issa logró reunir 625.000 francos CFA (unas 900 libras esterlinas) fue finalmente puesto en libertad.

Migrantes en Niger esperan el viaje a través del Sahel © Ali Abdou

Migrantes en Niger esperan el viaje a través del Sahel © Ali Abdou

En septiembre del año pasado trató de llegar a Italia de nuevo pero, después de tres días en el mar, la embarcación en la que viajaba arribó de vuelta a costas libias. "Nos detuvieron a nuestra llegada y nos llevaron a una cárcel en Trípoli, y dos semanas después nos trasladaron a la ciudad de Sabha. Supimos que los traficantes nos habían vendido". Tras un mes de cautiverio, él y otros consiguieron escapar. "Nuestros secuestradores dispararon contra algunos. No sé si alguien murió", cuenta.

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Jugarse la vida por los derechos humanos en Colombia

Desde que los acuerdos de paz han estado sobre la mesa para su firma y ratificación, las cifras sobre personas defensoras asesinadas ha aumentado © Agencia Prensa Rural

El 11 de septiembre de 2016, el líder afrodescendiente Néstor Iván Martínez murió abatido a tiros por unos atacantes no identificados en el municipio de Chiriguaná, departamento del Cesar. Néstor Iván Martínez participaba activamente en campañas de defensa del medio ambiente y de los derechos sobre las tierras, y también había hecho campaña contra actividades mineras. Él es sólo uno de los muchos defensores y defensoras, líderes sociales y comunitarios que murieron el año pasado y que siguen muriendo en Colombia.

Según consta en la “Declaración de la ONU sobre los Defensores de Derechos Humanos”, del 9 de diciembre de 1998, “toda persona tiene derecho individual o colectivamente a promover y procurar la protección y realización de los derechos humanos y las libertades fundamentales en los planos nacional e internacional”.  En Colombia las cifras ponen de manifiesto que las personas no pueden ejercer este derecho ni con libertad ni con garantías.

Paradójicamente, durante el mismo año en el que se firmaron los acuerdos de paz entre las FARC y el gobierno, fueron asesinadas 80 personas defensoras de DD.HH. y otras 49 fueron víctimas de atentados contra su vida. Los datos publicados por la ONG colombiana “Somos Defensores” en su informe anual relativo a 2016, además de ser alarmantes, suponen un incremento del 22% y 29% respectivamente respecto a los de 2015. Este incremento es aún más preocupante si tenemos en cuenta que disminuyeron los homicidios y acciones violentas en términos generales gracias al cese del fuego entre ambas partes, lo que indica que estos crímenes fueron consecuencia de ataques selectivos contra civiles concretos. Especialmente contra líderes comunitarios, activistas ambientales y en favor de los derechos sobre la tierra y contra personas que hacían campaña por la paz, la justicia y contra la impunidad, sobre todo en zonas rurales.

Emilsen Manyoma, lideresa de una comunidad afrodescendiente cuyo cadáver fue hallado junto al de su pareja el 17 de enero en Buenaventura

Emilsen Manyoma, lideresa de una comunidad afrodescendiente cuyo cadáver fue hallado junto al de su pareja el 17 de enero en Buenaventura

Y esa tendencia se mantiene en 2017. Hasta el 30 de enero, 17 nuevos casos de homicidio han sido denunciados, 10 de ellos ya confirmados. Como el de Emilsen Manyoma, lideresa de una comunidad afrodescendiente cuyo cadáver fue hallado junto al de su pareja el 17 de enero en Buenaventura, en el departamento del Valle del Cauca. Emilsen lideraba Conpaz, un proyecto que reúne propuestas de paz desde los territorios, y defendía los derechos de los desplazados por el narcotráfico y los paramilitares.

Los datos hablan por sí solos. En Colombia, a pesar de haberse firmado la paz, la situación de los derechos humanos sigue siendo grave aunque cada vez sea menos visible, e incluso es más preocupante y compleja debido a lo cambiante de la fisionomía de los diferentes conflictos y a los nuevos intereses subyacentes –económicos y transnacionales-. Firmada la paz con uno de los grupos guerrilleros, las FARC, la población civil, y más concretamente los líderes y activistas por los derechos, siguen siendo objeto de múltiples agresiones violentas provenientes de otros actores. En los últimos meses la mayoría de las amenazas se atribuyen a grupos paramilitares que perciben a estas personas como una amenaza para los intereses económicos y políticos de algunas personas y empresas.

En este contexto el gobierno colombiano se ha mostrado hasta ahora incapazde cumplir la obligación de defender y proteger a estas personas que luchan por  los derechos humanos.

Los peligros de ser defensor o defensora

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Ocho mujeres en el 8M: ¡No vamos a esperar más por nuestros derechos!

La doctora y activista por los derechos sexuales y reproductivos en Sudáfrica, Tlaleng Mofokeng © Private

Si algo hemos aprendido de la histórica Marcha de las Mujeres de enero, es que las mujeres están hartas de esperar. Ese fervor salta a las calles de nuevo en lo que parece que será una huelga de mujeres histórica. A principios de 2017, más de 3 millones de personas de todos los géneros marcharon en todo el mundo en defensa de los derechos de las mujeres y la interseccionalidad de otros muchos muchos derechos. Hoy, esas motivaciones siguen estando vigentes, espoleadas por los comentarios misóginos, la prohibición discriminatoria de viajar y las órdenes ejecutivas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que tienen repercusiones amplias y profundamente negativas para las personas migrantes y otras minorías. Además, sus políticas ponen específicamente en riesgo la salud y la vida de las mujeres. Pero esta situación no es exclusiva de Estados Unidos, como ponen de manifiesto los millares de mujeres de todo el mundo que hoy se declaran en huelga. Ellas saben que, si de las desigualdades que siguen azotando a las mujeres por todo el planeta se trata, las estadísticas no dejan lugar a dudas.

Según las predicciones del Foro Económico Mundial, todavía habrán de pasar 169 años hasta que se consiga eliminar la desigualdad salarial por razón de género. Esta es solo una de las muchas cifras de escándalo que muestran todo lo que tendremos que esperar hasta que mujeres y niñas lleguen a alcanzar la igualdad. En todo el mundo, unos 225 millones de mujeres no pueden elegir si quieren o no tener descendencia, ni en qué momento. Todos los años  mueren alrededor de 47.000 mujeres y otros 5 millones quedan incapacitas como resultado de abortos practicados en condiciones de riesgo. Se calcula que el 35% de las mujeres de todo el mundo sufren violencia física o sexual. Más de  32 millones de niñas de todo el mundo —frente a unos 29 millones de niños— no asisten a la escuela primaria. Y hay en la actualidad 700 millones de mujeres a las que casaron antes de cumplir los 18 años.

Es mucho lo que queda por lograr, y mujeres y niñas en todo el mundo dicen basta ya. Presentamos a continuación a ocho mujeres que luchan en primera línea para reclamar sus derechos y que se niegan a esperar frente a la injusticia.

Las siguientes mujeres de las que hablamos no esperarán y nosotros tampoco. ¿Y tú?

ÁFRICA
Dra. Tlaleng Mofokeng: No esperará… a que a las mujeres deje de negárseles el derecho a abortar

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¿Qué nombre pongo en Facebook? Los bebés robados del franquismo

Manifestación para exigir verdad, justicia y reparación por los casos de bebés robados// Fuente facebook SOS BEBES ROBADOS MADRID

Puede (y debe) sonar frívolo, pero cuando contacté por primera vez con Lily, un bebé robado en Madrid en el 68 que creció en México, recuerdo que lo primero que me impresionó fue que confesó que no sabía qué nombre poner en Facebook: si Lily, como es conocida en México; o si María Diana, su verdadero nombre dado en España.

Y es que en general, la historia de Lily me impresionó mucho desde el principio. Ella se enteró a los 33 años de que en realidad no se llamaba Lily, que no era mexicana, y que ni siquiera era hija biológica de sus padres. Su vida dio un vuelco absoluto. Sus padres de crianza le confesaron que la habían ido a buscar a Madrid, tras unas gestiones de los Arzobispos de Yucatán y Madrid; que se quemaron sus papeles de identidad al llegar a México vía Miami, y que crearon otros distintos, bajo el nombre de Lily.

Desde que tuvo los primeros indicios de su verdadera historia, ella misma emprendió una intensa búsqueda en México y en España para conocer su verdadera identidad; para conocer quiénes eran Rafael y Marta, quienes figuraban como padres biológicos en su verdadera partida de nacimiento.

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