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Andalucía, fiel de la balanza en el PSOE

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El PSOE clausura hoy su Conferencia Política para construir un nuevo ideario

Rubalcaba y Díaz en la Conferencia Política para construir un nuevo ideario

La Conferencia Política de este fin de semana ha servido para tomar la temperatura a un PSOE que casi todos daban por acabado. Y la sorpresa ha sido descubrir que el muerto está más vivo de lo que parecía. Cierto es que algunos salen más vivos que otros. En realidad, cuanto más moribundos han entrado algunos al Palacio de Congresos de Madrid -véase Rubalcaba, febril y mocoso- más revitalizados lo han abandonado. Y viceversa. Carme Chacón hizo su entrada cortejada por un enjambre de cámaras y se despedía al final de la tarde con apenas media docena de seguidores dándole el adiós al pie del coche. Mientras, Tomás Gómez, que junto al alcalde de Toledo intentó forzar sin éxito unas primarias adelantadas, mataba el rato con escasa compañía en la cafetería del recinto.

La excepción ha sido Susana Díaz, que entró muy fuerte y ha salido aún más consagrada como figura clave del nuevo socialismo. Su papel al frente de la federación más importante del partido ha sido determinante para impedir lo que muchos creían inevitable, que toda la conferencia girara en torno a dos fechas: la de las primarias y la del entierro de Rubalcaba. Andalucía, al igual que ocurre en el debate territorial, ha actuado en Madrid como fiel de la balanza, como punto de equilibrio en un partido tensionado por el sentimiento de culpa, la frustración, el profundo desencuentro con el PSC y las legítimas ambiciones de varios dirigentes que desean tomar cuanto antes el timón de una nave de rumbo incierto.

El PSOE se ha asomado al espejo en esta conferencia con una mirada más autocrítica que nunca. Y, paradójicamente, el reconocimiento de los errores cometidos, de su evidente desencuentro con la calle, de la necesidad de un rearme ideológico, ha tenido como efecto la inyección de un chute de moral. Le he leído a mi amigo Antonio Avendaño que los socialistas, antes de pedir la confianza de la gente, necesitan ser perdonados. Yo añadiría más: necesitan, sobre todo, perdonarse a sí mismos.

El PSOE andaluz ha dado más tiempo a Rubalcaba -pero no un cheque en blanco- para acometer los cambios imprescindibles que los socialistas necesitan si quieren tener alguna opción electoral de aquí a dos años. Y, a juzgar por el encendido discurso del secretario general ayer domingo -ha sido una conferencia con mucha pasión en el atril-, parece haber entendido el mensaje. Para unos -susanistas y alfredianos, fundamentalmente- se ha impuesto el equilibrio y la calma en un partido en el que los nervios comenzaban a descontrolarse. Para otros, la líder andaluza ha convertido a Rubalcaba en una marioneta cuyos hilos se manejan desde Sevilla. Y atribuyen su decisión de darle una patada hacia adelante al calendario al simple hecho de que aún no tiene claro su apoyo a ninguno de los aspirantes en liza hasta el momento -Chacón, Patxi, Madina, García Page-.

En cualquier caso, es pronto para saber si los socialistas han acertado o no con esta estrategia. Se irá viendo en las próximas elecciones: europeas, municipales y generales. Sería muy cortoplacista juzgar los resultados de la conferencia sólo por los titulares del día siguiente. Pero otro error mayor sería ignorarlos. Y la lectura de este fin de semana es que la cosa ha salido mejor de lo que se esperaba. Rubalcaba y su equipo han salvado un match-ball por los pelos, pero aún queda mucho partido por delante.

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