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Observar desde la distancia: teledetección

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Encendemos el televisor y en la sección de “el tiempo” del telediario nos muestran imágenes del satélite Meteosat en las que se observan perfectamente las borrascas sobre Europa occidental.

Fuente: NASA (https://www.nasa.gov/topics/earth/features/arctic-seaice-2012.html)

Fuente: NASA (https://www.nasa.gov/topics/earth/features/arctic-seaice-2012.html)

En el epílogo del noticiario, una animación muestra la pérdida progresiva en los últimos años del casquete polar ártico a consecuencia del calentamiento global.

Salimos a pasear y decidimos usar una aplicación de navegación en el móvil con la que visualizamos con sumo detalle las imágenes en 3D de la catedral de Sevilla.

Fuente: Google Maps

Fuente: Google Maps

Mientras tanto, escuchamos en la radio la noticia de que se confirma la presencia de cursos de agua en Marte merced a imágenes capturadas por sensores que orbitan el planeta rojo.

Fuente: NASA (https://www.nasa.gov/press-release/nasa-confirms-evidence-that-liquid-water-flows-on-today-s-mars)

Fuente: NASA (https://www.nasa.gov/press-release/nasa-confirms-evidence-that-liquid-water-flows-on-today-s-mars)

Descansando del paseo en un velador, leemos en el periódico el rápido incremento de empresas que ofrecen servicios de agricultura de precisión para la mejora en la producción de las cosechas mediante el uso de sensores a bordo de drones o de avionetas.

La teledetección, sin casi reconocerlo, forma parte de nuestra vida cotidiana. Este pequeño relato pretende ilustrarlo con ejemplos nada alejados del mundo de la información en el que vivimos. Pero, ¿qué es la teledetección?

La distancia nos da perspectiva. La observación a distancia es teledetección, o remote sensing en inglés. Este tecnicismo se usa para describir la adquisición a distancia de información sobre objetos en función de su radiación electromagnética. Para ello, usamos sensores que pueden tener las mismas características que tienen nuestros ojos o que las cámaras fotográficas convencionales, es decir, capturar información en el rango espectral del visible, o bien sensores sensibles a radiaciones en otras longitudes de onda (infrarrojo cercano, térmico, radar, lidar…).

La observación aérea comenzó a finales del siglo XIX y desde los primeros daguerrotipos en globo hasta las constelaciones actuales de satélites de Observación de la Tierra, la tecnología no ha dejado de mejorar las prestaciones de los sensores embarcados a bordo de tales plataformas.

Así, Meteosat-9 por ejemplo, nos envía una imagen capturada por su sensor SEVIRI cada 15 minutos desde 35800 km de distancia. El detalle mínimo o resolución espacial que se puede identificar en esas imágenes visibles es de 1 km y 3 km en las infrarrojas. Las borrascas y los frentes suelen extenderse decenas y hasta centenares de kilómetros. Puede decirse que nuestras condiciones meteorológicas están permanentemente vigiladas gracias a la alta frecuencia de adquisición de imágenes.

Pero ¿y si necesitamos mayor detalle espacial? En esta carrera tecnológica no solo las agencias nacionales e internacionales han contribuido, también las corporaciones y compañías privadas. La misión estadounidense Landsat, la más larga de Observación de la Tierra, ha proporcionado imágenes cada 18 días desde 1972, y cada 16 días desde 1984, capturadas por sus sensores MSS, TM, ETM+ y OLI a bordo de sus 7 satélites capaces de distinguir elementos desde 15 a 60 m orbitando a una altura de 700 km sobre la superficie de la Tierra. Multitud de hallazgos científicos han basado sus datos en los obtenidos a través de las imágenes de estos sensores, únicos proveedores de esta información sinóptica. Entre ellos por ejemplo pudo evidenciarse el ritmo frenético de deforestación de la Amazonía.

En Europa, la agencia encargada de la teledetección espacial es la ESA ( European Space Agency) que está realizando un gran esfuerzo poniendo en órbita la serie de satélites Sentinel.

Por otro lado, desde principios de este siglo, empresas como DigitalGlobe, con los satélites Ikonos y Quickbird, o la Satellite Imaging Corporation, con los satélites WorldView o Geoeye, están proporcionando imágenes a la carta de cualquier parte del planeta con resoluciones espaciales por debajo del metro, de gran utilidad en aplicaciones agrícolas, catastrales o forestales.

A pesar de que tener imágenes detalladas y con muy alta frecuencia es muy importante para cualquier aplicación, no debemos pasar por alto otra de las grandes ventajas de la teledetección: la captura de información en diferentes regiones del espectro. Estos sensores pueden capturar imágenes en el visible, es decir, el equivalente de lo que captan nuestros ojos. Pero como hemos visto, los sensores pueden además "ver" en otras regiones del espectro, como en la región del infrarrojo cercano donde las plantas tienen una respuesta única e inconfundible; o en la región de las microondas, como es el caso de los sensores de radar, que pueden atravesar las nubes.

Además, los radares de apertura sintética pueden obtener con extremo detalle la topografía de la superficie terrestre, o cartografiar los movimientos sísmicos, entre muchas otras aplicaciones.

En definitiva, la teledetección es una disciplina científica con un amplio y muy variado abanico de aplicaciones desde la escala planetaria a la más local. En España, desde hace ya décadas, tenemos la suerte de contar con un muy nutrido y experimentado grupo de investigadores, técnicos, empresarios, emprendedores y gestores que emplean esta disciplina en su día a día. De las observaciones de estos satélites depende nuestra interpretación de los fenómenos planetarios.

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