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Carlos Elordi

Carlos Elordi es periodista. Trabajó en los semanarios Triunfo, La Calle y fue director del mensual Mayo. Fue corresponsal en España de La Repubblica, colaborador de El País y de la Cadena SER. Actualmente escribe en El Periódico de Catalunya.

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El PP está mucho más perdido de lo que nos dicen

Por mucho que insistan algunos sondeos, no es para nada seguro que Rajoy y el PP no vayan a sufrir un nuevo revolcón electoral. Su despliegue propagandístico es espectacular, su influencia en los grandes medios tan grande como siempre, o más, pero sus debilidades políticas se agudizan cada día que pasa. Cuando parecía que se iban a comer el mundo, han hecho el ridículo prohibiendo la estelada. Sus amigos de Bruselas les han evitado el bochorno de multarles en plena campaña electoral por incumplir los requisitos de déficit. Pero pocas horas después ha sido nada menos que José María Aznar quien les ha advertido, él sabrá por qué, que la falta de rigor fiscal del Gobierno puede llevar al desastre a la economía española. Y la crónica de la corrupción se enriquece cada día con nuevos capítulos clamorosos. Es muy difícil que un partido mejore sus resultados con esas cosas, y unas cuantas más, a su espalda. Aunque algunos millones de ciudadanos estén dispuestos a mirar hacia otro lado.

En la noche del 20 de diciembre del año pasado, hasta los más escépticos tuvieron que aceptar que quienes decían que el PP se iba a llevar un batacazo formidable no confundían sus deseos con la realidad. Que la idea de que un voto oculto conservador al final le sacaría las castañas del fuego carecía absolutamente de fundamento. Que ese día el PP obtuvo todos los votos que podía. Que no tenía nada más en donde rascar. Pero ahora, o en el último mes como mucho, los sociólogos de la corte se han sacado de la manga que el electorado de Mariano Rajoy está creciendo, que la posibilidad de la suma de escaños del PP y Ciudadanos puede darle la mayoría. ¿De dónde se han sacado esa teoría?

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¿Y si Europa no frenara el cambio?

La derecha y los socialistas afirman una y otra vez que el programa económico y social de Podemos e Izquierda  Unida es una utopía irrealizable porque la UE rechazará cualquier aumento del gasto social. Y se solazan recordando lo que le ocurrió a la Grecia de Syriza cuando intentó algo parecido, sin tener en cuenta las enormes diferencias que hay entre los dos países. Pero ese planteamiento está empezando a quedarse  cojo a la luz de cómo están evolucionando las cosas en Europa. En su horizonte empieza a perfilarse cada vez con más claridad que la política de austeridad que Alemania ha impuesto sin piedad a toda la Unión podría tener los meses contados. Ningún experto se atreve a pronosticar en qué quedará –un giro de 180 grados es impensable- pero unos cuantos sí a asegurar que en un plazo relativamente corto de tiempo los perfiles de esa política serán modificados.

En cierta medida, muy tímida en lo sustancial, eso ya ha empezado a ocurrir. Desde hace algunas semanas el presidente del BCE y el gobierno alemán libran un enfrentamiento abierto, y muy duro, por la decisión de Mario Draghi de abrir el grifo de la financiación y colocar el interés básico del euro en el cero. La pelea, que no ha acabado, expresa una disidencia que va mucho más allá de las disquisiciones en materia de política monetaria, siendo éstas un asunto no precisamente despreciable. Porque lo que está haciendo Draghi es contestar la omnipotencia de Berlín y no parece dispuesto a ceder en ese empeño. Hace un año nadie habría dicho que eso podía ocurrir.

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Pacto Podemos-IU: ¿y si un día se sumara el PSOE?

Un gobierno de izquierdas con mayoría parlamentaria es hoy por hoy una ilusión que pocos creen que pueda convertirse en realidad. Demasiados obstáculos, algunos posiblemente insalvables, ciegan y van a seguir cegando esa perspectiva. Pero reflexionar sobre esa hipótesis, por muy improbable que parezca, puede ayudar no sólo a entender el estado actual de la política española, sino también a vislumbrar una salida, únicamente teórica si se quiere, al marasmo actual en que ésta se encuentra.

Todo indica que el primer paso en ese camino está a punto de darse. Que Podemos e Izquierda Unida van a concurrir juntos a las próximas elecciones y que ese entendimiento puede propiciar un buen resultado electoral al bloque resultante del mismo: más escaños que la suma de los que lograron ambos partidos el 20-D y puede que también más votos. Una nueva izquierda, hija del terremoto político que este país ha sufrido en los últimos años, entraría así en el nuevo Parlamento con una fuerza que, más allá del signo del futuro Gobierno, condicionaría su andadura e influiría en sus decisiones. Pongamos que obtenga 85 escaños. Serían demasiados como para que los demás partidos pudieran marginarla aunque se coaligaran para intentarlo.

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El PSOE empieza mal su campaña

La renuncia de Carmen Chacón e Irene Lozano a figurar en las listas socialistas para el 26J es un mal indicio sobre el estado de ánimo en el interior del PSOE. Probablemente el motivo que podría explicar esas decisiones sería el temor de una y otra a perder posiciones en el escalafón electoral e incluso a que se les asignara un puesto de los que no salen. Pero aún visto así, tales renuncias son demasiado sonoras como para no trascender del terreno de los intereses personales. Y no sólo sugieren que el liderazgo de Pedro Sánchez atraviesa un mal momento, sino también que el pesimismo sobre las posibilidades futuras del partido puede estar instalándose en las filas socialistas.

Lo cierto es que el PSOE tiene por delante una campaña no precisamente fácil. Porque su actuación política en los últimos tiempos ha sido confusa, si no errática, y ese antecedente hace muy difícil elaborar un mensaje claro con el que pedir el voto a la ciudadanía. Lo peor de las intentonas que Pedro Sánchez ha hecho en estos meses pasados por hacerse con la presidencia del gobierno no es que hayan fracasado, lo cual ya es un tanto bastante negativo por sí mismo, sino que han generado la sensación de que la dirección del PSOE no tenía una idea muy clara de lo que pretendía.

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Podemos y la prensa

Pablo Iglesias ha reconocido que fue un error personalizar sus críticas a la actitud de algunos medios de comunicación hacia su partido. Acierta. Es, en efecto, un error dialéctico. Porque las relaciones entre la política y la prensa son demasiado complicadas como para que una anécdota sirva fácilmente para llegar a una categoría. Lo que no está del todo claro es si es también un error de cálculo político. La mayoría de las personas que le escucharon en la facultad de Filosofía aplaudió que expresara lo que los seguidores de Podemos sienten desde hace tiempo: que buena parte de los medios trata muy mal a su partido. Las posteriores reacciones en la red confirman la amplitud de ese sentimiento. Puesto en una balanza, ¿pesa más ese efecto positivo para los fines de Podemos que la dura reprimenda que Iglesias ha recibido en los medios? Puede que sí o puede que no. Pero habrá que verlo sobre la marcha.

En todo caso, el episodio es bastante inédito. (Al menos en España, que en otras partes algunos políticos a veces rompen el protocolo y se atreven a decir públicamente que no están dispuestos a seguir sometidos al batuqueo impenitente de la prensa: François Mitterrand fue el ejemplo más conspicuo de esa actitud). Y confirma que Podemos sigue teniendo una clara vocación de hacer las cosas de manera distinta a la habitual. Y ya se sabe que los innovadores corren riesgos. Sobre todo si actúan en el mundo del poder, o de los poderes.

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El impacto político de los escándalos

Los escándalos vuelven a estar en el centro de la vida pública española y han dejado muy apartada del mismo a la inquietud por la crisis política que sufre este país. La gente, toda suerte de gente, no habla de otra cosa y la indignación que las noticias producen marcan otra vez el tono de la opinión pública. Se han equivocado quienes creían que se había apagado la agitación ciudadana que en los años pasados produjo la corrupción. Ese sentimiento es de nuevo el factor dominante en el escenario político, al menos en estos momentos. Eso va a tener consecuencias que pueden modificar significativamente las perspectivas políticas. Las elecciones que parecen inevitables pueden deparar grandes sorpresas.

Para empezar, en el voto a la derecha. Porque también los electores del PP pagan impuestos y más de uno puede alejarse de ese partido tras comprobar cómo su élite y sus amigos defraudan a Hacienda y encima se benefician de una amnistía fiscal. Para colmo, han aparecido nuevos casos de corrupción pura y dura y se ha vuelto a instalar la sensación de que habrá más.

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Primero elecciones, luego 'gran coalición'

Salvo un cambio radical del escenario poco o nada probable, y en todo caso imposible de prever, habrá nuevas elecciones el 26 de junio. Los expertos de todos los colores son unánimes al respecto y el optimismo en sentido contrario que manifiestan algunos líderes sólo se explica en clave electoralista. Y se inscribe en el mismo tipo de retórica que las declaraciones de que van a ganar las elecciones que casi todos ellos hacen durante las campañas, aun sabiendo que los sondeos niegan tajantemente esa posibilidad. Conviene pues pensar ya en lo que puede ocurrir a partir del 27 de junio.

Más allá de que no haya que dar por sentado que, mucho que los sondeos digan que el panorama electoral que surgirá de los nuevos comicios se parecerá mucho al que se conoció la noche del 20-D, tal y como dicen los sondeos que se conocen, cabe pensar que la dinámica política que generará la repetición de las elecciones creará una situación nueva y muy distinta de la que se ha vivido en los tres últimos meses. En el contexto general y en el interior de los distintos partidos.

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Pedro Sánchez no va a sacar ventaja de los problemas de Podemos

Podemos tiene problemas internos. Y parecen serios. Pero Pedro Sánchez se equivoca si cree que va a obtener la investidura presidencial a base de ahondar en los mismos. Porque la presión externa obligará a Podemos a cerrar filas, aunque sea provisionalmente. Y porque los modos burdos con los que el PSOE está ejerciendo esa presión no pueden si no generar reacciones de rechazo, que dificultarán aún más la posibilidad de un entendimiento. El pacto de izquierdas sigue estando muy lejos y sólo un cambio sustancial de las relaciones entre el partido de Sánchez y el de Iglesias puede reducir esa distancia.

No de extrañar que en Podemos haya diferentes posiciones sobre qué hacer en la escena política general en estos momentos. Que unos crean que han de permitir que el PSOE gobierne a cambio de algo y que otros opinen que no se puede apoyar a los socialistas mientras éstos no cedan en las cuestiones que Podemos considera fundamentales. Ese mismo debate se está produciendo en todos los ámbitos de la población que de una u otra manera está comprometida políticamente en la izquierda. Y sin aceptar la manipulación evidente de los datos que está haciendo buena parte de los medios, es evidente que la crisis de la dirección madrileña y el cese el secretario de organización algo tienen que ver con eso.

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El rey ya no es tan majo

La revelación de las conversaciones del jefe del Estado y su esposa con un personaje imputado por diversos delitos, y sospechoso de haber participado en otros, es un hecho relevante, no una mera anécdota. Por lo que uno y otros dicen en ellas. Pero, sobre todo, porque vuelve a plantear el problema de la solvencia moral de la casa real española, requisito fundamental para que ésta pueda ocupar el máximo cargo institucional que existe en este país. El apoyo de los monarcas a un presunto delincuente y la cruda descalificación por parte de la reina de quienes han denunciado su delito no son, ni mucho menos, tan graves como los comportamientos que llevaron a la abdicación de Juan Carlos I. Pero reabren una puerta que algunos creyeron que estaba ya cerrada.

De las palabras de doña Letizia se desprende la sensación muy clara de que para ella el uso de la tarjeta 'black' de Bankia no es un comportamiento reprobable. Su esposo no abunda en ese terreno, pero la solidaridad sin tapujos que expresa al inculpado hace sospechar que su posición al respecto no es muy distinta de la de su esposa. Y aunque las sospechas sin pruebas no llevan a parte alguna en los órganos de la justicia, sí que pueden reducir seriamente la confianza de los ciudadanos en quienes ocupan la jefatura del Estado. Esa es una cuestión que ningún tribunal puede dilucidar. Pero es fundamental.

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¿Por qué es un desastre volver a votar?

No hay motivos para temer a una solución prevista en la Constitución española y en la de todos los países democráticos, si dados todos los pasos preceptivos no se consigue una mayoría suficiente para formar Gobierno, se convocan otras elecciones y ya está. Cosa bien distinta es que el análisis de las dinámicas políticas en curso lleve a la conclusión de que esos nuevos comicios repetirán la situación de partida. Esa es la perspectiva realmente inquietante. Porque equivale a confirmar que la relación de fuerzas posible en estos momentos no es capaz de asumir y de reflejar operativamente el profundo cambio político que en los últimos años se ha producido en la sociedad española. Y lo peor es que no existen indicios de que eso vaya a ocurrir en el horizonte temporal previsible.

El dato central de la realidad política española, lo es hoy y lo será tras las futuras elecciones, es el formidable declive de los dos partidos que no solo han dominado el sistema durante más de tres décadas, sino que han ido conformándolo en función de sus intereses partidarios. En conjunto, el PP y el PSOE han perdido más del 40% de la fuerza política que tenían a comienzos de esta década. Ninguno de los dos ha proporcionado hasta el momento el mínimo indicio de que saben que eso ha ocurrido. Por el contrario, toda su retórica política lo ignora absolutamente. Seguramente porque el golpe ha sido demasiado fuerte y aún no están preparados, ni política ni psicológicamente, para entonar un nuevo discurso, para asumir la nueva realidad.

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  • Mirada al mundo

    La crisis puede provocar la inestabilidad política del sistema

    #8 La explicación que yo doy al interés por España de los diarios que Vd. cita -y que no viene de las últimas semanas, sino de más atrás- es que España es el punto débil por donde puede romperse todo el entramado del euro y, si eso ocurriera, por donde podría empezar a producirse, lo dicen los expertos, un cataclismo similar al de Lehman Brothers. En definitiva, que es el sitio al que hay que mirar y, de hecho, al que miran no sólo esos periódicos, sino to el mundo económico y financiero. Si hubiera otros motivos menos claros, yo los desconozco y tampoco se me ocurren. Carlos Elordi

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