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Carlos Elordi

Carlos Elordi es periodista. Trabajó en los semanarios Triunfo, La Calle y fue director del mensual Mayo. Fue corresponsal en España de La Repubblica, colaborador de El País y de la Cadena SER. Actualmente escribe en El Periódico de Catalunya.

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Italia, un nuevo fracaso de la casta

El resultado del referendo italiano puede ser el principio del fin del euro. Ese el fantasma que sobrevuela sobre todos los análisis fiables que se han hecho desde la noche del domingo. Porque, aunque nadie tiene muy claro cómo van a trascurrir los acontecimientos, antes o después en Italia habrá elecciones y de ellas surgirá un gobierno en el que mandarán los partidarios de que la tercera economía europea abandone la moneda única. Siendo ese el punto fuerte del asunto, la victoria del "no" suscita otra cuestión no menos importante: la de si el establishment político, financiero y mediático que controla el poder en los países occidentales no está perdiendo sin remedio la partida.

Desde hace unas semanas, y con más fuerza desde el domingo, en esos ambientes se ha instalado el consenso de que toda la culpa del desaguisado la tiene Matteo Renzi, su ambición desenfrenada de convertirse en un líder omnipotente y sus errores de cálculo. Acusaciones similares se hicieron a David Cameron cuando hace unos meses ganó el Brexit. Sin duda ambos han sido altamente responsables de lo ocurrido. Pero las dinámicas políticas y sociales que han determinado van mucho más allá de la capacidad de intervención de los dirigentes.

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El PSOE camina de la mano de Rajoy

La sorpresa ha quedado erradicada del escenario político español. Desde que hace un mes, con su abstención, el PSOE dio la presidencia del Gobierno a Mariano Rajoy todo ocurre según lo previsto. Tras aquel paso esta semana ha llegado la aprobación, por parte de los socialistas, del techo de gasto y de déficit propuestos por el gobierno. Es decir, de las cifras fundamentales del presupuesto, que el PSOE ya no tiene más remedio que apoyar. Para adornar ese pacto sustancial se han aprobado una serie de medidas de muy escasa trascendencia. Que en nada reducen la inquietud creciente en torno a cuestiones tan fundamentales como el paro, los bajos salarios y, sobre todo, el futuro de las pensiones.

Los portavoces socialistas están sacando pecho por haber conseguido que el Gobierno haya aceptado una subida del salario mínimo en un 8%. Pero no tienen motivos para ello. Primero, porque hace ya algunas semanas que el PP se había mostrado dispuesto a moverse en esa dirección. Segundo, porque esa subida no compensa la pérdida de capacidad adquisitiva que el SMI ha sufrido desde su última modificación. Tercero, porque los 707 euros que sus perceptores cobrarán a partir del 1 de enero de 2017, suponen la mitad o menos de la cantidad que está fijada en los países de nuestro entorno. Cuarto, porque los trabajadores que se verán beneficiados por la subida no son ni de lejos los cinco millones de los que alardean sus promotores. Y encima ésta se ha pactado entre dos partidos,  dejando al margen, una vez más, a los sindicatos.

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En Italia, Austria y Francia se juega el futuro de Europa

Dentro de seis meses puede empezar a concretarse lo que hasta hace muy poco se consideraba imposible: que la Unión Europea inicie su desaparición. El Brexit ha sido un primer paso en ese camino. Por sus efectos reales, que empezarán a conocerse dentro de muy poco, y por su impacto psicológico en todo el continente. Este domingo pueden producirse dos nuevos episodios de ese proceso que algunas voces muy fiables consideran imparable. Si el "no" gana en el referendo sobre la reforma constitucional italiana, las elecciones que podrían seguir a ese resultado darían la victoria a partidos que están en contra de la UE y del euro. Y la salida de Austria de la Unión es uno de los puntos principales del programa de la ultraderecha que el día 4 puede ganar las elecciones para la presidencia del país.

En ese inquietante contexto también hay que colocar la elección del muy reaccionario y liberal François Fillon en las primarias de la derecha francesa. Que según autorizadas opiniones, no han reducido, sino todo lo contrario, las posibilidades de que el antieuropeo y anti-euro Front National de Marine Le Pen gane las presidenciales galas de esta primavera. Si esto ocurriera y se sumara a las hipótesis anteriores sobre Italia y Austria, la Unión Europea podría empezar a contar los días que le quedarían de vida y, de paso, el panorama geopolítico de Europa y del mundo que su existencia ha sostenido en el último medio siglo sufriría un cambio sustancial y lleno de graves incógnitas.

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En el reino de la indecencia

Una vez más la derecha política y mediática española está tratando de que una mentira flagrante se convierta en una verdad oficial. Deprisa y corriendo se han montado una patraña en torno a la muerte, trágica sin duda, de Rita Barberá. Y cada hora que pasa avanzan más por ese camino. Ahora quieren cargarse el pacto anti-corrupción que firmaron con Ciudadanos para llevar a Rajoy a La Moncloa. Menos de un mes después de la investidura. Callándose ante todo eso o, peor, sumándose sin rechistar al minuto de silencio ordenado por el PP, el PSOE confirma su inanidad ante tales desmanes. Para lo único que han salido a la palestra es para denunciar en tonos durísimos que Unidos Podemos no secundara esa iniciativa. Como si eso fuera pecado.

"Nos van a echar la culpa a nosotros", debió de decirle alguien a Rajoy en la temprana mañana del miércoles, nada más saber del fallecimiento de la exalcaldesa. O quién sabe si él mismo lo dedujo solito. Porque sabía que muchos en su partido y en su entorno, y no digamos en Valencia, no le habían perdonado que echara a Rita del PP, que cediera por su propio interés en algo en lo que no debía haber cedido nunca, según los principios que rigen en ese mundo. Y que encima alardeara de ello durante semanas.

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¿Hasta dónde va a caer el PSOE?

El PSOE está roto, desnortado y sin que en su horizonte se atisbe un liderazgo capaz de revivirlo. Quienes hoy mandan en el partido parecen más preocupados en preparar el terreno para que Susana Díaz sea secretaria general que en atender a sus obligaciones políticas: las idas y venidas de los socialistas en el nombramiento del exministro Fernández Díaz han sido un espectáculo bochornoso de ineptitud. Por el contrario, la Comisión Gestora no ha dudado en castigar duramente a los diputados del "no" a Rajoy. ¿Por qué no a todos? El PSOE camina hacia el abismo, si es que no está dentro del mismo. Y el gran beneficiario de ese desastre no va a ser otro que el PP.

Se mire por donde se mire sólo aparecen problemas y la mayor parte de ellos insolubles. Las relaciones con el PSC están al borde de la ruptura y se romperán más bien antes que después. Porque ya es muy difícil cerrar las heridas abiertas y porque los socialistas catalanes, con sus diferencias y debilidades internas, tienen ya muy clara una opción política que los pesos fuertes del PSOE, los que vienen del sur, nunca van a aceptar. En los pasillos de Ferraz se da ya por perdido al PSC, aunque nadie echa las cuentas de lo grave que eso va a ser para el conjunto del proyecto socialista.

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El problema no es Trump, es Europa

En privado más de uno de los asistentes a la reunión de ministros exteriores de la UE de este domingo ha dicho: "Estamos en una crisis existencial". Lo recogen algunos medios de nuestro continente. Por culpa de Donald Trump. Porque su proteccionismo amenaza con provocar un frenazo del comercio mundial, porque su buena disposición hacia Vladimir Putin puede dejar compuesta y sin novio a la política exterior europea hacia Rusia y porque una nueva política económica norteamericana puede obligar a Europa a cambiar de rumbo y alejarse de la austeridad. Todo eso, y más, es posible. Pero que unas elecciones en Estados Unidos puedan provocar a una crisis existencial indica que el proyecto europeo es ya demasiado débil como para resistir mucho tiempo más tal y como está. Con Trump o sin él.

Esta semana los mercados ya han empezado a apuntarse a los cambios que vienen. Los inversores se han lanzado a vender títulos de deuda pública porque creen que dentro de no mucho habrá un nuevo escenario financiero mundial generado por una política norteamericana más expansionista, marcada, entre otras cosas, por formidables gastos en infraestructura, reducciones de impuestos, subida de tipos de interés y menos controles a los movimientos de la banca. Rusia, por su parte, acaba de ordenar la reanudación de los bombardeos sobre territorio sirio, probablemente porque cree que eso no va a hacer mucho daño a la perspectiva de unas mejores relaciones con los Estados Unidos también en lo que a Oriente Medio se refiere.

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Tiempos difíciles para la izquierda

¿Y si Donald Trump fuera el revulsivo que sacudiera a un mundo que sigue noqueado por la crisis económica y que es incapaz de salir de ella? No se puede descartar esa hipótesis. Porque, más allá de sus barbaridades y contradicciones, el programa del nuevo presidente norteamericano tiene algunas ideas firmes. Y éstas pueden cambiar la orientación de la política económica que Estados Unidos y el mundo entero han venido aplicando desde hace 8 años. La austeridad y la obsesión por la deuda podrían ser arrumbadas y la globalización sin freno seriamente replanteada. Habrá que esperar para ver cómo y cuánto. Pero si algo de eso ocurre, y es muy probable que así sea, habrá que reconocer que un reaccionario xenófobo habrá sido capaz de hacer lo que la izquierda occidental lleva años demandando sin éxito alguno.

Hay algo muy obvio: Trump ha ganado porque ha conectado con decenas de millones de norteamericanos que la crisis ha hundido en la miseria o privado de toda esperanza de mejorar en la vida. Nada indica que vaya a traicionar su confianza, al menos en lo sustancial. No tendría sentido. No ha entrado en política para enriquecerse, ni para atender a los intereses de tramas ocultas, sino, aparte de para satisfacer su ego con el ejercicio del poder, para hacer cosas que él cree que hay que hacer. Buena parte de esas cosas no son invento suyo: algunas las dice la ultraderecha estadounidense desde hace años; en otras vienen insistiendo economistas de muy diverso pelaje, algunos incluso muy progres, también desde hace tiempo.

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Trump, un ejemplo y un acicate para el fascismo mundial

Los medios de comunicación vinculados al establishment, en Europa y en todas partes, llevan meses en campaña contra Donald Trump. La prensa francesa cercana a la oligarquía y a la derecha, y la alemana y británica, se emplean con mucho más ardor contra el candidato norteamericano del nuevo fascismo que contra sus correligionarios locales, la señora Le Pen, los instigadores xenófobos del Bréxit o la Allianz fur Deutschland. Más allá de algún papanatismo, tanta pasión por algo que pasa en un país que no es el suyo, sólo indica una cosa: que Estados Unidos sigue siendo el centro del mundo, que lo que allí ocurre determina, como ha venido haciéndolo desde hace décadas, el devenir del resto del planeta.

Se habla, sobre todo lo dice Trump, de la decadencia de Norteamérica en el mundo. No es un puro invento para movilizar a las decenas de millones de estadounidenses descontentos con su suerte, una nueva versión de los mensajes de Hitler y de todos los fascismos que en el mundo han sido, incluidos los de nuestros días. Estados Unidos ha perdido parte de su capacidad de decisión en los asuntos mundiales, en buena medida por los errores que han cometido sus dirigentes. Su economía tiene que hacer frente, no siempre con éxito, a poderosos rivales comerciales. El mensaje imperial de la época de Bush ha sido arrumbado porque ya no tiene eco.

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Rajoy ha humillado a los de la abstención

La composición del nuevo Gobierno del PP sugiere dos cosas bastante claras. Una es que Rajoy debe estar muy seguro de su posición dominante en la actual relación de fuerzas políticas y que para obtener apoyos parlamentarios no necesita nombrar ministros que caigan bien a otros. La otra es que por encima de todo quiere tener atado a su partido para que nadie dentro del mismo crea que puede pensar y actuar por su cuenta. El cruce de ambos elementos deja en el aire algunas incógnitas respecto a las decisiones políticas que el Ejecutivo adoptará en los asuntos cruciales. Y también una evidencia: que con su abstención el PSOE ha dado todo el poder a Rajoy sin obtener la mínima esperanza de sacar algo a cambio.

Quienes han llevado al Partido Socialista al borde de la ruptura y lo han colocado el terreno de la inanidad política para un largo tiempo se han debido quedar compuestos y sin novio, sin argumento alguno para defender su postura. No han desbloqueado la situación, como les gusta repetir, sino que se han bajado los pantalones ante alguien que no ha dudado en humillarles desde el primer momento de su nuevo mandato. Puede que alguno se haya preguntado "¿qué hemos hecho?" viendo en la tele que en el Gobierno siguen los malos de siempre: Soraya Sáenz de Santamaría, Luis de Guindos, Cristóbal Montoro o Fátima Bañez, y que además entran María Dolores de Cospedal o Juan Ignacio Zoido, una de las bestias negras del PSOE andaluz.

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La izquierda no ha perdido todavía la partida

Todo indica que la cosa pinta mal para la izquierda. Pero eso no es un descubrimiento de última hora. Desde que, a principios de año, resultó evidente que el PSOE no iba a acordar una fórmula de gobierno con Podemos, era obvio que lo único que cabía esperar era que el PP terminara haciéndose de nuevo con el poder, aunque para ello hicieran falta dos, tres o hasta cuatro elecciones. La crónica política de los últimos diez meses es el relato de cómo se ha tratado de retrasar ese resultado ineluctable. Pero una vez alcanzado, empieza un nuevo proceso. En el que no está dicho, aunque hoy parezca imposible, que la oposición al PP no pueda recuperar la iniciativa.

Tres son las incógnitas de las que depende el devenir político a medio plazo. La primera y hoy por hoy la más decisiva, está en saber en qué va a terminar la formidable crisis en la que está sumido el Partido Socialista. La segunda está en ver si Unidos Podemos es capaz de superar los muchos problemas que hoy lo limitan y se convierte en una opción real de poder. Y la tercera está en el PP, que por mucho mando que hoy parezca ejercer en el tablero, tiene por delante retos que puede perfectamente no superar.

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  • Mirada al mundo

    La crisis puede provocar la inestabilidad política del sistema

    #8 La explicación que yo doy al interés por España de los diarios que Vd. cita -y que no viene de las últimas semanas, sino de más atrás- es que España es el punto débil por donde puede romperse todo el entramado del euro y, si eso ocurriera, por donde podría empezar a producirse, lo dicen los expertos, un cataclismo similar al de Lehman Brothers. En definitiva, que es el sitio al que hay que mirar y, de hecho, al que miran no sólo esos periódicos, sino to el mundo económico y financiero. Si hubiera otros motivos menos claros, yo los desconozco y tampoco se me ocurren. Carlos Elordi