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Javier Gallego

Javier Gallego Crudo. Periodista y músico. Director de Carne Cruda 2.0 en . Antes dio con sus huesos en Radio 3. En la Cadena SER y M80 ha copresentado De nueve a nueve y media y No somos nadie, respectivamente. Ha sido conductor de Esta mañana con Pepa Bueno en TVE y guionista de CQC en La Sexta. Aún le queda tiempo para dedicarse a la música, actualmente en el grupo Forastero. Ha publicado relatos en dos libros y cuatro discos con diferentes formaciones. Dedica pues poco tiempo a respirar pero lo hace con muchas ganas.

No hagas al prójimo lo que no quieres que hagan contigo

Cuando un ciudadano se salta la ley, lo paga. Cuando el Gobierno se salta la valla de la legalidad, es la ley la que lo paga. Decía Ignacio Escolar que, cuando al PP le va mal en un juicio, cambia al juez primero y al jefe de policía que les investiga después, como ha hecho en la Gürtel. Pues bien, de la misma manera, cuando al PP le va mal una ley, primero la infringe y después la cambia para legalizar su ilegalidad. No le van bien los negros que saltan la valla, así que primero los expulsa ilegalmente cuando acaban de entrar y ahora nos han colado por el butrón de la ley mordaza la legalización de las expulsiones 'en caliente'. En la misma norma que nos restringe libertades a todos, la única libertad se la han tomado ellos. Han inventado nuevos delitos para nosotros, pero han convertido sus delitos en legales.

No respetan la opinión pública, pero tampoco los organismos internacionales a los que pertenecemos. Han hecho lo contrario de lo que dice y hace Europa. Cuando la Unión Europea ha visto que sus fondos de desarrollo se han utilizado para construir un obsceno campo de golf junto a la valla de Melilla, la indignación social le ha obligado a prometer que revisará el uso de esas ayudas a partir de ahora. Cuando el Gobierno español ha sido amonestado por el maltrato a personas en la frontera, ha decidido aplastar la leyes nacionales e internacionales con la apisonadora de su mayoría parlamentaria. Si no te gustan mis principios, cambia los tuyos. No me importa lo que diga la Justicia porque “la Justicia soy yo”.

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El Gran Hermano te vigila

Al principio no te das cuenta. No le das mucha importancia. Pero un día notas que te siguen. Allá donde vas en internet, te reciben como si supieran a qué has venido. Como si te conocieran. De hecho, te conocen. Conocen tus gustos. Buscas en YouTube y te ofrecen “recomendaciones personalizadas” muy parecidas a tus búsquedas habituales. Navegas y te asaltan ofertas de viaje a destinos similares a tus últimos trayectos. Los anuncios de las páginas que visitas coinciden con los intereses que has mostrado antes en la red. Vas dejando un rastro por donde pasas y los buitres de la publicidad programada te persiguen como a la carroña. Eres presa fácil.

Pero yo no quiero que me deis más de lo mismo. No quiero ver cosas que ya conozco. Ni comprar lo que un algoritmo cree que tengo que comprar. No podéis reducirme a una fórmula matemática. No siempre al menos. Quiero sorprenderme, conocer algo diferente a lo que ya sé. Así que dejad de condenarme a ser siempre el mismo. Dejad de limitar mi realidad hasta hacerla repetitiva, anodina y previsible. Dejad de recortarme como si fuera un patrón. No quiero perderme lo que hay fuera del marco de la pantalla. No soy un avatar, ni un perfil de Facebook, ni soy solo lo que dice mi cuenta de Google Plus. ¡No soy quien creéis que soy!, gritas. Pero la pantalla te responde en silencio.

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El desprecio

Desde que se levanta hasta que se acuesta no pisa la calle. No pisa las calles que pisa usted. Cuando sale, el coche oficial le espera al borde de las escaleras y le deja en el garaje de la sede, donde un ascensor le lleva directamente hasta su despacho. Después vuelve a bajar por la misma ruta para asistir a las citas del día a las que siempre entra por algún garaje o puerta de atrás. El chófer tiene cuidado de dejarle al borde de la puerta o de las escaleras. Nunca pisa la calle. Nunca pisa las calles que pisa usted.

Tampoco las mira apenas. Los cristales tintados le protegen no solo de las miradas reprobatorias, curiosas o asqueadas de la gente, también le aíslan del exterior como un telón grueso. Aunque son traslúcidos desde dentro, la luz es tan oscura a través de la ventanilla, se ven las calles tan apagadas, tristes, en un perenne día de invierno, que ha terminado por no mirarlas. Le deprimen. No ve, por ejemplo, a la mujer que sale de la tienda de campaña instalada bajo el acceso de la autopista. Ni los carteles en los escaparates de algunos comercios y bares en los que se anuncia que el local 'SE VENDE'.

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Maniobras orquestales en la oscuridad

A punto de aprobar la Ley de transparencia este miércoles, el Gobierno se ha dedicado a realizar maniobras orquestales en la oscuridad para desviar el curso de la Justicia con la intención de evitar que la basura siga salpicando al PP y a la familia del rey. Desde hace días maquina en la sombra para intentar apartar al juez Ruz de la Audiencia Nacional, donde investiga la financiación ilegal de Génova con dinero de la Gürtel, y mientras mueve los hilos con los que dirige a la marioneta de fiscal del caso Urdangarin, que ayer presentó una acusación en la que le carga todo el muerto al cuñado del rey y exculpa a la infanta. La idea de transparencia de nuestra oligarquía consiste en hacerse invisible ante los ojos de la ley.

Vayamos caso a caso, señoría. En la causa del PP contra el juez Ruz, de todos es sabido que los populares piensan que el magistrado les tiene ganas y va a por ellos. Acostumbrados a manejar a la magistratura a su antojo y a quitarse de en medio a los jueces entrometidos, no pueden admitir que Ruz esté simple y llanamente haciendo su trabajo. En realidad son ellos los que se la tienen jurada a él. No le perdonan que les mandase a la policía a buscar pruebas a su sede con el consiguiente escarnio público, después de que se le agotase la paciencia de esperar a que el PP le enviase algo más que los ordenadores de Bárcenas con los discos duros destruidos. Solo les faltó enviarle también una cabeza de caballo.

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El retrato de Rajoy Brey

Veinte años ha tardado Antonio López en terminar un retrato de la Familia Real que parece de hace treinta años. Vamos, que cuando empezó a pintarlo ya estaba pasado de moda una década. Pero además ahora no solo parece obsoleto por el paso del tiempo, sino irreal por el paso de los acontecimientos. Da una imagen de esa familia que no se corresponde con lo que son. No solo porque todos están lógicamente más viejos y ahora el antiguo rey parece un cuadro abstracto, sino porque ya no los vemos como los ha retratado el pintor.

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El año de nuestras vidas

Hace unas semanas, me decía Tania Sánchez: “Este va a ser el otoño de nuestras vidas”. Estaba ella a punto de presentarse como candidata a la presidencia de Madrid, que este domingo ha ganado en las primarias de Izquierda Unida. Y yo le respondí: “No va a ser el otoño, va a ser el año de nuestras vidas”. Tenemos ante nosotros el curso político más apasionante, incierto y convulso que ha vivido nuestra democracia desde la Transición. Estamos ante una segunda Transición, una primera ruptura o vaya usted a saber qué. Pero lo que está claro es que tenemos la posibilidad única de refundar el país sobre bases más sólidas, solidarias, transparentes y modernas. Si no es ahora, quizá ya no sea hasta la próxima crisis. Habremos perdido una oportunidad inmejorable.

Y todos los partidos lo saben. Y todos se han colocado ya en la posición de salida. El paso al frente que dio Podemos ha obligado al resto a recolocarse, a bailar claqué a la mayoría para no caerse y a dar un paso atrás a los más viejos para dejar que les adelanten las nuevas generaciones. El antiguo rey dejó el trono al nuevo, Rubalcaba dejó su sitio a Sánchez, Cayo Lara ha dejado vía libre para que Alberto Garzón se presente, Ada Colau se decidió a encabezar una candidatura en Barcelona y la victoria de Tania Sánchez en la izquierda madrileña es un remate simbólico a este cambio generalizado de piezas en el tablero que Podemos puso patas arriba. Dicen que el partido de Pablo Iglesias puede acabar con la izquierda pero por ahora la está obligando a resucitar de su letargo. No estaban muertos, que estaban tomando cañas.

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Rajoy, eres el siguiente

Ana Mato ha parado la bala que va para Rajoy. Y van tres tiros en la nuca del presidente para salvar su cuello. Primero elimina a Bárcenas, después a Gallardón y ahora mata a Mato, que no ha caído ni por traer el ébola ni por los recortes y repagos sanitarios ni por eliminar la Sanidad universal ni por abandonar a los dependientes, a las maltratadas o a los enfermos de hepatitis C, ni por huir de los periodistas como de una epidemia ni por las bochornosas ruedas de prensa ni por ser la peor ministra del ramo en toda la democracia, sino por beneficiarse de la Gürtel, o sea, por lo mismo que ha hecho su partido.

El auto del juez Ruz, que ayer cerró seis años de investigación, dice que también el PP se lucró de la trama corrupta. Cae ella por el pecado de todos, y amén. Pero la bala va hacia Rajoy como jefe de Génova. Por el momento, la ha detenido usando a su ministra de escudo humano. Valiente presidente.

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Y todo esto lo hicimos nosotros

Conviven a un tiempo dos procesos contrarios en este país. Está la sensación pertinaz de que nada se mueve en la política española, de que insisten en seguir en sus trece los catorce de siempre, de que son sordos al clamor, insensibles al calor y tozudos en su verbena, de que seguimos siendo la España carpetovetónica, casposa, farandulera y cautiva. Y luego le das vuelta a la cabeza y se te viene encima un ciclón de viento fresco que le está cambiando la cara al paisaje, arranca la hojarasca, se lleva la mugre, reverdece las ramas y nos deja el cuerpo como nuevo. Entre la España que muere y la que bosteza, que decía Machado, estamos viendo mejorías que no hubiéramos creído.

En las peores circunstancias, está saliendo lo mejor de muchos. La última ha sido la de Carmen, la anciana de 85 años desahuciada por avalar con su casa un préstamo de su hijo con un particular, y rescatada por la plantilla del Rayo Vallecano, que ha decidido pagar su alquiler hasta que le den una vivienda social. Y mientras, las administraciones, a por uvas y la policía ejecutando la sentencia aunque sea su misma abuela la desahuciada. Ahí tenemos otro tremendo fracaso de las instituciones a las que una parte de la sociedad ha vuelto a dar una lección de civismo y humanidad.

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Los viajes de la casta 

Así que el resultado del escándalo de los viajes de Monago a cuenta del Senado no es que a partir de ahora los senadores y diputados se paguen sus desplazamientos con la caja del partido, no. Tampoco que Monago dimita ni que devuelva lo que gastó en sus vuelos privados. Ni siquiera que los parlamentarios nos cuenten qué viajes son esos que pagan con el dinero de todos. Nada de eso. PSOE y PP han llegado a un acuerdo por el cual harán pública la cantidad que el Parlamento gasta en viajes de diputados pero sin especificar quiénes ni adónde. Y de paso han aprovechado para incluir como gasto del Congreso viajes para actos del partido, un privilegio que antes no estaba escrito. Así que el resultado no es más transparencia y menos gasto, sino una simulación de transparencia y más dinero de todos para gastar. La regeneración de la democracia era esto. 

Además nos la quieren colar: nos dicen que ahora habrá más control sobre los viajes pero que serán los grupos parlamentarios los que autoricen a sus diputados. Es como darle a un ladrón la llave de la puerta de casa y pedirle que no te robe (y perdonen la comparación, tanta corrupción hace que no pueda pensar en otra cosa). También sostienen los firmantes que se debe preservar la intimidad de sus señorías. ¡Ni que fueran a irse con sus queridos o queridas! Son empleados públicos, lo que hacen debe saberse. Nos pertenece porque lo pagamos. Pero no lo sabremos en el futuro ni habrá investigación sobre cómo despilfarraban en el pasado. El pacto ha sido también un pacto de silencio. Luego se quejan de que les llamen mafia.

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Todo sigue igual

Como en la canción de Julio Iglesias, la vida sigue igual. Como en la de Conchita Velasco, no se quieren enterar. Los dos grandes partidos de este país no se quieren dar por enterados (porque no les conviene) de la profunda, radical, innegociable demanda de regeneración que la ciudadanía les pide con urgencia. Hacen gestos pequeños, insuficientes, de cara a la galería, artimañas para aparentar que han entendido el mensaje, pero siguen recayendo en sus viejos errores, siguen tapando y protegiendo a sus barones aunque estén salpicados por la corrupción. Siguen sin limpiar la casa a fondo. La vida sigue igual.

Son como esos niños traviesos que bajan la cabeza aparentemente arrepentidos cuando les cazas en una trastada pero que vuelven a las andadas en cuanto te das la vuelta. Incluso es peor: hay niños malcriados como el PP que acaban reprochándonos la bronca como si fueran víctimas del regaño de unos padres injustos. Véase a Monago. Le han pillado con todo el equipo gastándose dinero público para viajes privados, ha dado versiones contradictorias de los hechos, ha presentado unas pruebas que nadie ha podido ver, y todavía tiene la desfachatez de hacerse el ofendido y el atacado. Es más, como un Pujol extremeño, se ha envuelto en su bandera y ha tenido los santas narices de decir que atacarle a él es atacar a Extremadura. No sólo insulta a la inteligencia, también a sus paisanos, que nada han tenido que ver en sus asuntos.

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