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Javier Gallego

Javier Gallego Crudo. Periodista y músico. Director de Carne Cruda 2.0 en . Antes dio con sus huesos en Radio 3. En la Cadena SER y M80 ha copresentado De nueve a nueve y media y No somos nadie, respectivamente. Ha sido conductor de Esta mañana con Pepa Bueno en TVE y guionista de CQC en La Sexta. Aún le queda tiempo para dedicarse a la música, actualmente en el grupo Forastero. Ha publicado relatos en dos libros y cuatro discos con diferentes formaciones. Dedica pues poco tiempo a respirar pero lo hace con muchas ganas.

La tragedia griega 

Grecia vive una tragedia. Los dioses de Europa no quieren dejarles decidir su destino. El domingo los griegos tienen la oportunidad de votar cómo les gustaría que fuera su futuro, ya que no les han dejado decidir cómo es su presente; pero ni Merkel ni el Banco Central Europeo ni los sensibles mercados quieren permitirles escapar a la austeridad criminal que les han impuesto. Les amenazan con represalias si osan desafiarles votando a Syriza, que ha propuesto oponerse al 'austericidio' y renegociar la deuda griega. Les amenazan con las mismas represalias que ya están sufriendo. Si no quieres que te siga pegando, déjame que te siga pegando. No les dejan salida. Les han llevado al borde de un precipicio y en lugar de dejarles darse la vuelta les dicen que tienen que seguir caminando.

Dos son las amenazas de la Europa de los mercados y la de Merkel si votan a la formación de Alexis Tsipras: cortarles el grifo del crédito y sacarles del euro. Pero este chantaje tiene mucho de fanfarronada preventiva. Por varias razones. Primera, como en la propia Alemania se dice, Europa podría soportar la salida de Grecia del euro sin que haya efecto contagio. Al fin y a la cabo, la economía griega es solo el 2% del PIB europeo. Pero por otro lado, a la UE le da miedo que los mercados se alteren, los pobres, si Grecia cae, así que no les conviene agitar demasiado el avispero. No les conviene remover demasiado a Grecia para no liarnos más de lo que estamos. Si lo que quieren, además, es cobrar la deuda griega, empobrecerles más aún es justo lo contrario de lo que deben hacer. Merkel va de farol, ha llegado la hora de que alguien le plante cara.

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La vida tenía un precio (y, si no puedes pagarlo, estás muerto)

Esta crisis ha confirmado que nuestra vida no vale nada para los de arriba, si bien le ponen precio para hacer negocio. Esta estafa nos ha enseñado cómo unos pocos se han hecho más multimillonarios a costa del resto. Hemos visto cómo bancos, compañías financieras y grandes empresas se enriquecían mientras nos empobrecíamos todos. Ahora, gracias a un informe de Intermón Oxfam, también nos enteramos de que los millonarios que invierten en farmacéuticas han ganado más dinero que nadie en el último año. En esta estafa, todos pillan cacho. Aunque nos lo tengan que arrancar del cuerpo.

Han pillado un buen cacho los laboratorios y sus inversores. En un solo año, el número de milmillonarios relacionados con las farmacéuticas ha crecido de 66 a 90 y su riqueza ha aumentado casi en un 50%. La razón es simple: el sector ha sido el que más ha invertido en lobbies de presión; por cierto, mucho más que lo que ha donado para la investigación sobre el ébola, según el mismo informe. Se gastan más dinero en conseguir ventajas, subvenciones y privilegios que en salvar vidas. Si gastan tanto en politiqueo es porque saben que a cambio ganan muchísimo más.

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Yo terrorista

Queríais más libertad, pues tomad dos tazas de restricción de derechos con el nuevo Código Penal del Gobierno que hoy ha iniciado su aprobación en el Congreso. Medio mundo clama en defensa de la libertad de expresión y el PP responde sacando adelante un proyecto de 2013 que penaliza la manifestación, castiga la huelga, criminaliza las nuevas formas de protesta y abre la puerta a considerar la resistencia como terrorismo, como explica Amnistía Internacional. Lo van a aprobar sin apoyo de nadie, como es su costumbre, ni conformidad de los órganos judiciales pertinentes. Por la vía de la chulería y del “aquí mando yo”, o sea, porque soy tu padre, Luke, y porque yo lo valgo. Cómo son de dialogantes estos demócratas, oye.

El atentado contra Charlie Hebdo les ha obligado a cambiar mínimamente los planes. A última hora, el PP ha sacado del nuevo Código las doce enmiendas que tenía previstas sobre terrorismo para adaptarlas a la amenaza yihadista en una ley aparte que pactará con el PSOE. Tardarán unas semanitas más en terminarlo, pero lo que quieren aprobar es una definición del “terrorismo” tan ambigua que permite llamar terrorista a algunas formas de desobediencia y resistencia a la autoridad o a la difusión de mensajes que inciten a otros al terror aunque no lo promuevan directamente. A los de Charlie se les podría acusar de haber ido provocando. Ahora eres tú el que tienes que demostrar que no era tu intención. El ciudadano es terrorista mientras no se demuestre lo contrario.

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Tú no eres Charlie

El cinismo, como la estupidez, por lo visto es ilimitado. Ahora resulta que son Charlie Hebdo hasta los que más prohíben. El atentado contra el satírico francés ha provocado que se suban al carro de la libertad los que más palos ponen entre sus ruedas. Medios de comunicación que censuran, Gobiernos que amordazan y líderes represivos se han envuelto en la bandera de la liberté con la que el resto del año se limpian el trasero. Si los humoristas asesinados levantasen la cabeza, harían una portada tan ácida que les secuestrarían el número. Como si lo viera.

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Je suis 'Charlie Hebdo'

La libertad no se regala, se conquista. Y cuesta tanto alcanzarla como protegerla. Cuesta incluso la vida. Le ha costado la vida a los humoristas y redactores de Charlie Hebdo y a dos policías que trataron de atrapar a los asesinos que ayer irrumpieron a tiros en la redacción de la revista satírica francesa. No soportan la libertad quienes viven dominados por la ignorancia y cegados por el odio. Y menos aún la libertad máxima de la risa. Recuerden cómo Umberto Eco contaba en El nombre de la rosa que los monjes la castigaban incluso con la muerte.

Nietzsche ya nos prevenía contra la seriedad del orden establecido. Al poder no le gusta la risa ni sabe reírse. ¿No se han dado cuenta de que los que mandan parecen hienas más que humanos cuando se ríen? Los fanáticos de cualquier religión, de las divinas y las humanas, temen la risa porque le hace burlas a sus dioses y a sus reyes. La risa les escuece y por eso la persiguen, la proscriben, incluso intentan darle muerte. Y más aún si es risa aguda, ácida y desafiante como la de los humoristas de las publicaciones más indomables. Porque el humor es la gozosa reafirmación de la libertad frente al grillete, de la vida frente a la muerte. Es un grito alegre frente al tétrico “viva la muerte” del fascista económico, político, patológico y religioso. Es un grito de libertad espasmódico, caótico, ingobernable.

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El año en el que acabaron todas las certezas

2014 es el año en el que han acabado todas las certezas. Todo lo que era intocable, inamovible, incuestionable en nuestro sistema, se ha empezado a desmoronar, a deshacer, a descontrolar. Si por algo será recordado políticamente este año es porque los dos pilares del edificio de la Transición, monarquía y bipartidismo, se han empezado a resquebrajar seriamente y se han visto amenazados por primera vez.

Hasta ahora el impacto de la crisis sobre el consenso del 78 había sido relativo, la herida profunda pero no mortal. El daño parecía reparable. En 2014, sin embargo, ha colapsado y ha entrado en coma. Hasta ahora la crisis había afectado a la sociedad, al Estado de bienestar, a los derechos sociales, pero la cúpula aún amortiguaba el golpe. Hasta ahora éramos los demás los que sufríamos la crisis. 2014 ha sido el año de la crisis del sistema político.

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De lo que no hablaron Rajoy y Felipe VI

Nadie espera a estas alturas que el presidente hable del país en el que vivimos la mayoría sino solo del País de las Maravillas en el que él se ha refugiado con los suyos, y la verdad es que no decepcionó esta falta de expectativas en su comparecencia navideña para hacer balance del año. Rajoy ve la realidad al otro lado del espejo, esto es, al revés de como la ven los que la sufren a este lado. Del rey, sin embargo, se esperaba el diagnóstico preciso de la situación que debería hacer el Gobierno y, a falta de nada mejor, bastó con que acentuase el papel de monarca atribulado para que la mayoría de los medios y partidos cayesen a sus pies rendidos. El reino también está al otro lado del espejo, todo del revés: el rey habla como si fuera presidente, el presidente habla como si fuera rey; y a la realidad, que le corten la cabeza.

Porque eso es lo que han hecho ambos: cortarle a la realidad la cabeza. El presidente, porque no habla más que de la realidad que le conviene. El rey, porque habló de la realidad solo lo conveniente. Dijo lo justo para que pareciese un discurso realista, pero no dejó de ser un discurso monárquico. Denunció la corrupción y la pobreza, pero reivindicó el sistema que las ha provocado. Se solidarizó con los que sufren, pero alabó los resultados de las políticas del Gobierno que causan tanto dolor. Atacó a los síntomas, pero defendió la enfermedad. Habló de la realidad, pero solo de aquella que se puede nombrar sin molestar. En resumen: parecía que se dirigía a nosotros pero, como siempre, como su padre, les estaba hablando a ellos.

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Jueces solos ante el peligro

El premio más repartido de ayer nos lo dio el juez Castro a todos los españoles al imputar a la infanta Cristina por delitos fiscales que atentan contra los intereses de toda la ciudadanía. El mayor premio se lo dio Castro a la Justicia española, a la que ha salvaguardado de los tejemanejes políticos. Contra viento y marea, contra Gobierno y monarquía, contra Horrach y Fiscalía, ha decidido lo que era de sentido común pero las manos negras trataban de evitar: que la infanta responda de su responsabilidad en el blanqueo de dinero como directiva de Nóos.

Castro acusa a la hermana del rey de ser cooperadora necesaria de su marido y le reclama 2,6 millones de euros en concepto de responsabilidad pecuniaria. Se agradece que haya corroborado que ni las mujeres son tontas ni el amor es ciego, como quiere hacer creer la defensa. Se agradece que no nos tomen por tontos.

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No hagas al prójimo lo que no quieres que hagan contigo

Cuando un ciudadano se salta la ley, lo paga. Cuando el Gobierno se salta la valla de la legalidad, es la ley la que lo paga. Decía Ignacio Escolar que, cuando al PP le va mal en un juicio, cambia al juez primero y al jefe de policía que les investiga después, como ha hecho en la Gürtel. Pues bien, de la misma manera, cuando al PP le va mal una ley, primero la infringe y después la cambia para legalizar su ilegalidad. No le van bien los negros que saltan la valla, así que primero los expulsa ilegalmente cuando acaban de entrar y ahora nos han colado por el butrón de la ley mordaza la legalización de las expulsiones 'en caliente'. En la misma norma que nos restringe libertades a todos, la única libertad se la han tomado ellos. Han inventado nuevos delitos para nosotros, pero han convertido sus delitos en legales.

No respetan la opinión pública, pero tampoco los organismos internacionales a los que pertenecemos. Han hecho lo contrario de lo que dice y hace Europa. Cuando la Unión Europea ha visto que sus fondos de desarrollo se han utilizado para construir un obsceno campo de golf junto a la valla de Melilla, la indignación social le ha obligado a prometer que revisará el uso de esas ayudas a partir de ahora. Cuando el Gobierno español ha sido amonestado por el maltrato a personas en la frontera, ha decidido aplastar la leyes nacionales e internacionales con la apisonadora de su mayoría parlamentaria. Si no te gustan mis principios, cambia los tuyos. No me importa lo que diga la Justicia porque “la Justicia soy yo”.

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El Gran Hermano te vigila

Al principio no te das cuenta. No le das mucha importancia. Pero un día notas que te siguen. Allá donde vas en internet, te reciben como si supieran a qué has venido. Como si te conocieran. De hecho, te conocen. Conocen tus gustos. Buscas en YouTube y te ofrecen “recomendaciones personalizadas” muy parecidas a tus búsquedas habituales. Navegas y te asaltan ofertas de viaje a destinos similares a tus últimos trayectos. Los anuncios de las páginas que visitas coinciden con los intereses que has mostrado antes en la red. Vas dejando un rastro por donde pasas y los buitres de la publicidad programada te persiguen como a la carroña. Eres presa fácil.

Pero yo no quiero que me deis más de lo mismo. No quiero ver cosas que ya conozco. Ni comprar lo que un algoritmo cree que tengo que comprar. No podéis reducirme a una fórmula matemática. No siempre al menos. Quiero sorprenderme, conocer algo diferente a lo que ya sé. Así que dejad de condenarme a ser siempre el mismo. Dejad de limitar mi realidad hasta hacerla repetitiva, anodina y previsible. Dejad de recortarme como si fuera un patrón. No quiero perderme lo que hay fuera del marco de la pantalla. No soy un avatar, ni un perfil de Facebook, ni soy solo lo que dice mi cuenta de Google Plus. ¡No soy quien creéis que soy!, gritas. Pero la pantalla te responde en silencio.

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