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Javier Gallego

Javier Gallego Crudo. Periodista y músico. Director de Carne Cruda en carnecruda.es y eldiario.es. Antes dio con sus huesos en Radio 3y la Cadena SER. En esta última y M80 ha copresentado De nueve a nueve y media y No somos nadie, respectivamente. Ha sido conductor de Esta mañana con Pepa Bueno en TVE y guionista de CQC en La Sexta. Aún le queda tiempo para dedicarse a la música, actualmente en el grupo Forastero. Ha publicado relatos en dos libros y cuatro discos con diferentes formaciones. Dedica pues poco tiempo a respirar pero lo hace con muchas ganas.

El entierro del bipartidismo

Tenía aire de entierro el debate sobre el estado de la nación. Entierro de familia, la familia de un lado y la del otro, el tío picado con el sobrino por no sé qué herencia, los convidados de piedra a los que casi nadie hace caso, los panegíricos de rigor tan huecos como la campana del funeral y la prima campechana, esa a la que todo le importa un pito, que se echa a jugar al Candy Crush mientras suenan las paladas de arena sobre el féretro. Los del bipartidismo sabían que esto que tienen se les acaba, que la próxima vez que se vean en otra como esta, ya no estarán tan a solas y por eso forzaban la máquina, exageraban sus muecas y se daban golpes en el pecho como diciendo aquí estoy yo. Pero lo que delataban sus ademanes, su histrionismo, sus pataletas, no era triunfo, era dolor. Si bajabas el volumen y mirabas la pantalla, parecían plañideras retorciendo la cara y haciendo gestos de más. El bipartidismo estira la pata y patalea. Que se les muere el chollo y se muerden los nudillos. Ay, señor.

Antes de ceder el corral tenían que escenificar su última pelea de gallitos. PSOE y PP se atizaron de lo lindo, como los del garrote del cuadro de Goya, con la mano abierta, pim pam bofetada, pim pam bofetón, porque empieza la campaña electoral y ambos oyen el tic tac, tic tac, de la calle que indica que se les acaba el tiempo. La verdad es que Sánchez le puso más energía y aplomo de lo que acostumbra porque tiene que reivindicarse y consiguió sacarnos de la siesta en la que nos había sumido Rajoy y sacar al presidente de sus casillas de gallego impasible. No hay mayor síntoma de debilidad que exagerar tus fuerzas. El exceso delata la carencia. Rajoy boquea y da coces como un animal herido y, si no cae muerto, ya veremos, al menos puede pegarse un costalazo de los buenos.

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Guardar la casa y cerrar la boca

Mucho se ha aplaudido en las últimas horas la reivindicación de la gran Patricia Arquette en los Oscars pidiendo que se iguale el sueldo de las mujeres al de los hombres en Estados Unidos. Pero lo que aplaudimos fuera, parece que lo olvidamos dentro. Mientras mirábamos a la estrella hollywoodiense, casi nadie parecía acusar recibo de la brecha salarial en España que se conocía al mismo tiempo, coincidiendo Día de la Igualdad Salarial. Tenemos días para todo lo que no tenemos.

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Los intocables

Entre La escopeta nacional y Los intocables se mueven las élites extractivas españolas, cutres y caciquiles, de nuestro capitalismo de amiguetes. Entre la caspa y la mafia. Entre el dislate y el delito. Entre el pitorreo y el recochineo. Entre la imbecilidad y la impunidad. Por si no tuviéramos bastante con el goteo interminable de sus choriceos, además tenemos que aguantar que se choteen de nosotros, como ocurrió ayer por enésima vez.

Por un lado, el expresidente de la patronal madrileña Arturo Fernández declaraba en el juzgado, sin despeinar su tupida cabellera, que pagaba con su tarjeta 'black' de Cajamadrid comidas en sus restaurantes, a veces, tres por día. No solo se ahorraba el gasto y no lo declaraba, sino que se lo ingresaba. Triple robo mortal, y nosotros a pasar por el aro de este circo.

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España no es Grecia

Tiene una obsesión enfermiza Rajoy contra la nueva Grecia por miedo a que le suceda lo que a la derecha griega. Tanto es así que ha pasado de perrito faldero de Merkel a bulldog de colmillo retorcido que le ladra a Tsipras y Varoufakis. Si estos se salen mínimamente con la suya, podremos echarle en cara que no hizo suficiente por nosotros frente a la Europa troikista. Quedarían en evidencia su sumisión y el fracaso de sus políticas, por eso repite hasta la náusea que España no es Grecia. Razón no le falta. Mientras que el nuevo Gobierno griego se ha lanzado, sin perder un minuto, a intentar rescatar a sus ciudadanos y cumplir con sus promesas electorales, en España leemos estos días que los desahucios continúan después de tres años de un Gobierno que encima lo niega. España no es Grecia. Más quisiéramos nosotros tener un Gobierno que se preocupa por sus ciudadanos más que por sus banqueros. Más quisiéramos.

Tienen los presidentes conservadores de nuestro país un complejo de comparsa rayano con la humillación ridícula y sonrojante. Aznar hacía cabriolas de bufón agradecido junto al infame Bush en las Azores y ahora Rajoy jadea satisfecho cada vez que Merkel le da un azucarillo. Para que la canciller no dude de su servidumbre ni se alteren sus teutónicos acreedores, nuestro presidente le bufa a Tsipras que los griegos tienen que pagar la deuda. Otro azucarillo, Rajoy. Ahora salta, da una vueltecita en el suelo y ponte a dos patitas. Así, muy bien, criaturita. Es su manera de decirle a Alemania que España no pedirá una quita de nuestra deuda. Claro que eso será si él sigue gobernando. Si no, habrá que verlo, porque lo que Grecia ha conseguido de entrada –incluso aunque no alcance todos sus objetivos– es demostrar que la deuda no es solo una cuestión económica sino también (y sobre todo) política. España no es Grecia. En Grecia ha vuelto la soberanía popular, aquí continúa el despotismo de la economía.

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Un país que no conozco

Cayo Lara se dirige al presidente del gobierno en la última sesión de control. Rajoy se refugia en sus papeles como un ratón en su madriguera pues ya sabe la pregunta y tiene escrita su respuesta. El coordinador general de Izquierda Unida le pide su parecer sobre el informe de la Red Europea de Exclusión y Pobreza, órgano consultivo del Consejo de Europa, que acaba de publicar que en España hay un 27%, 13 millones de personas excluidas, 5 en exclusión severa.

Lara le recuerda que somos el segundo país europeo en pobreza infantil, que hay 9 millones en situación de pobreza energética, 80 mil parados más en enero, 200 mil cotizantes menos y un tercio con sueldos de calderilla. “Esta es la España real”, le dice mientras le enseña una camiseta en contra del ERE de 200 personas que prepara la empresa valenciana Bosal. Cayo se la acerca hasta su escaño y vuelve para escuchar la respuesta. Rajoy, puesto en pie, empieza: “Me pinta usted un país que no conozco, señor Lara”.

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Lecciones morales

Ahora los ladrones dan lecciones morales. La lista Falciani, con los nombres de miles de evasores y millones de euros defraudados que ayer se empezaron por fin a publicar, no es más que la enésima y más escandalosa evidencia de una conducta que escuece casi tanto como el robo. A saber, que los que nos han calentado la oreja durante la crisis con sus monsergas moralizantes, y nos exigían esfuerzos sobrehumanos a los demás, son los mismos que tienen sociedades fantasma para evadir capitales. Nos leían la cartilla los que tienen la suya en el HSBC de Ginebra.

Se llenaban la boca de patriotismo los que no tienen más patria que su cuenta bancaria en Suiza, Andorra o cualquier paraíso fiscal. Cuatro mil españoles, ricos, ricachos, famosos, privilegiados, le quitaban la cartera a su país mientras agonizaba en el suelo. Estos son los que luego se cuadran con la palabra España y llevan la banderita en el cuello del polo. Los de la ley y el orden. Se les hincha el pecho para cantar “Suiza, patria querida”. Son legión y su divisa es 'Todo por la pasta'.

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El partido de las oportunidades perdidas

Ha vuelto a pasar. Izquierda Unida ha vuelto a perder una oportunidad. Ha dejado que abandone por agotamiento Tania Sánchez, la candidata más prometedora que ha tenido a la Comunidad de Madrid. Como adelantó eldiario.es, ayer anunció que dejaba la formación y su acta de diputada en la Asamblea para formar un partido nuevo con el que integrarse en una “unidad de izquierda”.

No le ha quedado otra. Desde que ganó las primarias con holgura, la vieja guardia podrida de la federación madrileña le ha hecho la vida imposible filtrando a la prensa documentos que ponían en duda su gestión en Rivas Vaciamadrid y oponiéndose a sus intenciones de confluir con otras plataformas. Como tantas otras veces, Izquierda Unida pierde una oportunidad porque nadie sale a defenderla.

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Gracias de qué

Suena el timbre de tu casa, abres la puerta y te encuentras al presidente del Gobierno sonriéndote con su mandíbula prognata –el mentón más prominente que el resto de la cara– en una mueca bonachona que no sabes decir si es la sonrisa de un bobo o de un sádico. Lo más probable es que sea ambas cosas. “Gracias, muchas gracias”, te dice con ese característico silbido suyo que suena como un sifón al final de cada ese. Como un escupitajo en la cara. Gracias por qué, presidente, se me ocurre preguntar. Pero él me mira a través, como si yo no estuviera, porque mi pregunta no está en el guión del spot, como si esto fuera una rueda de prensa sin preguntas.

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Victoria en campo contrario

Esperábamos que ocurriera, pero emociona cuando sucede de verdad: un pueblo herido se levanta, vence al miedo y las amenazas, se arma de valor y le planta cara al sistema que le somete. No suele suceder y por eso emociona. David le ha dado una pedrada a Goliat. Grecia se enfrenta a Alemania aunque parezca un suicidio, pero no puede ser más suicidio que lo que tienen. Los griegos le han otorgado una mayoría amplísima a Syriza frente a la Nueva Democracia, que se arrastraba a pies de Merkel como un perro faldero. Alexis Tsipras ya gobierna. Los más pobres de Europa se han rebelado ante la Europa de los mercados que les golpea. Por ahora solo han ganado unas elecciones, pero ya es mucho más de lo que el enemigo esperaba.

El triunfo de Syriza es la primera victoria de la Europa de los oprimidos, los desahuciados, los parados, los empobrecidos… en las urnas. No en la calle, donde pueden ignorarte o molerte a palos, no. Esta vez la paliza se la ha dado la gente al sistema con sus propias reglas y en su propio campo. En unas elecciones, en ese terreno que a los políticos no les conviene negar porque se estarían negando el sustento. Aunque para ganar el partido, Tsipras ha tenido que fichar al extremo ideológico contrario, a los nacionalistas de derecha Griegos Independientes, porque eran los únicos dispuestos a enfrentarse a la austeridad suicida desde dentro. Los comunistas del KKE querían hacerlo saliendo del capitalismo, pero Syriza no se atreve a tanto. Cree más urgente rescatar a las personas y devolver la democracia al pueblo soberano.

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La tragedia griega 

Grecia vive una tragedia. Los dioses de Europa no quieren dejarles decidir su destino. El domingo los griegos tienen la oportunidad de votar cómo les gustaría que fuera su futuro, ya que no les han dejado decidir cómo es su presente; pero ni Merkel ni el Banco Central Europeo ni los sensibles mercados quieren permitirles escapar a la austeridad criminal que les han impuesto. Les amenazan con represalias si osan desafiarles votando a Syriza, que ha propuesto oponerse al 'austericidio' y renegociar la deuda griega. Les amenazan con las mismas represalias que ya están sufriendo. Si no quieres que te siga pegando, déjame que te siga pegando. No les dejan salida. Les han llevado al borde de un precipicio y en lugar de dejarles darse la vuelta les dicen que tienen que seguir caminando.

Dos son las amenazas de la Europa de los mercados y la de Merkel si votan a la formación de Alexis Tsipras: cortarles el grifo del crédito y sacarles del euro. Pero este chantaje tiene mucho de fanfarronada preventiva. Por varias razones. Primera, como en la propia Alemania se dice, Europa podría soportar la salida de Grecia del euro sin que haya efecto contagio. Al fin y a la cabo, la economía griega es solo el 2% del PIB europeo. Pero por otro lado, a la UE le da miedo que los mercados se alteren, los pobres, si Grecia cae, así que no les conviene agitar demasiado el avispero. No les conviene remover demasiado a Grecia para no liarnos más de lo que estamos. Si lo que quieren, además, es cobrar la deuda griega, empobrecerles más aún es justo lo contrario de lo que deben hacer. Merkel va de farol, ha llegado la hora de que alguien le plante cara.

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