La herencia
En Moncloa, mayo de dos mil trece, Don Mariano Rajoy Brey, Presidente del Gobierno de España, hallándome en pleno uso de mis facultades mentales (que, a la vista de los hechos, no son muchas) y poseyendo plena capacidad para hacerlo, escribo y firmo de mi puño y letra (aunque a veces me cuesta entenderla), este testamento en el que EXPONGO la herencia que recibirán los españoles de mi gobierno cuando se produzca mi cese al frente de la presidencia del país. Y así, ordeno mi última voluntad de la siguiente manera:
Lego al pueblo español una reforma laboral que es una demolición que destruirá 1,3 millones de puestos de trabajo durante mi mandato, 3 puntos por encima de la herencia recibida del anterior Ejecutivo y casi 4 millones por encima de lo que mi partido prometió antes de llegar a la jefatura de Gobierno. Dejo también menores garantías laborales a los trabajadores y menor subsidio de desempleo a los parados. Y a los que no les guste esta herencia, que se jodan, como bien les dijo mi compañera de partido en el Congreso, Andrea Fabra.
Dono también a mis contribuyentes subidas de impuestos que prometí no imponer. A la clase trabajadora, una subida del impuesto sobre la renta que durará hasta que se agote mi legislatura en 2015, un año más que lo dije inicialmente que duraría. A los comerciantes, consumidores y a la cultura, los dejo en los huesos gracias a la subida del IVA que les concedo en herencia y que ayudará a cavar sus tumbas. Y a las sociedades una subida que limará las precarias cuentas de las pequeñas empresas y emprendedores. Dejo exentos de estas cargas impositivas a los defraudadores como mi antiguo amigo Luis Bárcenas a los que les doy en herencia una amnistía fiscal para que no paguen por sus robos .
PPropaganda Nazi
Estaba tardando mucho el PP en caer en la Ley de Godwin: cuando uno se queda sin argumentos en una discusión, recurre al viejo y patético truco de llamar “nazi” al adversario. Pero al final no han podido aguantar más y Cospedal ha llamado a los escraches “nazismo puro”. Pues ya que ella saca el tema, no le importará que le recuerde que esa burda maniobra de exageración es “nazismo puro”. Esa era una de las típicas tácticas propagandísticas que utilizaban Goebbels, Hitler y compañía. Y no es la única que el Partido Popular le copia al partido nazi. No quería yo hacer un Godwin pero, oigan, la señora Cospedal me ha forzado a ello.
Si leen ustedes el clásico de 1950 de Jean Mari Domenach, “La propaganda política”, encontrarán unas reglas que sintetizan los métodos de manipulación nazis. Hace unos años, el publicitario catalán Marçal Moliné amplió la lista en un artículo hasta establecer once tácticas que ahora circulan por la red como los “principios de la propaganda”, erróneamente atribuidos a Goebbels. El ministro nazi no los escribió pero los aplicó con rigor, como ahora los aplica el partido del Gobierno.
Principio de simplificación y del enemigo único. Es el clásico pepero “todos los que están contra nosotros son ETA” y el reciente, el enemigo tiene una sola cara, Ada Colau, esa terrorista radical.
José Luis Sampedro: “Está todo muy bien tramado para dominar, para que no tengamos una democracia”
Los años le dieron un aire cada vez más quijotesco a su rostro. Sentado en el butacón de su casa, hablando con pasión y nervio, me recordó al Alonso Quijano de las ilustraciones de Doré pero, al contrario que el personaje cervantino, José Luis Sampedro no tenía la cabeza llena de fantasías sino de sensatez y sencillez a pie de calle. La economía del régimen le hacía parecer un Quijote luchando contra molinos de viento. Sin embargo, es al revés, la crisis ha demostrado que son los economistas ortodoxos los locos que ven gigantes y Sampedro, el cuerdo que desfacía entuertos. Se cumplía un año del 15 de mayo, el 15M, que le tomó como apóstol, cuando nos recibió al equipo del programa de radio Carne Cruda en su casa de Madrid para esta entrevista. No daba muchas por su avanzada edad y porque reservaba todas sus energías para seguir escribiendo y reflexionando. Su mujer, Olga Lucas, le acompañó durante toda la charla, mirándole con ternura, pendiente siempre de él, divertida por su sentido del humor y orgullosa de la lucidez y claridad de sus palabras que mantenía intactas a sus 95 años de entonces.
José Luis Sampedro, usted ha escrito que este ocaso que estamos viviendo es el momento de la acción entre todos porque otro mundo no solo es posible sino seguro.
Seguro. Lo contrario es negar la Historia. Lo contrario es creer que la Historia se para. De modo que necesariamente algo va a ocurrir. La Historia sigue adelante. Nos creemos todos muy importantes pero no somos tan importantes. Pasamos todos, acabamos todos, vienen otros. A lo largo de la Historia ha habido cambios muy profundos. Piense que el Imperio Romano que dominaba el mundo de entonces se derrumba y viene otra cultura realmente diferente y esa cultura dura mil años más o menos y a los mil años se le rompen las costuras, el sistema de organización de la vida ya no funciona porque las cosas han cambiado y hay que hacer otra. Y estamos en un momento parecido ahora. Estamos viviendo un momento de transformación y la punta de lanza es la ciencia. Ahora tenemos la nanotecnología, es decir, estamos trabajando a unas dimensiones a las que no hemos trabajado nunca, a millonésima de milímetro y eso está suponiendo ver la realidad de maneras completamente diferentes.
El maestro Sampedro, aprendiz de la vida
Ha muerto a los 96 años José Luis Sampedro, un viejo sabio de palabras jóvenes que enseñaba algo muy simple pero que tanto nos cuesta aprender: vivir, amar la vida sobre todas las cosas, la vida digna, la vida humana y humanizada, una vida que reúna la humanidad, bienestar y justicia suficientes para ser merecedora de tal nombre.
Ha muerto el maestro que decía que tenemos el deber de vivir, es decir, un deber con la vida, el deber de mejorarla, de levantarnos para levantarla en nuestros brazos, de comprometernos con ella que es comprometernos con nosotros mismos y con las vidas de los que nos rodean porque la vida es nuestra reina y señora.
El tiempo no es oro, decía, el tiempo es vida: el tiempo no es dinero, el tiempo son vivencias, experiencia, sentimientos, ideas, lucha por la vida y movimiento, el movimiento que asusta al poder. La vida que florece, la vida que se impone, la vida que estalla y grita y piensa y siente, asusta al poder que nos prefiere callados, quietos, como muertos.
Escrache
Nos habéis perseguido a todos. Primero fuisteis a por los jubilados pero como vosotros tenéis la jubilación asegurada, no os importó hacerles daño. Después fuisteis a por los enfermos, los discapacitados, los dependientes y como vosotros no tenéis problemas de dinero, no os importo cargar a las familias con un peso que no pueden soportar. Entonces fuisteis a por los funcionarios, los médicos, los profesores. Fuisteis a por nuestra sanidad y a por nuestros colegios porque vosotros tenéis los vuestros asegurados. Protestamos y no os importó enviarnos a los antidisturbios a que nos hicieran daño.
No os importó que hubiera millones de parados y fuisteis también a por ellos. Les quitasteis un pedazo de lo poco que les queda y les gritasteis que se jodan en mitad del Parlamento. Y empezasteis a jodernos a todos los demás, a la cultura, a los mineros, a todos los contribuyentes. Fuisteis a por todos nosotros y no os importó hacernos daño para no hacérselo a los vuestros. Los bancos vinieron a por nosotros y vosotros nos quitasteis los cuatro cuartos que nos habían dejado en los bolsillos. Ellos nos robaban, vosotros hacíais negocio con nuestro dinero. Volvimos a protestar y nos disteis la espalda de nuevo.
No queríais ver cómo la gente saltaba por las ventanas o se colgaba del cuello. Los bancos que nos habían puesto la soga iban a por los que menos tenían y les dejasteis hacer. Dejasteis que se aprovecharan con las preferentes de los más indefensos y vulnerables y jamás perseguisteis a los timadores. Dejasteis que algunos se quitaran la vida angustiados por su desahucio. Les empujasteis al vacío sin mover un solo dedo y permitisteis que pelotones de policía siguieran sacando a la gente de sus casas a empujones. Podríais haberlo evitado pero seguíais mirando para otro lado.
El Estado Vaticañol
España está “vaticanizada”, si me permiten el palabro. Seguimos siendo una provincia del Imperio romano, mal que nos pese a los infieles, y nos parecemos tanto en la corrupción moral y monetaria y en el despilfarro ostentoso a la Santa Sede que habría que rebautizar al Estado español como Estado Vaticañol.
El Estado Vaticañol, como les decía, es una provincia vaticana. Prueba de ello es que esta semana parecía que la COPE tenía espacios publicitarios en gran parte de los medios. Y encima gratuitos. La Iglesia sabe muy bien cómo vivir de otros, de eso no hay duda. Hay que felicitarles por su espléndida campaña de marketing. No niego que la elección de un Pontífice es noticia de relevancia planetaria pero no me negarán que en España ha habido un trasiego de alzacuellos afines y sometidos a la cúpula de la Iglesia muy superior al de sacerdotes y creyentes críticos con este circo papal. Ya les digo: estamos vaticanizados.
El caso es que la Santa Sede consigue que sigamos dándole bola a una de las instituciones más intolerantes, retrógradas, represivas y corrompidas del llamado primer mundo. Si no representasen a una religión sino a un partido político, muchos medios se cuidarían de hablar tanto de una organización con tintes tan fascistoides (no digo fascistas, que me crucifican). Pero como es una religión que profesan millones, cuela. Lo que no cuela es que el Vaticano tenga nada que ver con la doctrina de Cristo. Lo dice un creyente que salió tarifando de la Iglesia y de la fe por todas estas contradicciones. Ojalá lo vieran más católicos y se rebelaran contra su cúpula porque su sumisión la pagamos todos.
Tontos
Desde que empezó esta estafa, se ha ido extendiendo entre el personal la incómoda sensación de que nos toman por tontos. A cada nuevo escándalo injustificable, le sigue una justificación tan inverosímil, ridícula y falsa del politicucho de turno que nos sentimos insultados en nuestra inteligencia y decimos: “Creen que somos idiotas”.
Puede parecer que la frase no reviste mayor importancia pero creo que erramos el tiro al decirla. Les otorgamos una superioridad intelectual de la que carecen y obviamos decir lo fundamental: no son ni siquiera unos listillos, son unos miserables, sinvergüenzas, mentirosos, jetas y mezquinos cobardes. En el mejor de los casos, los tontos son ellos, en el peor, son unos criminales. Y esto nos enfrenta con una realidad mucho más intolerable. Si son unos sinvergüenzas es porque pueden, porque la mayoría les deja, porque no nos temen. No es que se crean más inteligentes, es que se saben más impunes que el resto. No nos toman por tontos, nos toman por inofensivos. Nos toman por flojos, que es peor.
Por eso se permiten sus chulerías y desplantes, por eso se permiten la desfachatez de no dar la cara cuando sus políticas nos llevan más allá de los 5 millones de parados. Nos toman a todos por una sociedad acomodada, apática, inerte, resignada a su (mala) suerte, que aguanta lo que le echen. Nos toman por una opinión pública difusa, confundida y poco activa a la que no hay que temer. Nuestra falta de unidad de acción hace que no podamos formar frente común tan sólido como el que forman ellos. Somos una sociedad controlada por el poder y no una sociedad que controla al poder.
Más allá del bipartidismo
Hay mucha gente que no ve más allá del bipartidismo. Lo único que ven es la abstención. O el voto en blanco. El voto en blanco beneficia a los mayoritarios por nuestro injusto sistema de recuento igual que la abstención beneficia a la bicefalia reinante porque los que siempre votan a los mismos no se abstienen y además envía un mensaje de hastío pero no de proposición. Y en este momento además de quejarnos, debemos proponer, creo.
Como dice @barbijaputa unas líneas más abajo tenemos que ir reflexionando sobre estos asuntos. Quien sabe si mañana Bárcenas se va al notario con el certificado de defunción del PP o Urdanga acaba arrastrando a su suegro al pozo. Algunas de esas personas con las que discuto en estos días sobre la regeneración y el final de una era, me hablan temor del caso griego como ejemplo de ingobernabilidad. Ingobernable es lo que tenemos nosotros aquí, respondo, con un Gobierno acorralado por una corrupción a la que no hace frente y una oposición desfondada que es incapaz de rematar al contrario ni cuando está con una rodilla en tierra. Y mientras, el país con las dos rodillas en el suelo y el rodillo pasándonos por encima.
A los que me hablan de Grecia, les digo Cataluña. Los catalanes dieron en las últimas elecciones autonómicas los primeros indicios de cambio hacia un escenario político más plural en el que los grandes partidos empiezan a perder fuelle y ganan terreno los más pequeños. También me dicen los que se agarran al bipartidismo como un niño a la teta que el tripartito fracasó en Cataluña. Las fórmulas deben ser otras: no un matrimonio hasta que la muerte nos separe sino una negociación constante, un gobierno de pactos, como pide la calle, como hace la calle. Dirán que no es viable, que miremos el polvorín político italiano que cambiaba de gobierno cada dos meses. Ni somos italianos ni somos griegos ni nos queda más remedio que probar otras recetas porque la que estamos comiendo no hay ya quien se la trague.
Elogio de la sociedad civil
No todo son fracasos ni decepciones. Esta semana hemos cosechado una victoria que muchos compartimos, el éxito de la iniciativa popular de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca aceptada a trámite en la Cámara Legislativa. Es un éxito enorme, uno de los más grandes aunque no el único, ni mucho menos definitivo, pero sí muy esperanzador, de una forma de hacer política que se está extendiendo y contagiando. Es el éxito de la constancia, voluntad y capacidad de movilización de la sociedad civil.
Repitamos esas dos palabras, sociedad civil, porque de ellas depende nuestro presente y futuro. De ellas ha dependido siempre pero la mayor parte lo habíamos aparcado en la cómoda apatía del bienestar. El malestar nos ha hecho volver a ella. Estamos perdiendo mucho de lo que habíamos ganado pero hemos recuperado un pilar fundamental de la democracia que habíamos perdido como colectivo: la sociedad civil. No me cansaré de repetir esas palabras.
La sociedad civil es el arma más poderosa que tiene la ciudadanía. El ciudadano que, en estos tiempos, se siente indefenso y hasta ridículo con el voto arrugado en la mano como si fuera un manojo de flores marchitas para una cita con una democracia que no se presenta, se está reencontrando a sí mismo como ciudadano a través de la forma colectiva de hacer política. Está recuperando el terreno que ha cedido a la política de salón por haber quedado demasiado tiempo en el salón de su casa viendo la televisión.
Es falso
“Solo dos palabras necesito, es falso”, dijo el telepresidente Rajoy para autoexculparse del cobro de dinero negro en el que le incriminan los papeles de Bárcenas publicados. Curiosamente, solo necesitamos esas dos palabras para describirle a él como presidente: “Es falso” (incumple sus promesas, miente, se esconde). Y solo necesitamos esas dos palabras para resumir a su partido: “Es falso” (engaña, manipula, no llama a las cosas por sus nombre). No lo pretendía Rajoy pero nos dejó las dos palabras que condensan todo un sistema político, todo un tinglado, todo un tiempo de mentiras y corruptelas que ahora se viene abajo: “Es falso”. Rajoy nos dio las dos palabras que necesitábamos para definir este momento: “Es falso”.
Todo es falso. Suena falso. No es creíble. No se sostiene. Apesta a mentira. Y la mayoría ha empezado a ver el cartón piedra y el decorado. Hay un acuerdo abrumador sobre las instituciones, sobre la casta dirigente, sobre el sistema en vigor, sobre el periodismo proselitista, sobre la crisis, sobre el discurso de la clase dominante: son falsos. La mayoría piensa que el sistema es falso. Podría parecer una conclusión aterradora pero creo que, al contrario, es un punto de partida. Por fin casi todos estamos de acuerdo en algo.
Me vais a llamar aventurado pero creo que al régimen anterior le quedan dos telediarios. Ni el telediario de La Primera puede hacer ya nada por evitarlo. No tienen escapatoria. PP, PSOE, CiU, los tres grandes partidos que han reinado, la monarquía que caza y la familia real que ha esquilmado, la Justicia que se ha politizado, se ha vendido o ha robado, el periodismo que es la voz de su amo, no pueden seguir engañando por mucho más tiempo ni a mucha más gente. Están acorralados por sus propias mentiras. Demasiadas durante demasiado tiempo. Ya da igual lo que digan, ya casi nadie les cree: suenan falsos.





