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Búlder, en el origen de la escalada

Todos hemos practicado búlder en nuestra niñez. Antes de comenzar a caminar, cuando empezamos a gatear, ya estamos trepando todo lo que encontramos a nuestro paso: muebles, sillas, sofás, padres, etc. Comprendemos que tenemos la capacidad física para poder llegar más alto y cómo podemos avanzar gracias al esfuerzo y la experimentación

Hoy día, igual que entonces, esta simple práctica nos permite experimentar esas mismas sensaciones y comprender mejor como algo que parece prácticamente imposible se puede realizar si previamente comprendemos como controlar el cuerpo y la mente para así subirnos a lugares que a priori parecían inaccesibles

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El búlder está creciendo a pasos agigantados. El aumento de salas de búlder, rocódromos en los parques, paneles con presas en los columpios de los niños y sobre todo la simpleza de su práctica, lo están convirtiendo en un deporte de moda. Es difícil saber con exactitud cuando se empezó a practicar esta disciplina, pero de forma no profesional seguramente se practica desde siempre ya que todos los seres humanos la hemos probado en alguna ocasión durante nuestra vida.

La filosofía o estilo de vida de los bloqueros, no solo consiste en abrir bloques o resolver los problemas expuestos por otros, sino que incluye rodearse de personas de todas las partes del mundo con inquietudes parecidas y viajar a lugares increíbles y muy diferentes unos de otros: bosques, selvas, desiertos, playas, etc. En ocasiones te ves rodeado de personas de distintos lugares y que hablan otros idiomas haciendo lo mismo que tú, resolviendo el mismo problema o aprendiendo del que tienen al lado, y ves como él entra en total armonía con el bloque, mientras tú hasta ese momento no tenías la capacidad de ver cómo resolverlo. Imitando los movimientos aprendidos de tu compañero comprendes que lo imposible es posible y que habéis hablado el mismo idioma.

 

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Material para su práctica

Se necesita unos pies de gato que sean lo más apretados posible y que tengan algún tipo de tensor o protector en la talonera, ya que en la práctica del búlder se talonea mucho. También es necesario una bolsa de magnesio con un buen cierre para no manchar todo. Utiliza el magnesio justo para mantener las manos secas de sudor y humedad, el resto solo sirve para manchar la roca.

No es muy frecuente utilizar casco entre los bloqueros, pero en zonas donde la recepción está llena de rocas es muy recomendable, y en niños debería de ser obligatorio ya que aun no tienen el cráneo formado y es demasiado blando para recibir cualquier impacto en la cabeza.

Para las caídas se emplean colchonetas (crashpad) de distintas densidades, de manera que dependiendo de la altura del bloque pondremos una o varias para amortiguar la caída. Hay distintos modelos y tamaños, pero siempre es importante asegurarse que sean cómodas de transportar. Por cierto, estas colchonetas son comodísimas para dormir. Hay zonas de búlder donde se emplea como medio de absorción de la caída la arena de playa.

Otro elemento usado es el cepillo. Éstos se usan para la limpieza de bloques y tienen que ser de cerdas blandas, ya que si empleamos uno con las cerdas de metal podemos agrandar la regleta del bloque. Si tus pretensiones son escalar bloques ya replanteados, con un cepillo de dientes viejo será suficiente.

 

El bloque y el búlder

En ocasiones elegimos un bloque porque nos llama la atención, observamos las distintas secuencias de movimientos posibles para poder llegar a su cumbre y nos imaginamos haciéndolo. Estas secuencias de movimientos a veces son posibles de forma clara, otras necesitan de alguna modificación y en algunas ocasiones incluso nos sorprendemos de los cambios sobre la marcha tras encontrar un nuevo agarre o forma de colocarnos para ascender. También se puede dar el caso de que se elijan los bloques por su secuencia de movimientos tras ver a otro escalador, entonces el bloque pasa a un segundo plano hasta que nos enfrentamos a él. Ver como otro escalador resuelve los movimientos en total armonía con el bloque, como ha encontrado su equilibrio en esa mini regleta y como lo ha superado, nos hace vernos a nosotros intentándolo de igual manera o parecida. La escena pasa a ser un enfrentamiento entre gladiadores que pelean consigo mismo.

 

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El Grupo

Cuando se va hacer búlder lo habitual es ir en grupo, donde todos los bloqueros forman parte del búlder. Todos limpian el bloque, buscan la mejor manera de resolverlo, analizan las posibles caídas para protegerlas con las colchonetas y las rocas de alrededor, etc. Una vez que comienza a moverse el escalador todos actúan como porteros de una posible caída, intentando evitar que el escalador caiga fuera de las colchonetas, se golpee con alguna roca o caiga descontroladamente. Proteger al escalador también implica una seguridad dinámica, moviendo las colchonetas en caso necesario y evitando los huecos entre las mismas. Practicar en grupo hace que todo sea más interesante ya que te permite ver la capacidad individual de cada uno enfrentándose al bloque para así aprender secuencias distintas de movimientos y enriquecer nuestra técnica gestual. Conviene analizar la bajada del bloque, que no siempre es lo más fácil y en ocasiones te ves obligado a saltar en una montaña de colchonetas con todos tus amigos alrededor mirándote sonrientes con cara de "vamos que no es para tanto” mientras tú te encuentras a cinco metros del suelo.

 

Confianza

A mi modo de entender, el búlder es un juego de confianza. Tienes que confiar en ti, confiar en el lugar que te rodea y confiar en tus compañeros que te están protegiendo de los peligros de la caída. Esto hace que te dejes llevar por lo que estás haciendo sin pensar en otra cosa y así recibir el regalo de encadenar una secuencia de movimientos en total armonía hasta llegar a lo más alto del bloque. Si no confías en ti, o en tus compañeros, aparecerán las voces internas de cada uno, que intentan convencerte de que no puedes, de que tus compañeros no te van a proteger en caso de caída, o de que la salida del bloque está demasiado alta. Entonces empezarás a hacer más caso a los miedos que a intentar escalar el bloque, lo que te impedirá concentrarte en lo que estás haciendo de manera que te será imposible encadenar y asimilar el bloque.

Confiar en uno mismo requiere de tiempo y práctica, empezando poco a poco con bloques sencillos donde te encuentres a gusto y donde una posible caída te preocupe poco, hasta que llegue el momento y estés dispuesto a probar un búlder de mayor dificultad y altura. A su vez también empezarás a confiar en tus compañeros cada vez que te caigas y ellos te protejan de la caída. Si esto no ocurriera así, o cambias de compañeros o les avisas para que estén más atentos. Es un deporte seguro cuando todos participan en él. Escalar solo requiere de una mayor confianza en uno mismo y si bien es cierto que no sufriremos distracciones, también lo es que sin los ejemplos de los otros escaladores, y su ayuda en las caídas, no sería lo mismo.

 

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Creer en la fuerza

Todos los escaladores que conozco somos mucho más fuertes físicamente que los problemas atléticos que nos plantean los búlder, y a medida que practicamos aumentamos nuestra fuerza física y mejoramos nuestras cualidades como escalador. Tenemos el suficiente potencial como para empezar a confiar en esa fuerza física y empezar a trabajar otras capacidades que, unidas con la fuerza, nos darán grandes resultados. Tener la fuerza mental suficiente para creer en nosotros nos ayuda a arriesgar en pasos complicados, sin saber de verdad si seremos capaces de realizar el paso y de crecer un poco más. Si no arriesgamos algo no pasaremos al siguiente escalón y nos quedaremos atascados, de manera que hay que seguir probando y escuchando al cuerpo, ya que éste si entiende de equilibrio y fuerza, y nos facilitará la solución con un pequeño cambio. Si un bloque no te sale o ves que no evolucionas en él, es el momento de cambiar a otro diferente y algo más sencillo. Puede ser que ese no sea el día idóneo o simplemente que sea demasiado difícil de comprender de acuerdo a nuestro nivel actual. Comprender un bloque no es tener claro la secuencia de movimientos que ves realizar a otro escalador, si no verte a ti mismo haciéndola, sintiendo cada paso y aguantando gracias a la percepción de cada movimiento. Cada problema que resuelves es una mejora en ti mismo, una mayor confianza como escalador. Esto hace que crezca la motivación. Por el contrario, si te pasas el día probando bloques demasiado difíciles para tu nivel porque tus amigos son unos friquis, irás perdiendo esa motivación y aunque posiblemente seguirás con ellos, será por el lugar, el ambiente y la compañía, abandonando tus actividades como escalador.

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Entrenamiento

Para mejorar hay que escalar de manera continua, bien en roca o si no se puede en rocódromo. Lo que debemos tener claro es que de nada sirve hacer mucho ejercicio físico si no se escala. La escalada es el propio entrenamiento físico del cuerpo, esculpiéndolo según las necesidades como escalador, trabajando no solo pocos movimientos y muy explosivos, si no también travesías largas de vez en cuando. Hablar de entrenamiento en dos párrafos es imposible, pero si se puede recomendar constancia en la actividad, calentar siempre antes y en especial las extremidades superiores. Bebermucho agua, antes y durante la actividad, y estira de manera frecuente entre los bloques para evitar algunas lesiones como la epicondilitis (codo de tenista), epitrocleitis (codo de golfista) y futuras lesiones en las poleas. También conviene trabajar el cuerpo realizando distintos ejercicios de abdominales, empezando por inferiores, laterales u oblicuos, y terminando con las superiores. También es importante trabajar los grupos antagonistas a los músculos más desarrollados por la actividad de la escalada, como el pecho, mediante flexiones, los tríceps, etc. Trabajar el hombro nos evitará lesiones futuras sobre todo en los lances. Acuérdate de estirar y devolver los músculos a su estado inicial para evitar acortamientos y futuras lesiones o desgarros en las fibras musculares. Una buena rutina de ejercicios y estiramientos diarios te permitirá estar siempre en forma, evitando dolencias y aumentando la satisfacción de encontrarte bien.

Búlder, en el origen de la escalada

La graduación del búlder

Como todas las disciplinas que encontramos en la escalada, el búlder también disfruta de una graduación propia, igual en nomenclatura (IV, V, VI, VII, VIII, etc.) que la escalada en pared, pero diferente en cuanto al esfuerzo. Es decir, un “VII” en una vía de deportiva no es igual que en bloque, ya que éste último necesita más pegues hasta su encadenamiento. Además, alguien que esté acostumbrado hacer vías de ese grado lo encontrará demasiado duro por su explosividad de movimientos y viceversa, alguien que solo hace bloque es muy probable que le cueste hacer la vía en pared de la misma graduación por su continuidad, sin entrar en la altura, las dificultades mentales y el material de seguridad que requiere uno y otro. Sin embargo, una vez iniciados en esta disciplina, lo que aprendamos nos servirá para orientarnos a la hora de elegir un bloque que sea acorde con nuestro nivel, para ver nuestra progresión, etc. Para graduar bloques, es necesario que antes escalemos muchos bloques en lugares diferentes y sobre distintos tipos de roca, aunque aún así es difícil graduar con exactitud, por lo que es recomendable que otros escaladores lo vean y den su opinión al respecto. Y aunque la exactitud absoluta no existe para algo tan complejo como la graduación, si la experiencia y el sentido común para no entrar en la crítica de los demás. Siempre estará tu graduación, la de los demás y luego la realidad.

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