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Somos capaces de hacerlo mucho mejor

Los de la unidad indivisible y los del referéndum unilateral piensan que todo lo suyo es justificable y todo lo del adversario, intolerable

Creo en la desobediencia civil pero nunca en la desobediencia institucional porque es un contrasentido y es muy peligroso el poder que se salta las normas

La rebelión catalana podría acabar con el caduco régimen del 78, pero también apuntalarlo

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Las tragedias colectivas sacan lo mejor de una sociedad y lo peor de unos pocos miserables, como vimos en los atentados de Barcelona y Cambrils. La gente se movilizó para ayudar a los heridos y la gentuza para cargarle los muertos al independentismo o a la izquierda que gobierna en Barcelona.

El proceso soberanista, sin embargo, no está sacando nada bueno de casi nadie y lo peor de casi todos. Los nacionalismos catalán y español se han instalado en el rencor y la tozudez que conduce sin remedio al odio. Los de la unidad indivisible y los del referéndum unilateral piensan que todo lo suyo es justificable y todo lo del adversario, intolerable. Me recuerdan a los versos irónicos de Accidents Polipoètics: “Todos tenemos la razón. Todos, todos, todos... tenemos la razón”.

El gobierno independentista habla de democracia mientras se salta su propio reglamento parlamentario, sus informes jurídicos que le desaconsejan celebrar este referéndum y la ley general que nos rige a todos. Y el gobierno español del PP, del partido de la financiación ilegal o el uso de las cloacas del Estado contra el independentismo, se llena la boca con la legalidad que pisotea a cada paso. No está ninguno para dar lecciones de democracia.

Democracia es votar, pero también respetar el marco que la mayoría acepta. El propio orden vigente debe servir para cambiar las cosas de orden. Si no, estamos abocados a la violencia y lo que necesitamos es política. Hay que utilizar las leyes para hacer política, no para hacer el trabajo de la política, que es lo que ha hecho siempre el PP, que primero prendió la llama impugnando el Estatut, después ha dejado que se propague el incendio, por activa o por pasiva, y ahora quiere apagarlo a cañonazos. Espero que esto sea sólo una metáfora.

El problema es que el independentismo, que tiene la legitimidad de los votos y la fuerza de la calle, la pierde cuando hace lo que critica: ignorar a la mitad de Catalunya igual que el gobierno les ignora a ellos. Creo que los catalanes deben decidir su futuro y creo en la desobediencia civil frente a leyes injustas, pero nunca en la desobediencia institucional porque es un contrasentido y es poco fiable y muy peligroso el poder que se salta las normas. Es cierto que esta rebelión catalana podría acabar con el caduco régimen del 78, pero también apuntalarlo.

Eso es lo que me temo, que cada uno está apuntalándose utilizando nuestra cabeza como martillo. Cuando les escucho enfrentarnos, siento vergüenza ajena pero también propia por dejarnos arrastrar a ese lodo que oculta sus vergüenzas. No nos merecemos esta política, pero tenemos que demostrar que nos merecemos otra. Cuando actuamos como personas, ciudadanos, vecinos, no como masa movediza, somos capaces de hacerlo mucho mejor.

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