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La precaución de ser pobre

"Somos pobres como ratas, pero hay que ver que bien nos lo pasamos. Son impagables, todos y cada uno de ellos. Otra, otra, otra". Dexys.

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He pedido prestado, don Dexys, su comentario a una noticia firmada por Gonzalo Cortizo sobre las declaraciones de Alfonso Alonso, en las que alude a Batasuna en relación con la huelga de estudiantes apoyada por las asociaciones de padres. En efecto, entre los wertidos tóxicos y las salidas de pata de banco de nuestros políticos, diversión no nos falta. A mí en cambio sí me faltan comentarios a los que contestar, porque la mayoría se limitan a comentar lo publicado, en lugar de proponer nuevos asuntos de debate. Está feo lo que he hecho, pero me he visto empujado por el estado de necesidad.

Recuerdo, señor Dexys, que en una ocasión Jorge Luis Borges, entonces profesor en la universidad, se encontró con una huelga de estudiantes. Le exigieron que suspendiera la clase y se sumara a la huelga, a lo que Borges se negó. Entonces le advirtieron que, de todas formas, no podría dar clase, porque se proponían cortar la luz en todo el edificio. “No se preocupen, ya he tomado la precaución de ser ciego”.

Por mi parte, he tomado la precaución de ser pobre. Como decía Luis Rosales: “El dinero se paga”. A mí en cambio, como he tomado precauciones, me cuesta muy poco salir dando un portazo de cualquier sitio. César Vallejo hablaba de “la cantidad enorme de dinero que cuesta ser pobre”. Y tenía razón, pero, por cara que salga la pobreza, trae más cuenta que lo que se paga por el dinero: la libertad, la dignidad, a menudo hasta la vergüenza. Para garantizar la libertad real (que es siempre la de decir que no, gracias; o “preferiría no hacerlo”), nada mejor que ser pobres. Y si además somos capaces de seguir riéndonos, tanto mejor.

Como usted sabe, nos hemos convertido en un país de precavidos: el 35% de los asalariados cobra, en España, menos de 640 euros al mes. Pobres como ratas, sin duda, salvo quizá Juan Luis Cebrián, que se embolsa más de un millón al mes sin complejos. Como usted no ignora, somos el país europeo con más desigualdad social (y con más fracaso escolar y con más paro… y con políticos más chistosos).

En estas circunstancias, ¿somos más libres? Aprovechemos la libertad para cambiar el sistema y dar un portazo. Neguémonos a interesarnos en la prima de riesgo, en las cuitas de los banqueros, en las justificaciones que dan para destruir nuestros derechos y nuestros haberes. Rompamos la baraja. Y recordemos aquello de lo que nos advertía Lenin: para la revolución “no basta, por lo general, que los de abajo no quieran vivir como antes, sino que también es necesario que los de arriba no puedan vivir como hasta entonces”.  Hagámosles, pues, la vida imposible. La primera parte ya la tenemos: como usted dice, más pobres no podemos ser ya ni por precaución. Intentemos ahora que ya no puedan seguir viviendo así. Al menos sin complejos.


Dejad vuestros comentarios en este blog sobre vuestras preocupaciones políticas, sociales, económicas, teológicas o de cualquier índole y os responderé cada miércoles.

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