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CATALUNYA

Análisis

CiU y PP, más que socios en Barcelona

Lejos de lo que podía parecer a raíz del proceso soberanista, el mandato de CiU en Barcelona ha coincidido con la etapa en la que el PP ha tenido más presencia en las políticas municipales

El pelotazo de la Maquinista, la privatización de los aparcamientos municipales, la Marina y los hoteles de lujo o el Plan de usos de Ciutat Vella son algunos de los acuerdos más representativos de la sintonía ideológica entre CiU y PP en la capital catalana

En más de una ocasión, CiU ha vetado el derecho a decidir de la ciudadanía con el apoyo de Fernández Díaz, que ha actuado de facto de portavoz del Gobierno municipal en operaciones estratégicas

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El alcalde de Barcelona ve "ridículo" y "sin sentido" proponer la cocapitalidad de la ciudad

El alcalde de Barcelona, Xavier Trias

El distanciamiento entre CiU y PP a raíz del proceso soberanista no ha tenido traducción en el mundo local. Como mínimo, en Barcelona. Más bien al contrario. El Ayuntamiento de la capital catalana liderado por Xavier Trias ha encontrado en la formación de Alberto Fernández Díaz el socio ideal para sacar adelante su modelo de ciudad, sobre todo en la explotación de Barcelona como reclamo turístico, pero también en materia de urbanismo, movilidad, modelo comercial y social.

Atrás quedan las palabras de Trias, hace cuatro años y en precampaña, asegurando que su modelo de ciudad poco tenía que ver con lo que proponía el PP. Eran otros tiempos, los mismo en los que la actual teniente de alcalde de Empresa y Ocupación, Sònia Recasens, entonces concejala adscrita a Sants-Montjuïc, hacía llamadas telefónicas a los periodistas que insinuaban el más que posible pacto entre CiU y PP si este era necesario para descabalgar al PSC del Ayuntamiento de Barcelona.

Al final, a Trias le bastó con los 11 concejales para gobernar en solitario, aunque en minoría, y articular una geometría variable con matices. Y es que a pesar de los acuerdos con republicanos y socialistas —que los ha habido y de importantes— el PP es a pocos meses de terminar el mandato, de largo, el partido que ha modulado con su apoyo el proyecto de ciudad. No sólo por el número de pactos, sino sobre todo por su relevancia y traducción en el día a día de la ciudadanía. A continuación, cinco de los acuerdos más emblemáticos.

1. Barra libre hotelera en Ciutat Vella

Una de las decisiones de mandato más recordadas entre el tejido vecinal ha sido la modificación del Plan de usos de Ciutat Vella, sellada con el apoyo del PP. El anterior equipo municipal, con Jordi Hereu a la cabeza, había reaccionado -aunque tarde, como admitía el propio Ricard Gomà (ICV) en esta entrevista- y aprobó, en 2010, un Plan de usos con algunas limitaciones pero con bastante buena acogida en la zona.

El alma de aquel proyecto fue la concejala independiente Itziar González, que despertó la oposición radical del empresariado, especialmente del sector hotelero, que quería continuar explotando las oportunidades de Ciutat Vella. Un distrito delicado, ya que representa el 6% de la superficie de Barcelona, mientras concentra el 40% de todas las plazas hoteleras-. González, harta de presiones y amenazas, dejó la política.

El caso es que la modificación vía CiU-PP dejaba en papel mojado aquella sufrida suspensión de licencias que evitaba la proliferación de locales de restauración y el ocio y abría, de nuevo, la caja de los truenos: más hoteles y discotecas. Una decisión que, en poco tiempo, ha sometido a la zona a más presión turística que nunca, y que ha afectado a barrios periféricos, como el Poble Sec y San Antoni.

Y es que, como siempre ha ocurrido en Ciutat Vella, todo lo que pasa supera sus fronteras y tiene un efecto mancha. A través del Pla Paral·lel, que busca la revalorización de una avenida con tentáculos en Raval, Sant Antoni y Poble Sec -tres barrios de tres distritos diferentes- se ha extendido el itinerario turístico y, en consecuencia, los locales que crecen alrededor de este sector.

El caso de Ciutat Vella, además, esconde un aspecto menos visible, pero especialmente representativo. La perversión del sentido que deberían tener los planes de usos. Una herramienta que debería ser estrictamente útil para blindar los derechos de los ciudadanos y los usos públicos del espacio ha acabado al servicio de los intereses privados. El precedente de Ciutat Vella ha hecho crecer entre el tejido vecinal y asociativo barcelonés la sensación de que la participación ciudadana, expresada en este tipo de instrumentos, quedaba relegada a la apariencia, más que en la praxis propositiva.

2. El pelotazo de La Maquinista

El modelo comercial de Trias dista mucho de lo que, sobre el papel, se esperaba. Históricamente se le ha atribuido cercanía con el pequeño comerciante. Sin embargo, el tejido comercial de proximidad ha levantado la voz en más de una ocasión por las políticas de gran formato del consistorio.

Un caso paradigmático es la ampliación del Centro Comercial La Maquinista. La aprobación a mediados de mandato, y de nuevo con el apoyo del PP, suponía la recalificación de los 92.000 m² que hay delante del centro, en una macrooperación que repartía 47.000 m² para levantar cinco grandes torres de 588 pisos; y 45.000 m² más para ampliar la oferta comercial.

A cambio, Trias se comprometía a incluir en el plan de obras una escuela que hacía seis años que funciona en barracones, lo que fue tachado por la oposición de "chantaje". Rápidamente el tejido vecinal de la zona, así como el comercio de proximidad, reaccionaron. Cobijados bajo el paraguas de la plataforma ' No al Pelotazo de La Maquinista' criticaron el acuerdo por ser una "jarro de agua fría" a las aspiraciones del barrio e incluso algunas asociaciones de comerciantes, como la de Sant Andreu Nord, desmintió al PP, que aseguraba que contaba con su apoyo.

A pesar de las movilizaciones y el malestar en el barrio, el Consejo Plenario del Ayuntamiento de Barcelona rechazó una proposición presentada por ICV que planteaba la convocatoria de una consulta ciudadana en Sant Andreu para decidir sobre el proyecto de ampliación del centro comercial. Una vez más, CiU y PP se unían para vetar el derecho a decidir del vecindario.

Uno de los aspectos anecdóticos, pero reveladores del caso, es que la contrapartida de esta operación -un supuesto impacto económico de 320 millones de euros y la creación 1.200 puestos de trabajo- la anunció el propio Alberto Fernández Díaz, en lugar del alcalde Trias, ejercido de portavoz de facto del Ayuntamiento. Una acción que se repetiría en el futuro.

3. Privatización de los aparcamientos públicos o la operación SABA

El papel del PP también ha sido clave para impulsar otra gran operación -en este caso con el apoyo de UpB [coalición con la que se presentó ERC]- como ha sido el de la concesión de la gestión de aparcamientos públicos a Saba Aparcamientos, SA, el operador de referencia en la explotación de aparcamientos, con una inmensa cartera de plazas de parking en España, Andorra, Italia, Portugal, Chile y Francia.

En concreto, el acuerdo permitió la concesión de 15 aparcamientos públicos del centro de Barcelona durante 25 años a una nueva empresa mixta, Bamsa, participada al 40% por el mismo consistorio y al 60% por Saba, la compañía que ya tenía la mayoría de los parkings privados del centro urbano. Saba pagó 232 millones al Ayuntamiento para conseguir el 60%, 72 más de los que se pedía de entrada en el proceso de licitación.

PSC e ICV-EUiA tacharon la decisión "de ideológica" y de favorecer la "concentración y el monopolio"; y se mostraron especialmente duros con el papel de ERC. El partido del Gobierno y el PP pusieron en valor la contrapartida social que suponía la licitación: pisos sociales y equipamientos. Unos recursos que, según la oposición y en base al superávit de la ciudad, se podían proyectar igualmente sin necesidad de privatizar los aparcamientos municipales.

4. La Marina de lujo del Port Vell

Este ha sido también el mandato que ha permitido la llegada de yates de lujo y de gran eslora al Port Vell, junto al popular barrio de la Barceloneta. De nuevo, los votos de CiU y PP permitieron sacar adelante el proyecto de Marina de lujo, que levantó y todavía hoy levanta una fuerte oposición entre los vecinos por la inexistente participación ciudadana, la privatización del espacio público, así como la opacidad de las autoridades municipales en toda la gestión del proyecto.

Incluso a mediados de 2014, la Oficina Antifraude de Cataluña (OAC) abrió una investigación para estudiar la procedencia del dinero invertido en la Marina de lujo. Antes, en el verano de 2012, se fundó la plataforma  Defensem el Port Vell que reunía diversas organizaciones, como la Asociación de Vecinos de la Ostia, representantes del tejido asociativo y gente del mundo profesional y académico. En el consistorio, PSC, ICV-EUiA y UpB votaron en contra, mientras el concejal de Hábitat Urbà, Antoni Vives, aseguraba tener "la conciencia muy tranquila".

Desde las montañas del barrio del Carmel, al otro extremo de la ciudad, se pueden ver hoy barcos de dimensiones colosales, como el Oasis of the Seas, uno de los más grandes del mundo; o el más grande de todos, el famoso Eclypse, propiedad del magnate ruso Roman Abramovic, con 170 metros de eslora, dos piscinas, discoteca y dos helipuertos en cubierta.

El contraste todavía se hace más notorio si recordamos que la mayoría de los pisos de la Barceloneta, uno de los barrios más humildes de la ciudad, están por debajo de los 30 m². CiU y PP volvieron a votar juntos el 'no' a la petición ciudadana de abrir a referéndum este proyecto.

5. Plan de usos de Gracia, papel mojado

Un hotel de lujo ubicado en la torre Deutsche Bank será el lazo del modelo de ciudad de Trias. Una vez más, el líder del PP en el Ayuntamiento de Barcelona anunciaba, hace un mes, un acuerdo con CiU para llevar a cabo esta operación que desvanecía cualquier tipo de duda sobre el futuro de la torre y, a la vez, provocaba la indignación del vecindario de la zona, en plena elaboración y redacción de un plan de usos para la Vila de Gràcia.

Un plan de usos que, precisamente, velaba por preservación del espacio público ante la proliferación de nuevos hoteles, como los proyectados en la Plaza del Sol o en la confluencia de Travessera de Gracia con Torrent de l'Olla. "Nos preocupa que mientras el vecindario está trabajando propuestas para mejorar la vida y el espacio público del barrio, nos hayamos enterado a través de los medios de la noticia, y no dentro del marco que ofrece el proceso participativo", explicaba recientemente un miembro de la plataforma Gracia cap a on vas? a este medio.

Para sacar adelante el proyecto será necesaria una modificación urbanística que permitirá sustituir la torre situada en el paseo de Gràcia con la avenida de la Diagonal por un edificio más alto y convertirlo en un hotel de cinco estrellas. La modificación del Plan General Metropolitano (PGM) permitirá ampliar en 4.775 m² de techo residencial la torre Deutsche Bank, que pasará de 14.000 m² en casi 19.000 m².

Estos son sólo cinco ejemplos representativos, pero habría que añadir pactos igualmente importantes. Desde presupuestos e inversiones; pasando por las reformas emblemáticas del mandato -paseo de Gracia, Diagonal o paralelo- o la ordenanza de terrazas; hasta acabar con medidas fiscales, como las que han tenido un fuerte impacto en la promoción del uso del vehículo privado.

Sin obviar los acuerdos que han impedido medidas de reducción de la desigualdad. Dos especialmente. A finales de 2014, CiU y PP rechazan dotar a Barcelona de un plan de rescate social para combatir las desigualdades, a propuesta de ICV-EUiA. Y antes, en enero del mismo año, CiU y PP bloquean la petición del PSC de la creación de un nuevo plan de barrios que tenía por objetivo combatir con medidas concretas la pobreza y la desigualdad creciente en los barrios de la ciudad.

Preguntado por esta cuestión, el teniente de alcalde de Hábitat Urbano, Antoni Vives,  negó en una entrevista con eldiario.es cualquier tipo de estrategia estable con el PP y justificó los pactos con los populares en base a las negativas del PSC. Un poco más de información dio la concejal Sònia Recasens en La Vanguardia, donde habló de "sintonía personal". Una sintonía que ha permitido a los representantes de CiU olvidar el boicot permanente del PP al derecho a decidir de los catalanes.

Una de dos. O y CiU y PP han sabido aparcar sus diferencias siderales expresadas en otros ámbitos o, simplemente, Barcelona ha hecho aflorar las mismas similitudes que durante décadas les convirtió en aliados.

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