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Reiteración

Sí, señor magistrado, son las ideas y no la maldad intrínseca las que empujan a matar en muchísimas ocasiones: así lo es en el caso de la violencia machista

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Quizás sí que me hago pesada escribiendo, una vez más, sobre la violencia machista, pero más pesados –y peligrosos– son quienes la practican y me obligan, pues, a manifestarme reiteradamente en contra.

Primer día del año y primer asesinato de una mujer solo por el hecho de serlo. En realidad, a esta mujer de Madrid, de 40 años, las cuchilladas se las había propinado su pareja, un joven de veinte años, dos horas antes de que se acabara el 2016, pero ella murió cuando las doce campanadas ya habían anunciado que estábamos en 2017.

El mismo día 1, un magistrado del Tribunal supremo hacía un tuit referido a este asesinato diciendo que era: “una manifestación más de la maldad”. Se entiende “la maldad” humana en general.

Han pasado 20 años desde 1997, cuando Ana Orantes, una mujer que había denunciado en televisión el maltrato que había sufrido durante su vida conyugal, fue quemada viva por su expareja y la sociedad sufrió una especie de epifanía psicológica. Fue una revelación repentina de que aquello que siempre se había visto como normal e íntimo, ni era normal ni tenía nada que ver con la intimidad: era violencia machista.

Han pasado 20 años y tenemos la Ley integral contra la violencia de género y leyes como la catalana del derecho de las mujeres a vivir libres de violencia y el teléfono 016 a disposición de víctimas y de testigos de este tipo de violencia.

Han pasado 20 años y somos casi 2000 mujeres menos. Siempre usando los criterios de Feminicios.net y no los del Ministerio, que se deja muchas muertes en el tintero: las de todas aquellas que no han tenido una relación romántica con el agresor.

Han pasado 20 años y, pese a ello, un magistrado del Tribunal Supremo es capaz de decir que “si la mujer tuviera la misma fuerza física que el hombre, esto no pasaría”. Este magistrado se olvida de que la fuerza física en el siglo XXI no tiene el mismo peso que en el Paleolítico. Ahora las grúas hacen las tareas que antes hacían los bíceps. Y actualmente la sofisticación de las armas de matar hace que una mujer delgaducha, sin ninguna fuerza muscular, pero con un cinturón de explosivos bajo la ropa, se pueda autoimmolar solo con el objetivo de llevarse por delante al mayor número de personas que no piensen como ella.

Sí, señor magistrado, son las ideas y no la maldad intrínseca las que empujan a matar en muchísimas ocasiones. Y es así en el caso de la violencia machista, en el que el hombre considera a la mujer una propiedad a la que, como si fuera un objeto, puede romper si le apetece.

Y no, señor magistrado, “no hay cifras negras de maltratos hacia los hombres”, como decía su tuit. Los maltratos hacia los hombres son puntuales. En cambio, los maltratos hacia las mujeres son estructurales y basados en una estructura, la patriarcal, que coloca a los machos en situación preeminente.

Señor magistrado, mientras haya personas que piensen como usted, no conseguiremos erradicar la violencia machista.

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