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La ‘tercera vía’, una última oportunidad entre Catalunya y España

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La tercera vía siempre ha estado ahí. Bajo diferentes nombres. Federalismo, Estado confederal, Estado libre asociado… incluso el pacto fiscal era eso, un camino de en medio en la relación entre Catalunya y España. Pero nunca como ahora había ocupado el centro del debate. Desde el 11 de septiembre del 2012, el único dilema era independencia o status quo. Que, aplicado a la consulta, era votar ‘si’ o ‘no’, y punto. La reclamación del ‘derecho a decidir’ era eso, elegir si Catalunya quería ser, o no, un ‘nuevo estado de Europa’. Esta era, y es, la legítima estrategia del soberanismo porque más de dos opciones restan fuerza a las aspiraciones independentistas. En frente, el españolismo centraba los esfuerzos en evitar la consulta porque sabía, y sabe, que la opción de la independencia tenía todas las de ganar en las urnas.    

Mientras, el PSC clamaba por el federalismo en el desierto. Un federalismo difuso, sin concretar, que nunca logró calar en la opinión pública. Hasta que el líder de Unió Democràtica de Catalunya (UDC), Josep Antoni Duran i Lleida, lanza la idea de la ‘tercera vía, en vísperas del debate de política general. Es decir, seguir en España pero a partir de unas nuevas bases. Como en el caso de los socialistas, Duran tampoco aclara cómo debe ser esta nueva relación, pero su apuesta rompe los bloques que se estaban configurando. Ahora, en el caso de una hipotética consulta con tres opciones, posiblemente nos encontraríamos con una alianza independentista entre CUP, ERC y CDC; un frente españolista o unionista de carácter claramente conservador (PP y Ciutadans) y una ‘tercera vía’ que convertiría al PSC y a UDC en extraños compañeros de viaje, a la espera de una decisión por parte de ICV.

Todos los bloques tendrían, por supuesto, fugas hacía otras opciones, pero las cúpulas de los partidos acudirían a las urnas con opciones definidas. O no. Porque en Catalunya la ambigüedad da buenos réditos. En la segunda jornada del debate de política general tuvimos el mejor ejemplo. Artur Mas desautorizó las terceras vías. “Estamos donde estamos –afirmó- porque hemos acumulado cien años de decepciones sobre las terceras vías”. La última vez, recordó, con el Estatut.  Pero más tarde, en la respuesta a la líder del PP, Alicia Sánchez-Camacho, dijo: “Unos dirán: pensamos que para Catalunya es mejor estar dentro del Estado, tal y como estamos ahora. Perfectamente respetable;. Habrá otros que dirán: "Escúcheme, yo, lo que pretendo es un statu quo totalmente diferente, pero con algún tipo de acuerdo con el Estado español. Legítimo. Y luego habrá algunos que también legítimamente dirán: yo quiero un Estado propio dentro de una Unión Europea". Es decir, aceptaba una consulta con tres opciones, una de ellas la ‘tercera vía’.

Los partidarios del ‘si’ o ‘no’ se aferran a la primera frase. Los ‘federalistas’ a la segunda, aliviados porque el ‘todo o nada’ los abocaba a un dramático dilema, entre apostar por la independencia o por una España que, como decía Artur Mas, durante cien años ha desoído las aspiraciones catalanas. Pero más allá de las ambigüedades del President y de CiU, la ‘tercera vía’ surge como la última oportunidad de entente entre Catalunya y España. Y sólo tendrá oportunidad de prosperar si desde los partidos políticos de ámbito estatal se implican a fondo en la construcción de una alternativa creíble para aquel sector de la sociedad catalana que aún no ha tirado la toalla. Que aún cree que vale la pena volver a intentarlo. Si no, sólo quedará la independencia.

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