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El independentismo gana en Catalunya pero sin la mayoría necesaria para Mas

El resultado del 27-S es un triunfo del proceso, pero no de Artur Mas, que queda a expensas de una CUP que ha prometido expulsarlo del Palau

El president cuenta con ascendente suficiente en las entidades para presionar a la izquierda independentista, pero una posición demasiado intransigente en lo personal podría tensionar Junts pel Sí hasta romperlo

El cambio de mayorías en Catalunya es rotundo, con un bloque independentista que obtiene por primera vez la mayoría absoluta, una tercera vía reducida a un quinto del Parlament y una oposición liderada por el emergente Ciutadans

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Artur Mas pronuncia su discurso en la plaza del Born tras conocer la victoria del independentismo / SANDRA LÁZARO

Artur Mas pronuncia su discurso en la plaza del Born tras conocer la victoria del independentismo / SANDRA LÁZARO

El independentismo ha ganado las elecciones autónomicas catalanas por primera vez en la historia. Entre Junts pel Sí y la CUP suman 72 diputados, 4 por encima de la mayoría absoluta. La ciudadanía catalana ha convertido a este 27S en un plebiscito acudiendo masivamente a las urnas, que ha resultado en una participación récord rozando el 80%. Pese a esto, entre las dos listas independentistas no han sido capaces de sumar el 50% de los votos, una cifra que daba un importante plus de legitimidad, no solo interna sino de cara a la comunidad internacional.

El resultado del 27S es un triunfo del independentismo, pero no de Artur Mas. Con el actual resultado al president no le valdría ni siquiera con la abstención de la CUP para ser investido, ya que el resto de partidos suman más que Junts pel Sí. La candidatura de la izquierda independentista viene asegurando que no investirá a Mas ni por acción ni por omisión, por lo que este resultado podría desembocar en el final político del líder de Convergència.

Quedan por ver los planes de un Artur Mas que ha demostrado tener siempre un as en la manga. El líder nacionalista mantiene un importante ascendente dentro de las entidades independentistas e intentará situar la presión sobre la CUP. Pero si el inmovilismo de Mas es demasiado fuerte, podría tensionar hasta romper una candidatura que tiene como mínimo común la independencia.

El independentismo catalán ha demostrado sobre el papel lo que las manifestaciones independentistas de la Diada y la participación en el 9N apuntaban: la capacidad de articular un bloque capaz de obtener mayorías amplias en el Parlament. El antiguo catalanismo que siempre ha sido mayoritario en Catalunya se ha transmutado en un independentismo, cocido a fuego lento durante los últimos 10 años.

En la nueva Cámara el objetivo nacional del independentismo será mayoritario. El nuevo gobierno, que necesitará el apoyo de la CUP, tendrá la tarea de implementar el deseo constituyente mostrado por los catalanes que, en cualquier caso, deberá ser validado en un referéndum. La victoria en escaños pero no en número de votos, que han sido 1,8 millones (48%) para los opciones independentistas y de casi 2 millones (52%) para los partidarios de continuar en el Estado español, legitima al nuevo Govern para continuar con el "procés" y con su hoja de ruta, pero también le obliga a buscar fórmulas refrendarias para legitimar una eventual secesión.

Adiós a un sistema de partidos después de 40 años

Los resultados de este domingo son la constatación de una tendencia: el sistema tradicional de partidos catalán ha implosionado y de la mayoría de antiguos actores hegemónicos apenas quedan añicos. El principal grupo de la oposición será Ciutadans, un partido con solo 10 años de vida que ha aprovechado el escenario de polarización nacional para convertirse en el voto útil unionista. Con Inés Arrimadas como candidata, la formación naranja ha alcanzado el récord histórico de representación con 25 asientos, un trabajo atribuible a Albert Rivera, que ha liderado la formación desde su nacimiento y que en el nuevo curso probará suerte en el Congreso de los Diputados, donde aspira a ser la expresión electoral del nuevo liberalismo español y hacerse con la llave de gobierno del Estado.

Los de Arrimadas liderarán un bloque en el Parlament catalán que apuesta por más centralización o, al menos, por mantener el statu quo autonómico, algo para lo que están en clara minoría pues solo encuentran aliados en el PP, una formación a la que ha desguazado. El duro discurso de Xavier García Albiol no ha podido hacer nada ante el avance de Ciutadans, y el daño inflingido por Arrimadas en Catalunya será usado como arma por Rivera en el escenario español.

Además de con una mayoría independentista, la Cámara catalana contará con la mayoría  más grande de su historia en la reclamación de autogobierno. De 135 escaños, 83 consideran a Catalunya como un sujeto con derecho a decidir, y otros 16, los del PSC, proponen un nuevo encaje constitucional. Los socialistas, después de sufrir importantes escisiones por su posición sobre el proceso soberanista, han mostrado una resistencia inusual, que puede imputársele en buena medida a Miquel Iceta, un candidato que se ha hecho fuerte allí donde Podemos esperaba hacerlo.

Más autogobierno pero menos tercera vía

El hecho de que el PSC aguante hace difícil explicar el batacazo de Catalunya Sí que es Pot solo por la polarización nacional. La candidatura conjunta de Podemos e ICV-EUiA ha sido incapaz de articular una propuesta creíble por la izquierda, un espacio que le ha comido la CUP, pero tampoco por el de la nueva política que llevó a Colau a la alcaldía y ni siquiera como opción federalista. Cuando la candidatura comenzó a formarse, hace cuatro meses, parecía imposible un resultado por debajo del obtenido por ICV-EUiA en las elecciones de 2012.

Es cierto que ICV-EUiA era una formación que acusaba un desgaste muy importante. Pero no lo ha mejorado la omnipresencia de Pablo Iglesias en campaña, que ha conferido a la candidatura liderada por Lluís Rabell una imagen de sucursalismo que la izquierda catalana suele castigar. "España necesita un presidente que escuche a Catalunya y yo quiero ser ese presidente", ha explicado el líder de la formación morada tras conocer los resultados, revelando su visión del 27-S como una palanca para su partido de cara a las elecciones generales.

El 27S ha certificado un cambio político en Catalunya que empuja en la dirección de cierre definitivo del proceso soberanista. Más proceso soberanista, quizás, pero radicalmente nuevo y con el objetivo de conseguir un objetivo plausible a corto plazo. La semana que viene el anticapitalismo tendrá en su mano hacer que abandone el cargo quien hasta hoy ha liderado el movimiento; la vía federalista ha quedado reducida a 39 escaños y la mayoría absoluta de la Cámara reside en dos formaciones con un programa claramente independentista. El nuevo escenario catalán se completará en tres meses, cuando se compruebe si el terremoto nacional ha llegado también a España.

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