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Voix Vives echa el cierre con poética visual, mujeres “visibles” y ayuda a refugiados

Las editoriales Lastura y Juglar presentan el libro colectivo ‘Refugiamos’, cuyos beneficios se destinan íntegramente a Proactiva Open Arms

En el set de eldiarioclm.es, hablamos con el artista Gustavo Vega: “entiendo la poesía como un instrumento de visión”

La poeta gallega Luz Pichel defiende el rescate del 'castrapo' y la visibilización de las mujeres en este género

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Presentación del libro colectivo 'Refugiamos', en el Festival Voix Vives

Presentación del libro colectivo 'Refugiamos', en el Festival Voix Vives

Es la acción social, la palabra contestataria y solidaria, una de las facetas del Festival Internacional de Poesía Voix Vives de Toledo que se ha hecho más fuerte este año. En los escaparates de la ciudad intervenidos por los artistas, en las 'performances' y en los versos desplegados por calles y plazas, ha habido estos tres días siempre una palabra atada a la actualidad que vivimos. La mayor representación de este compromiso se ha llevado a cabo en la 'Plaza de la Poesía y el Arte Modesto' con la presentación, en el último día del festival, del libro colectivo ‘Refugiamos’.

Se trata de una obra ideada y coordinada por Graciela Zárate Carrió y financiada en su totalidad por Lastura Ediciones y Editorial Juglar. Todos los autores han aportado sus textos sin percibir ninguna retribución con el fin de que el total de la recaudación vaya destinado a Proactiva Open Arms, organización que lucha por ayudar a los refugiados que llegan a las costas griegas.

Han participado, entre otros, en llenar sus páginas de palabras Begoña Abad, Julio Béjar, Katy Parra, Francisco Caro, Tulia Guisado, Amelia Díez Benlliure, José Soria Estevan, Toño Jerez, Xavier Frías Conde e Inma Luna. Estos son algunos de los versos de esta última poeta y antropóloga, también invitada de Voix Vives:

Esto no es una manta,

no puede ser suave, aunque lo escriba, ni calentar un cuerpo.

No es un vaso de agua

ni una cuna.

Esto no es un corazón

ni un dormitorio.

No es una casa con balcones,

no es un café en la lumbre al que ponerle azúcar.

Esto no puede canjearse por un pueblo,

no aliviará la tos de ningún niño

ni evitará una sola muerte o un dolor.

Como reflejo de un mundo lleno confluencias plásticas ha permanecido en el Museo de Santa Cruz de Toledo la obra del poeta visual leonés Gustavo Vega. Este polifacético artista leonés comenzó a experimentar con los versos plásticos en los años 70. Pero fue a finales de esa década, tras estudiar Filosofía en Roma, cuando formó en Barcelona un grupo que hizo de la poesía visual su mayor manifiesto: que “el poeta puede valerse de cualquier medio para expresarse”.

Gustavo Vega

Gustavo Vega

Esa ha sido desde entonces su pauta para trabajar, convirtiéndose en uno de los artistas de referencia del país. Acude por primera vez al Festival Voix Vives de Toledo, tras haber pasado por Sète (cuna francesa del certamen) y comparte espacio con El Greco en uno de los museos más emblemáticos de la ciudad.

¿Qué opina Vega sobre el lenguaje y la temática de su poesía visual? “Si, por ejemplo, estoy pintando, ahí ya hay una intención poética, aparece de alguna manera el lenguaje. Si no como primer plano, aparece como sustrato o como elemento que configura la obra, aunque lo que se vea a primera vista sea plástico”. Es el artista de los códigos. Realizó su tesis doctoral sobre esta especialidad, recogiendo términos que ya existían como el caligrama o el ideograma y acuñando otros nuevos que ha utilizado como “metáfora plástica”.

Poesía visual de Gustavo Vega

Poesía visual de Gustavo Vega

“Intento abarcar todos los campos. Puede ser poesía escrita, poesía de acción y también sonetos comestibles y bebibles”, explica sobre la parte “jocosa” de su arte. En este último caso, se trata de jugar con la fórmula del soneto clásico mientras se va formando, acompañándolo de sonidos simples. Lo que no hay definido es una temática porque siempre es la misma: “la inexpresable del ser humano”. “Entiendo la poesía como un instrumento de visión, intento expresarme y la poesía expresa lo inexpresable”.

Es esta una máxima que se repite entre los participantes en el Festival Voix Vives. La poeta gallega Luz Pichel abarca con sus palabras todo el mundo rural de su infancia en Alén (Pontevedra). En la escuela un día realizó un “casi verso sin importancia” que gustó a su profesora, quien la animó a seguir haciendo poesía. Fue al estudiar cuando comprendió que podía dar voz a ese universo infantil. Su obra no fue conocida hasta que cumplió los 40 años, lo que no impidió su compromiso “con el mundo y con la realidad”.

Luz Pichel

Luz Pichel

Pichel ha convertido también su poesía en una reivindicación del 'castrapo', una variante popular del castellano que se habla en Galicia y que usa expresiones tomadas del gallego. “Es mi forma de expresar lo que he vivido, de convertir una lengua que es fea, en algo poético y bello”. Un vistazo a los versos de ‘La marca de los potros’, ‘Casa pechada’ o ‘Tra(n)shumancias’ es el recorrido más fiable para conocer a una poeta pegada a la tierra.

Y lo hace reivindicando su papel como mujer. “Las mujeres ya llevamos mucho tiempo consiguiendo despuntar en todo lo que no nos habían dejado. Ya llevamos mucho tiempo en el camino, pero necesitamos más visibilidad en todos los ámbitos, y en esa pelea nunca debemos pararnos”. 

El Festival de Poesía Voix Vives echa el cierre con un espectáculo de poesía y música en el Castillo de San Servando de Toledo. El recital colectivo de buena parte de los 33 poetas participantes y la presentación del disco 'Justicia poética' del cantautor toledano Carlos Ávila pondrán el broche de oro a esta cuarta edición.

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