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Agnès Varda: "Soy la dinosaurio de la Nouvelle Vague"

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Agnès Varda: "Soy la dinosaurio de la Nouvelle Vague"

Agnès Varda: "Soy la dinosaurio de la Nouvelle Vague"

"Me llamaban la abuela de la Nouvelle Vague, pero ahora digo que soy la dinosaurio de la Nouvelle Vague". A sus 89 años, la directora belga Agnès Varda mantiene intacto el humor, la curiosidad y la actividad artística por la que el Festival de San Sebastián le entrega hoy el Premio Donostia.

El primero de los grandes premios honoríficos de esta 65 edición del certamen es un tributo a su trayectoria, pero Varda también presenta película, el documental "Caras y lugares", una "road movie" por la Francia rural que ha hecho acompañada del fotógrafo y artista callejero JR.

Pese a la diferencia de edad -él tiene 34 años- ambos demuestran una gran complicidad en pantalla cuando acuden, a bordo de una furgoneta, al encuentro de franceses anónimos -mineros, agricultores, camareros, estibadores- para oír lo que tienen que decir y hacerles unos singulares retratos fotográficos.

"La idea era poner en valor a la gente que no tiene poder, escuchándoles y también haciendo esas fotografías gigantes", ha explicado a Efe la directora de "Cleo de 5 a 7" o "Sin techo ni ley".

"Intentamos a la vez ser modestos, porque los encuentros y las fotos son efímeros, y activos para comprenderles; pienso que crear vínculos es una sensación muy útil en un mundo caótico como en el que vivimos", sostiene.

En realidad el espíritu de "Caras y lugares" no se aleja mucho del que inspiró una de sus primeras películas, "Daguerrotypes", un documental en el que filmó a los comerciantes de la calle de París en la que vivía.

"Me veo como una directora de ficción, pero de vez en cuando siento la necesidad de volver al origen, y el origen de la comprensión para un cineasta es el documental", considera la autora del también celebrado "Los espigadores y la espigadora".

Pionera del cine feminista y única mujer que ha desarrollado una carrera como cineasta a partir de aquella eclosión creativa de la Nouvelle Vague, Varda recibe honrada premios como el Donostia que recogerá esta tarde o el Oscar honorífico que le entregarán el año que viene.

Pero lo que más ilusión le hace es la posibilidad de reencontrarse con el público que le está brindando "Caras y lugares" a alguien que, como ella, se considera una directora "marginal".

"No hay una relación directa entre los premios y el éxito comercial. Yo soy bastante conocida como cineasta porque llevo mucho tiempo haciendo películas, pero me cuesta encontrar financiación para producirlas", admite.

En ese sentido, considera un éxito la recepción que está teniendo su película con JR. "Cuando veo que a la gente le gusta, que reacciona, se ríe o se le cae una lágrima, es una gran recompensa", dice.

De alguna manera, "Caras y lugares" es un alegato a favor de la ternura y la proximidad.

"Yo no puedo impedir que cada día la gente se ahogue en el mar intentando ir a otro país, o que haya inundaciones por el cambio climático. Soy consciente de todo eso, pero hay que vivir día a día y si logras estar en paz con tu entorno próximo, en tu trabajo, en tu vecindario, en tu pueblo, creo que es un logro importante", dice.

En la rueda de prensa previa a la gala, que se celebra a las 16 horas en el Teatro Victoria Eugenia, Varda ha sido recibida con aplausos y ha subrayado que más que un cine feminista, ella cree en un "cine radical", "libre" y con un sentido, aunque carezca de grandes presupuestos.

"Cuando empecé había tres o cuatro mujeres cineastas que hacían el oficio como los demás", recuerda. "¿Porqué no continuaron? Quizá no fueron suficientemente osadas, pero ahora hay cientos de mujeres cineastas en Francia", ha señalado.

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