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Devendra Banhart: "Fui a demasiados funerales en los últimos dos años"

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Devendra Banhart: "Fui a demasiados funerales en los últimos dos años"

Devendra Banhart: "Fui a demasiados funerales en los últimos dos años"

¿Qué sonaría en la recepción de un viejo hotel japonés que no recibe huéspedes desde hace décadas? Devendra Banhart se sintió atraído por ese concepto estético y comenzó a forjar las canciones de su noveno disco, al que, sin aviso ni previa invitación, se asomó la sombra de la muerte insistentemente.

"Fui a demasiados funerales en los últimos dos años... Ese sufrimiento es una experiencia muy específica", reconoce en una charla con Efe celebrada en Madrid este músico y artista plástico, que en el proceso de componer y grabar su nuevo álbum padeció, por ejemplo, las muertes de su amigo y colega Asa Ferry y la de su padre biológico.

Banhart (Houston, EE.UU., 1981) precisa, no obstante, que no es este un disco sobre la muerte. "No es un álbum que procesa la pérdida, pero la muerte inevitablemente informó las canciones", afirma sobre sus más recientes composiciones.

Explica en ese sentido que "Middle names", el sencillo que anticipó y que abre este trabajo, es en efecto un tema sobre Ferry, pero que empezó a componerlo antes de que le sobreviniera la parca.

Sobre "Mourner's dance" (el baile del doliente, en español), aparentemente más obvio en su relación con la muerte, cuenta que lo que lo motivó fue su relación con la esposa coreógrafa de su amigo Rodrigo Amarante y la curiosidad en torno a esta disciplina, a su capacidad para conmover. "¿Cuál sería la música en un funeral?", se preguntó a la hora de crearlo.

Reconoce a su vez que, de la misma manera que la muerte, también California y el barrio predominantemente mexicano en el que se grabó el disco lo maleó de alguna manera no explícita.

Desde su debut con "The Charles C. Leary" (2002), Banhart -hijo de estadounidense y venezolana- es uno de los grandes representantes del nuevo folk anglosajón. Con "Ape in pink marble" (Warner Music) cierra tres años de silencio musical desde su predecesor, "Mala".

Artista integral, asegura que desde hace años separa claramente las dos parcelas profesionales de su vida, pintura y música, aunque ambas nazcan impelidas por un fuerte componente estético-narrativo.

El título del nuevo álbum, por ejemplo, bebe tanto de la imagen que evoca (un mono vivo hecho de mármol rosa) como de la metáfora que encierra, una doble alusión al mundo masculino ("el mono, muy impulsivo y físico") y al femenino ("el mármol, sofisticado, a la vez muy bello y muy fuerte").

"La dirección de los discos ahora tiene mucho que ver con lo que intento evocar. No me planteo las canciones en función de los instrumentos, sino más bien del tipo de película que quiero proyectar", revela.

En este caso, el escenario era "un hotel imaginario en una parte de Japón que nadie visita, en un Oriente imaginario y desvencijado que hace 20 años que no recibe ninguna visita, pero que sigue siendo muy misterioso".

A partir de esa premisa, decidió incluir un koto (instrumento tradicional japonés), pero también sintetizadores que, como el papel rasgado que imaginaba en las paredes de ese hotel, agonizaran. Para ello recurrió a teclados de pequeño tamaño, casi de juguete, y con las baterías a punto de agotarse.

"Creo que voy hacia un tipo de música en el que no hay agresión ni ataque", valora sobre sus últimos pasos en la música, que le encaminan en una dirección opuesta a aquella canción de Daft Punk, "Harder, better, faster, stronger".

"Es justo lo opuesto a lo que quería hacer: ser más callado, más lento, más tranquilo", señala el músico, que anuncia que su intención de que su próximo disco sea "predominantemente" en castellano y que en marzo volverá a Madrid para tocar en la ciudad.

Javier Herrero.

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