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Cuando Barcelona era una fiesta (y Valencia era su 'after')

Cuando los pijos de Barcelona descubrieron la electrónica, o el mito fundacional de la electrónica en la ciudad

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Nitsa La Nuit

NITSA fue planteado originariamente como un club pop e indie.

Para pasar a los anales de la historia, por muy discretamente que sea, todo movimiento necesita un mito fundacional. Y también un elenco de protagonistas carismáticos a los que recurrir para legitimar la ‘notoriedad’ de los acontecimientos.

En Madrid encontramos ‘la movida’ de los ochenta, de la que mucho se ha hablado y discutido, y en la que confluyeron una cierta liberación sexual, la eclosión de diferentes campos artísticos, gente de toda España y de todo tipo, drogas y una serie de clubes que sirvieron como lugares en los que alargar la noche, todo bien mezclado y agitado.

La Ruta Destroy, o Ruta del Bakalao, en Valencia, se configuró como un peregrinaje capaz de desafiar tanto a los horarios de fiesta como a la separación entre géneros musicales. Los fines de semana se dilataron, los clubes de la periferia de la ciudad abrían hasta horas antes impensables, y la mescalina triunfaba como lubricante de los salvajes maratones.

El círculo fundacional: Nitsa 94/96

En España, entre estos dos fenómenos culturales, Barcelona reclama su propio mito fundacional. En este caso, de la escena electrónica, previa a la explosión en otros enclaves del país. Según el documental NITSA 94/96, dirigido por Alex Julià, fue este club el que centrifugó, en su primera y discreta ubicación en la zona alta de Barcelona, la mayor parte del fenómeno.

Varias de las voces del documental, como apunta Dj Coco, que sigue como actual residente del club, reconocen haber descubierto en sus noches la música electrónica, desde el público hasta los mismos DJs. A lo largo del documental, sin voz en off, escucharemos los recuerdos e impresiones de hasta 35 voces –DJs, productores y gente del círculo, en su mayoría– que vienen a decir lo mismo: aquello estuvo muy bien, fuimos felices, nos pegamos unos bailes y comimos perdices (y pastillas).

Y es lógico que NITSA 94/96 presente una visión idealizada de lo que fueron aquellos años, principalmente por dos razones: la primera, porque el propio documental nace del núcleo de los que vivieron el nacimiento del club, y no de alguien externo que se interesa por ello debido a la trascendencia del fenómeno más allá de su reducido alcance. Y, segundo, como Julià mismo reconoce, uno siempre tiende a sacralizar los años años dorados de su juventud, normalmente sacrificando el lado oscuro que inevitablemente viene asociado con ellos.


Los mitos convenientemente olvidados

NITSA 94/96 es, más que un documental, un trabajo cuya finalidad es recrear las sensaciones positivas que significó para sus protagonistas, dotando de un aura mítica a aquellos gloriosos años en los que supuestamente la electrónica desvirgaba Barcelona. Para ello, obviamente, hay algunos puntos que hay que pasar por alto, como que ya en 1989 el músico César de Melero manejaba Ars Studio, el primer local que dio cabida al Acid House en la Ciudad Condal.

Ante los comentarios que despierta el documental, no es extraño escuchar que NITSA fue el fin y la culminación de la llegada de la electrónica a Barcelona, y no su origen real. Es como si NITSA y la gente que ahí se reunieron acabasen por completar la masa crítica necesaria para asentar la electrónica en la ciudad, pero no que fuesen sus impulsores originarios.

Por muy nuevo que todo aquello pareciese, a pocos kilómetros ya llevaba años sucediendo. Había gente que desde hacía años cruzaba fronteras para perseguir aquellos sonidos antes de que llegasen a la misma ciudad. Pero, viendo el exponencial crecimiento de NITSA tras aquellos primeros años, y los negocios paralelos que de ahí surgieron, el público y los creadores de NITSA sí contaron con una capacidad, tanto económica como de influencia, para institucionalizar la electrónica y convertirla en una pieza más de las ofertas de ocio en Barcelona.

La prueba es que de su entorno nacen tanto el Sónar como el Primavera Sound. NITSA fue planteado originariamente como un club pop e indie y, por eso, figuras como la de Aleix Vergés (el malogrado Dj Sideral) cuyo carisma marcó apasionadamente la escena de la electrónica, de la que apenas sabía nada.

El nacimiento de NITSA no desafió a nadie ni a nada: su nacimiento fue pacífico, feliz y ordenado, muy en la línea de la Barcelona posa’t guapa, en sintonía con el lavado de cara que la ciudad propuso para recibir a los Juegos Olímpicos dos años atrás

Todo movimiento cultural "revolucionario" de alto vuelo desafía cierto establishment, desde los beatniks a los hippies, pasando por la cultura rave del verano del amor en Inglaterra en 1989. Salvando todas las distancias, en NITSA 94/96 no encontramos ningún tipo de mención a conflictos con el Ayuntamiento, o al impacto negativo de las drogas –que lo hubo, y además de forma muy dramática–, o a expresiones culturales, más allá de los simpáticos flyers, que emergiesen en la ciudad y la pusieran patas arriba.

Ni rebeldes, ni transgresores

El nacimiento de NITSA no desafió a nadie ni a nada: su nacimiento fue pacífico, feliz y ordenado, muy en la línea de la Barcelona posa’t guapa, en sintonía con el lavado de cara que la ciudad propuso para recibir a los Juegos Olímpicos dos años atrás. En su primera ubicación, en aquellos dos intensos años, todo indica que fue un simpático lugar apto para que la gente bien se pegase unos bailes con lo que parecía el sonido más trendy y misterioso de la época.

La propuesta fue para muchos original y, sin duda, no fue un club cualquiera, como bien se demostrará después con la pervivencia y relevancia del club. Pero cómo flojea cuando se quiere elevar al estatus de mito fundacional. Uno puede preguntarse ¿qué dichosa necesidad hay?

Para rematar, el documental termina de un modo prácticamente corporativo, celebrando que NITSA sigue siendo un referente a día de hoy en la ciudad y en Europa. Al alcanzar los títulos de crédito el término del documental, en el último pase del Festival In-Edit del domingo, se escuchó un grito espontáneo entre el público: "¡Sí, pero ya no igual!".

Todo movimiento cultural necesita, si pretende pasar de algún modo a los anales de la

historia, por muy discretamente que sea, un mito fundacional. Y necesita, también, un

elenco de protagonistas carismáticos a los que recurrir para legitimar la ‘notoriedad’ de los

acontecimientos. En Madrid encontramos ‘la movida’ de los ochenta, de la que mucho se

ha hablado y discutido, y en la que confluyeron una cierta liberación sexual, la eclosión de

diferentes campos artísticos, gente de toda España y de todo tipo, las drogas y una serie de

clubes que sirvieron como lugares en los que alargar la noche, todo bien mezclado y agitado.

La Ruta Destroy, o Ruta del Bakalao, en Valencia, se configuró como un peregrinaje capaz

de desafiar tanto a los horarios de fiesta como a la separación entre géneros musicales. Los

fines de semana se dilataron, los clubes de la periferia de la ciudad abrían hasta horas antes

impensables, y la mescalina estaba ahí, como telón de fondo, como droga psicodélica de la

época que lubricaba las salvajes maratones.

En España, entre estos dos fenómenos culturales, parece que Barcelona también reclama su

propio mito fundacional. En este caso, de la escena electrónica, previa a la explosión en otros

enclaves del país. Según el documental NITSA 94/96, dirigido por Alex Julià, fue este club el

que centrifugó, en su primera y discreta ubicación en la zona alta de Barcelona, la mayor parte

del fenómeno. Varias de las voces del documental, como apunta Dj Coco, que sigue como

actual residente del club, reconocen haber descubierto en sus noches la música electrónica,

desde el público hasta los mismos djs. A lo largo del documental, sin voz en off, escucharemos

los recuerdos e impresiones de hasta 35 voces —Djs, productores y gente del círculo, en su

mayoría— que vienen a decir lo mismo: aquello estuvo muy bien, fuimos felices, nos pegamos

unos bailes y comimos perdices (y pastillas). Y es lógico que NITSA 94/96 presente una

visión idealizada de lo que fueron aquellos años, principalmente por dos razones: la primera,

porque el propio documental nace del núcleo de los que vivieron el nacimiento del club, y

no de alguien externo que se interesa por ello debido a la trascendencia del fenómeno más

allá de su reducido alcance. Y, segundo, como Julià mismo reconoce, uno siempre tiende a

sacralizar los años años dorados de su juventud, normalmente sacrificando el lado oscuro que

inevitablemente viene asociado con ellos.

NITSA 94/96 es, más que un documental, un trabajo cuya finalidad es recrear las sensaciones

positivas que significó para sus protagonistas, dotando de una áurea mítica lo que fueron

aquellos gloriosos años en los que supuestamente la electrónica desvirgaba Barcelona. Para

ello, obviamente, hay algunos puntos que hay que pasar por alto, o pasar de puntillas. Ya

en 1989, el músico César de Melero manejaba Ars Studio en Barcelona, primer local que

dio cabida al Acid House en la ciudad, del que poco se ha escrito o dicho sobre él. Ante los

comentarios que despierta el documental, no es extraño escuchar que NITSA, precisamente,

fue el fin y la culminación de la llegada de la electrónica a Barcelona, y no su origen real.

Es como si NITSA y la gente que ahí se reunieron acabasen por completar la masa crítica

necesaria para asentar la electrónica en la ciudad, pero non que fuesen sus impulsores

originarios. Por muy nuevo que todo aquello pareciese, a pocos kilómetros ya llevaba años

sucediendo, y había gente que desde hacía años cruzaba fronteras para perseguir aquellos

sonidos antes de que llegasen a la misma ciudad. Pero, viendo el exponencial crecimiento de

NITSA tras aquellos primeros años, y los negocios paralelos que de ahí surgieron, el público y

los creadores de NITSA sí contaron con una capacidad, tanto económica como de influencia,

para institucionalizar la electrónica y convertirla en una pieza más de las ofertas de ocio en

Barcelona. Prueba de ello serían, justamente, que de su entorno nacen tanto el Sónar como

el Primavera Sound. NITSA fue planteado originariamente como un club pop e indie y, por

eso, figuras como la de Aleix Vergés, conocido como Sideral, destacan en especial al haberse

lanzado apasionadamente y con carisma a insertar la electrónica sin apenas tener los mínimos

conocimientos sobre ella.

Todo movimiento cultural ‘revolucionario’ de alto vuelo desafía cierto establishment, desde los

beatnicks a los hyppies, pasando por la cultura rave del verano del amor en Inglaterra en 1989.

Salvando todas las distancias, en NITSA 94/96 no encontramos, por ejemplo, ningún tipo de

mención a conflictos con el Ayuntamiento , o el impacto negativo de las drogas —que lo hubo,

y además de forma muy dramática—, o expresiones culturales, más allá de los simpáticos

flyers, que emergiesen en la ciudad y la pusieran patas arriba. El nacimiento de NITSA no

desafió a nadie ni a nada: su nacimiento fue pacífico, feliz y ordenado, muy en la línea de la

Barcelona posa’t guapa, en sintonía con el lavado de cara que la ciudad propuso para recibir

a los Juegos Olímpicos dos años atrás. En su primera ubicación, en aquellos dos intensos

años, todo indica a que fue un simpático lugar apto para que colegas y conocidos, gente bien,

se reuniesen a pegarse unos bailes con lo que parecía el sonido más trendy y misterioso de la

época. La propuesta fue para muchos original, y sin duda no fue un club cualquiera, como bien

se demostrará después con la pervivencia y relevancia del club, pero, todo sea dicho, flojea

si todo ello se quiere elevar al estatus de mito fundacional. Uno puede preguntarse, ¿y qué

dichosa necesidad hay para querer presentarlo como tal?

El documental termina de un modo prácticamente corporativo, celebrando que NITSA sigue

siendo un referente a día de hoy en la ciudad y en Europa. Al alcanzar los títulos de crédito al

término del documental, en el último pase del Festival In-èdit del domingo, se escucha un grito

espontáneo entre el público, «¡sí, pero ya no igual!».

Tracks Clásicos de la Época

The Bells - Jeff Mills (1992)

Jeff Mills visitó el club y tiene vagos recuerdos sobre él.

https://soundcloud.com/djtimesmag/jeff-mills-the-bells-original

Laurent Garnier - Astral Dreams (1994)

Laurent Garnier reconoce en el documental no recordar su visita a NITSA en aquella época. Si

parece recordar un flyer anunciando la fiesta.

http://www.youtube.com/watch?v=FoEUsy1ZkhE

Sesión de Dj Sideral grabada en cassette (1994).

http://www.youtube.com/watch?v=taRlc36XsC0

Documental sobre la Ruta Destroy (2005) ‘72h y Valencia fue la ciudad’ dirigido por Juan Carlos

García y Óscar Montó

Reportajes para TV sobre la ‘Ruta Destroy’

http://www.youtube.com/watch?v=hdi9Fcy_4N0 (TVE)

http://www.youtube.com/watch?v=nV0UNtw14-o (Canal+)
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