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Once bandas neoyorquinas para llevarse al oído

Mientras Nueva York continúa en su deceso artístico principalmente por culpa de los disparatados precios del alquiler, músicos de distinto pelaje se resisten a sumarse a la diáspora emprendida por otros

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Empress Of - Fotografía de Tonje Thilesen

Empress Of - Fotografía de Tonje Thilesen

Que la ciudad de Nueva York ha perdido parte del capital musical al que ha estado históricamente ligada no es ningún secreto. En eldiario.es ya apuntamos varias de las causas que han precipitado esta pérdida del valor artístico. La principal, una gentrificación que ha barrido con la escena DIY de Brooklyn, llevándose por delante varios locales emblemáticos. La subida acusada del precio de alquiler también ha obligado a muchos artistas, incluyendo músicos, a hacer las maletas para desplazarse hacia otras ciudades. Los Angeles, Detroit, Portland, Baltimore, Filadelfia o Nueva Orleans son enclaves que han recibido a los afectados por la gentrificación neoyorquina.

Aunque hay otras causas, contextuales, propias del momento en que vivimos, que explicarían la dispersión de la escena musical neoyorquina. Internet ha desconfigurado el antiguo patrón de comunidad local. En su lugar ha irrumpido una de ámbito global. Ahora, el músico no necesita compartir tiempo en un espacio físico, sino intercambiarse MP3, samplers o emails a través de la red. Incluso ya no existe ni la necesidad de que los miembros de una banda se reúnan para grabar juntos en un estudio.

Todo ello repercute en la ausencia de escenas musicales como en días pretéritos, o al menos, de un movimiento homogéneo. Porque lo que ahora se da son pequeñas escenas heterogéneas, sin apenas conexión.

Pese a estos drásticos cambios estructurales, Nueva York presenta pequeños bastiones concentrados mayoritariamente en el Lower East Side y diferentes áreas de Brooklyn. Los últimos oasis del circuito de salas DIY: Baby's All Right, Silent Barn, Palisades o Trans Pecos, así como bares y salas de conciertos que apuestan por bandas primerizas, alimentan la regeneración de la escena. Rastreando ese circuito hemos dado con varios talentos que podrían marcar los meses venideros.

La conexión con Latinoamérica

Las comunidades de dominicanos, puertoriqueños, costarricenses, colombianos, hondureños y demás habitantes de habla hispana residentes en la ciudad de los rascacielos son de un tamaño considerable. Por eso se entiende que la música que los rodea se filtre en otros sonidos y estilos que hasta la fecha se habían resistido a emparentarse. Una de las bandas más sugerentes entroncada en esa nueva línea la conforman Raquel Berrios y Luis del Valle, pareja de Puerto Rico asentada en la mega urbe de la costa este desde donde lanzan su pop experimental. Buscabulla factura un pop sintético de aromas tropicales, cantado en el idioma originario de sus artífices.

Otra encuadrada en esta dinámica es la norteamericana de raíces hondureñas Lorely Rodríguez, quien ha conseguido sumar adeptos a su proyecto Empress Of a una velocidad vertiginosa. Esta chica de 25 años se dio a conocer con demos colgadas en Youtube, publicó un EP bilingüe en español e inglés -donde incluía la canción Tristeza, remixeada por Delorean, Pional y El Guincho- y el pasado 11 de septiembre dio su salto más importante al publicar con gran éxito de crítica su primer LP, Me (XL Recordings). Su sonido se despliega desde el prisma del R&B con acercamientos al pop y al synth-pop, un poco persiguiendo los senderos de Grimes, FKA Twigs, pero con el encanto vocal y la naturalidad esencial de Lauren Mayberry de CHVRCHES o de la canadiense Feist.

Pese a expresarse en el idioma de Shakespeare, Tei Shi, alias de Valerie Teicher, nació en Buenos Aires, y se crió donde sus padres la llevaron -Bogotá, Quebec, Montreal- hasta que en 2014 decidió establecerse por su cuenta en Brooklyn. Desde allí origina un bedroom pop acariciante. A través de retazos de pop electrónico, R&B y shoegaze teje una delicada masa sonora en la que imprime su sedosa voz. Aún no ha debutado en largo, pero en el 2013 lanzó su primera referencia, el EP Saudade, que la ha puesto en las primeras posiciones de promesas a las que atender.

Ellas dan el golpe

La dominante presencia femenina en esta lista (tanto arriba como abajo de esta línea) subraya cómo las chicas han tomado el timón especialmente en el pop, el R&B, pero también con presencia notoria en el rock, el indie y terrenos colindantes.

Otros habituales en la escena de garitos de Nueva York son Lolawolf, cuya popularidad ha ido creciendo en la medida que su cantante y líder, Zoë Kravitz, ganaba popularidad por sus incursiones en el cine ( Mad Max: Furia en la carretera, Divergente, Dope). Aunque sigue siendo más conocida por lo extramusical, es la hija de Lisa Bonet y Lenny Kravitz. Una imagen de hija de papá de la que intenta desprenderse volcándose en su faceta musical. Y lo intenta, junto a sus dos compañeros de grupo, modulando un R&B canalla, un rap-pop remojado en syrup que por momentos la emparenta con princesas de la oscuridad y la incorrección como FKA Twigs o M.I.A.

Para los afines a la melancolía que abrasa los pulmones, a las canciones diseñadas como lamentos de amor que pellizcan la piel, tienen en Holly Miranda una nueva voz a la que agarrarse -aunque ya llevaba algunos años ofreciéndosela a su antiguo proyecto, The Jealous Girlfriends, junto a Alex Lipsen-. Nacida en Detroit pero afincada en Nueva York, Miranda toma el relevo a Chan Marshall como cantautora que deslumbra por su profundidad vocal pero también por su calidez lírica.

También las chicas toman las riendas en The Prettiots, banda de Brooklyn asentada en el pop lo-fi. Actitud DIY, guitarras, y una producción minimalista dan soporte a unas líricas juveniles, cargadas de vivencias cercanas a la existencia durante los veinte y pocos. El fotógrafo Richard Kern, amigo de la cantante, dirigió el videoclip de Boys (that I dated in high school), su pieza más reconocible a la espera de ver publicado su primer disco.


Synth-pop, la estela de los Strokes, psicodelia, hip-hop y otros

Yellerkin cogen el relevo de ese synth-pop euforizante tan en boga diez años atrás, que sigue teniendo exponentes como Foster the people, Yeasayer o Passion Pit alimentando el repertorio. Este dúo originario de Katonah (un pueblo a las afueras de Nueva York) y asentado en Brooklyn rezuman ese desprejuiciamiento e inocencia incorruptible de la juventud, en su caso, recogido en estribillos infecciosos, melodías pop memorizables, beats energéticos y un hedonismo jovial y alegre que contagia al oyente, tal y como demuestran en singles como Tool.

Otra banda que causa ruido y furor en las pequeñas salas de la ciudad es Made Violents. Poseídos por el espíritu de los Strokes -los de la década pasada no los restos del naufragio que representan a día de hoy -, este trío neoyorquino se encuadra en la línea del rock de guitarras estridentes, actitud desenfrenada y furia juvenil que convirtió a Casablancas y los suyos en una de las última grandes bandas de impacto global surgida de las calles de la ciudad que nunca duerme.

Sin haber puesto aún ninguna referencia en las cubetas de las tienda de discos, Spires se posiciona ya como una de las bandas más estimulantes por llegar. Especialmente para acólitos de la neo psicodelia, el estilo que transpira por los poros de este dúo residente en Brooklyn que sintoniza con sus homólogos británicos: The Horrors, Temples Joy, gracias a las guitarras distorsionadas, las reverbs, y las atmósferas lisérgicas, hilvanadas con precisión y sentido melódico. El 18 de septiembre editan su primer EP homónimo.

Menjunje de pop barroco y dream-pop es lo que propone la banda de Brooklyn, Pavo Pavo. Son parecidos a cruzar a Grizzly Bear con Beach House y añadirle como condimento el pop psicodélico de los Beachs Boys. Formación de cinco componentes que empezaron su andadura musical cuando se conocieron estudiando en Yale, apenas asoman dos singles en su bandcamp. Pero su primera referencia discográfica prepara su salida a finales de año.

Una de las promesas ocultas en la escena hip-hop de la ciudad responde al nombre de Rast RFC. Un rapero con una puntería olípimica a la hora de describir la vida en las malas calles de Nueva York. Unas líricas agudas que respiran el ambiente de las zonas no transitadas por las hordas de turistas. Rimas escupidas con firmeza y destello, y servidas en una base instrumental que denota sabiduría por la cultura pop y los samplers golosos en la línea de Wu-Tang Clan -en el tema de abajo mezcla Mr. Sandman de The Chordettes con Crumbs de Speak. Un narrador tallado bajo el patrón old school -lo han descrito como un encuentro entre Jay Electronica y EPMD- que podría revolucionar de nuevo el rap de la costa este si logra escapar de los projects de Astoria. Hasta la fecha solo ha publicado el mixtape Across West 3rd. Street.

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