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'Happy Valley': ironía criminal

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Sarah Lancashire, protagonista de 'Happy Valley'

Sarah Lancashire, protagonista de 'Happy Valley'

La ficción británica pueden presumir de tener un alto índice de acierto. Todos los años no se libra de producir series que no pasan el corte de calidad, pero puede presumir de compensarlo con una media que tiene puesto el listón en un punto muy alto. Y precisamente Happy Valley es una de esas series que ayuda a formar esa imagen de que las series británicas son una apuesta segura.

Con solo una temporada de seis capítulos (disponibles en Movistar+ a partir del 30 de noviembre) triunfó en los premios BAFTA, se aseguró el paso de miniserie a series (prepara ya una segunda temporada) y se ganó el título de imprescindible.



No se puede  empezar a hablar de Happy Valley sin nombrar a su actriz protagonista  Sarah Lancashire y su creadora Sally Wainwright. Una guionista a la que no perder de vista y su actriz de referencia. De la colaboración entre las dos han surgido Last Tango in Halifax, basada en la historia real de la madre de Sally Wainwright, y Happy Valley, una serie con título irónico que ha establecido un nuevo hito en las series policiales británicas.  

Su protagonista es Catherine Cawood, una veterana policía que en los dos primeros minutos de la serie convierte su complicada situación personal en la opción más efectiva para evitar un suicidio. La historia que contradice el título de Happy Valley está marcada por el ambiente rural del condado de West Yorkshire, como es habitual en la obra de Sally Wainwright,.  

Un lugar donde lo difícil es encontrar días soleados y en el que un perdedor que elige la peor forma de vengarse de su jefe y un empresario que lleva demasiados lejos su tapadera para lavar dinero negro terminarán provocando una reacción en cadena y que Catherine Cawood tenga que enfrentarse con el hombre que le destrozó la vida.

De Happy Valley  es mejor no contar mucho más, para ir descubriendo una historia que tiene escenas difíciles de olvidar.  A veces parece tener línea directa con la que idearon los hermanos Coen para los gélidos países de Minnesota pero Happy Valley no necesita las comparaciones con Fargo como recomendación.   

En su historia no hay concesiones ni sitio para el humor negro, dos cualidades que endurecen a Happy Valley pero que la reafirman como una de las mejores muestras del género criminal propio que han constituido las series británicas gracias a cómo integran en sus historias el paisaje, físico y psicológico, en el que se desarrollan y el siempre sobresaliente trabajo de sus actores.

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