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¡Mira mamá, se mueve!

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Dicen que si algo bueno ha traído la crisis es que ha despertado la solidaridad que adormecía en la sociedad del bienestar, en la sociedad de los dos coches, de las dos casas, de las cenas y comidas en restaurantes, de los sábados de compras en los centros comerciales, de los grandes eventos, de los vinos de autor y las cestas de la compra gourmet. Hace tan sólo cinco o seis años de todo eso.

También hace tan solo cinco o seis años, el PP de la Gürtel, de Brugal, de Rabasa, arrasaba en la Comunitat Valenciana y la transformaba en la sede de la Fórmula 1, de la Volvo, de la Copa América... El PSOE era la única alternativa y el resto de partidos eran satélites que pululaban alrededor de los dos grandes arañando algún concejal en pequeños municipios y algún diputado en las Cortes Valencianas.

Hace sólo cinco o seis años los supermercados, los restaurantes, las grandes cadenas de alimentación tiraban a la basura la comida que les sobraba. Y no pasaba nada. Se desperdiciaba comida, ropa, calzado, electrodomésticos…Y hace cinco o seis años esa basura permanecía junto a los contenedores días, incluso semanas. ¿Se acuerdan?

Y sólo hace cinco o seis años que las ciudades todavía parecían grandes campos de minas, con trabajadores de la construcción en busca del tesoro. Aceras levantadas, vallas metálicas, solares con edificios en construcción y grúas muchas grúas… Ver la costa de Alicante desde el mar era contemplar un paisaje de grúas que levantaban moles de cemento…desde Dénia hasta Torrevieja (sobre todo en Torrevieja). La actividad era constante. Hace sólo cinco o seis años, como mucho ocho, de todo esto.

El lunes por la tarde, mi hijo que cumplió 8 años el sábado, se quedó parado, boquiabierto… y lo que es más raro en él ¡callado! Miraba fijamente hacia un edificio en construcción en Los Arenales. Más en concreto a la grúa que trasladaba los bloques de ladrillos. Con 8 años era la primera vez que de manera consciente había descubierto para qué servían esas grúas que todavía quedan abandonadas en algún solar de la ciudad como símbolo de otra época, la de la especulación inmobiliaria, la de las hipotecas para todos.

Cuando recuperó el habla sólo acertó a decir: “¡Mira mamá, se mueve!” Y no pude dejar de pensar que tal vez la crisis haya traído alguna cosa buena más.

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