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DESALAMBRE

Qué hacía y qué denunciaba el sacerdote español al que Marruecos ha expulsado

Esteban Velázquez, sacerdote jesuita al que Marruecos impide volver, llevaba años trabajando con los inmigrantes subsaharianos en el país

Velázquez nunca ha ocultado sus críticas a la gestión de la frontera España-Marruecos ni sus denuncias contra la represión de las fuerzas marroquíes en la valla

Tampoco se ha callado cuando los inmigrantes denuncian que han sido golpeados por la Guardia Civil

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Monte Gurugú (Marruecos), a pocos kilómetros de la valle de Melilla. PEDRO ARMESTRE

Imagen de archivo: Monte Gurugú (Marruecos), a pocos kilómetros de la valle de Melilla. PEDRO ARMESTRE

Es poco frecuente que Marruecos de una razón oficial para expulsar a alguien del país o impedirle la entrada. En esta ocasión, tampoco la hay. Las autoridades marroquíes han impedido la entrada a su territorio al jesuita Esteban Velázquez, responsable en Nador de la Delegación de Migraciones del Arzobispado de Tánger. El sacerdote se había desplazado a Melilla -junto a la localidad marroquí de Nador- y el pasado 11 de enero, cuando quiso regresar a Marruecos cruzando la frontera, le detuvieron en el puesto de control y le requisaron la tarjeta de residencia marroquí.

Velázquez ha confirmado a eldiario.es esta expulsión de facto, pero tanto él como sus superiores y compañeros en el Arzobispado de Tánger han optado por guardar silencio y no hacer declaraciones temiendo agravar la situación. Las primeras informaciones que aparecieron al respecto en medios marroquíes apuntaban, como posible causa, a una acusación por proselitismo.

En Marruecos, el artículo 220 del Código Penal castiga con penas de entre seis meses y tres años de cárcel el hecho de “emplear cualquier medio de seducción para quebrantar la fe de un musulmán o tratar de convertirlo a otra religión”. Pocas veces se aplica la pena. Lo normal es que los sacerdotes señalados sean expulsados, como ocurrió en 2010 con 26 cristianos, la mayoría evangélicos anglosajones.

Posteriormente, el portal ariffino.net, en una información publicada el domingo, da cuenta de un estudio socioeconómico que el sacerdote estaba llevando a cabo con jóvenes de la zona de Nador y Alhucemas, que podría haber sembrado “dudas sobre el uso que daba a la información” que obtenía. Una forma de insinuar que quizá mantenía contacto con los servicios de inteligencia españoles y les pasaba información sobre el norte del país. El diario Assabah, con buenos contactos con las fuerzas de seguridad marroquíes, también escribe este lunes que podría ser “un agente del Centro Nacional de Inteligencia”.

Críticas a la represión de las fuerzas marroquíes

Pero quienes le conocen en Marruecos dan una explicación más prosaica. “Quizás haya hecho alguna declaración que ha molestado”, señalan. Velázquez nunca ha ocultado sus críticas a la gestión de la frontera España-Marruecos ni sus denuncias sobre la vulneración de los derechos humanos de los inmigrantes subsaharianos que intentan llegar a Europa desde Marruecos.

El sacerdote jesuita trabajaba desde hace tres años en la Delegación, desde que Médicos Sin Fronteras abandonó Marruecos. Tomó el relevo de la ong ofreciendo asistencia sanitaria y seguimiento médico de inmigrantes heridos en los saltos de la valla de Melilla o con problemas de salud, que son frecuentes cuando viven en el monte. También les proporcionaba comida, mantas y prendas de abrigo. “Zapatos, necesitamos zapatos”, solía repetir cuando algún visitante se acercaba a Nador.

Era frecuente verle visitando los campamentos del Gurugú o a las puertas del hospital Hassani de Nador después de un intento de salto, rodeado de decenas de inmigrantes con brazos y piernas rotos, contusiones, golpes y brechas. Velázquez enviaba a su equipo a buscar ropa, gestionaba con el personal del hospital una radiografía, repartía zumo y galletas y despedía a los que iban camino del sur metidos en un furgón policial.

Fuera de las versiones oficiales

Nunca disimuló sus críticas ante la actuación de las fuerzas auxiliares marroquíes cuando reprimían con violencia los intentos de salto, ni se calló cuando los inmigrantes denunciaban que habían sido golpeados por la Guardia Civil. Velázquez, acostumbrado a ver otra realidad fuera de las versiones oficiales, es molesto a los dos lados de la frontera. En alguna ocasión manifestó que era consciente de que su trabajo se entendía como una forma de alentar la presencia de inmigrantes en los alrededores de la frontera con Melilla.

Además de denunciar la vulneración de los derechos de los inmigrantes subsaharianos, Velázquez también denunció la existencia de redes de tráfico de personas que operan en el norte de Marruecos y comentó en varias entrevistas que era necesario enviar observadores internacionales a la frontera.

En el último año, la política de Marruecos ha sido la de impedir a toda costa que los inmigrantes se acerquen a las fronteras de Ceuta y Melilla. España aplaude cada vez que tiene ocasión la “excelente colaboración de Marruecos en materia de inmigración”.

Reunión de la Iglesia para abordar el caso

El caso ha llegado ya hasta el representante del Vaticano en Marruecos, que acaba de tomar posesión de su cargo. El papa Francisco nombró el pasado 12 de diciembre al arzobispo Vito Rallo como nuevo nuncio apostólico en Marruecos y llegó a Rabat hace pocos días. En los próximos días se espera una reunión entre representantes de la Iglesia española y el representante del Vaticano para hablar del caso pero no se respira un ambiente de optimismo que haga pensar en una resolución favorable.

Según fuentes diplomáticas consultadas por eldiario.es, “Marruecos es un país soberano y no tiene por qué dar explicaciones” si decide no permitir a una persona la entrada al país. La embajada en Rabat ha zanjado así el asunto y ahora son los representantes de la Iglesia quienes tienen que tratarlo con las autoridades marroquíes.

La relación entre la Iglesia y Marruecos es buena. Después de la independencia en 1956, Marruecos mantiene relaciones diplomáticas con el Vaticano. En 1983, Hassan II y el Papa Juan Pablo II acordaron una garantía internacional para que la Iglesia católica pudiera trabajar en libertad en actividades religiosas como el culto, el magisterio y la beneficencia, entre otras.

El pasado mes de julio, en pleno Ramadán, cientos de agentes de policía y fuerzas auxiliares desalojaron el barrio tangerino de Boukhalef de inmigrantes subsaharianos. Unos acabaron desperdigados por los montes cercanos a la ciudad. Otros fueron acogidos en el jardín de la catedral de Tánger. En colaboración con organizaciones marroquíes, la Delegación de Migraciones les pagó la pensión durante un mes y se evitó que anduvieran vagando por las calles de Tánger en los días en los que el rey Mohamed VI visitaba la ciudad.

Es difícil conocer las consecuencias que puede acarrear esta decisión de las autoridades marroquíes para la Iglesia Católica que trabaja en Marruecos. En el entorno del sacerdote no ven peligrar el trabajo de apoyo a los inmigrantes de la Delegación de Migraciones pero creen que es muy probable que Velázquez no vuelva a poner un pie en Marruecos.

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