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La bicefalia económica del Gobierno complica los Presupuestos

La negociación de las cuentas públicas ha encallado hasta el punto de que ya no esperan sacar adelante el proyecto hasta principios del año que viene

Los partidos minoritarios lamentan no tener un interlocutor claro en el PSOE que les permita negociar alternativas a las cuentas públicas que va a formular el Ejecutivo

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El ministro Luis de Guindos, Pedro María Azpiazu y Soraya Rodríguez (PSOE) en el Congreso. EFE

La Comisión Europea espera que en breve España le envíe las cuentas públicas reformuladas. Después del último rapapolvo, el Ejecutivo comunitario pidió a España que redacte una revisión del borrador de presupuestos para 2017 para el que emitirá una opinión definitiva. España había remitido una prórroga de las cuentas de 2016 con varias correcciones, algo que a los burócratas europeos no les pareció suficiente ante la falta de reformas estructurales y la más que probable desviación (una vez más) del déficit. 

Ante esta situación, el Gobierno se ha puesto a negociar contrarreloj medidas que parcheen las cuentas públicas y sirvan de muro de contención para Bruselas, como retoques en impuestos. Pero la negociación presupuestaria va tan lenta que el Gobierno ya ni sueña con formular un Proyecto de Ley de Presupuestos antes de enero, según El País.

Aunque las cuentas públicas son una urgencia, o al menos así lo entiende la Comisión Europea, los tiempos parlamentarios no avanzan a igual ritmo. Fuera de la bancada azul, los diputados lamentan la sensación de caos alrededor de las negociaciones de medidas presupuestarias. Por un lado, la bicefalia del Ejecutivo hace que Economía y Hacienda tiren cada uno en una dirección. Una tirantez habitual en la legislatura anterior pero exacerbada con el nuevo reparto de poder del Gobierno que ha fortalecido, inesperadamente, al ministro Cristóbal Montoro.

Luis de Guindos es el que está dando la cara en Bruselas por las cuentas defectuosas de su rival Montoro, una situación que ha ido laminando aún más la relación entre los ministros. De Guindos tiene que ir en apenas unos días a escuchar la opinión definitiva que tiene Bruselas sobre los presupuestos, y la ansiedad por ofrecer a la Comisión algo que llevarse a la boca le está haciendo tomar más papel de lo acostumbrado en las negociaciones parlamentarias.

La llegada de Alberto Nadal a la Secretaría de Estado de Presupuestos ha dinamizado la actividad del Ministerio de Hacienda. Nadal, que hasta ahora había llevado el peso de la energía como segundo de José Manuel Soria, se ha puesto al día rápidamente con los números y está aquilatando las subidas de impuestos que se aprobarán previsiblemente en diciembre para que entren en vigor en enero y enmienden así las actuales cuentas, tal y como reclama Bruselas. El tándem que forma con su mujer, Eva Valle, al frente de la Oficina Económica de Moncloa, a la postre principal líder económico del Gobierno, ha facilitado la negociación.

La primera víctima de esta situación ha sido Ciudadanos, que anunció esta misma semana que el Gobierno se había comprometido a subir el techo de gasto, algo que  desmintió Cristóbal Montoro al día siguiente.

Al PSOE no se le espera

A esta situación de bicefalia, hay que añadir el polvorín parlamentario con las necesarias alianzas para sacar adelante la ley más importante que el Estado aprueba año a año. Por ahora, los esfuerzos del PP se centran en lograr el apoyo de Ciudadanos y PNV (además de las fuerzas canarias) para aprobar las cuentas públicas, pero el tira y afloja está tan tenso que las negociaciones no verán sus frutos hasta dentro de varios meses.

En estas negociaciones al PSOE ni está ni se le espera. El resto de las formaciones políticas observa con estupefacción que el grupo parlamentario socialista está prácticamente en estado de autogestión, lo que les dificulta la negociación de posiciones y medidas respecto a estas leyes.

El equipo económico que ha tomado las riendas (Pedro Saura, portavoz de la Comisión de Economía, Rafael Simancas, portavoz de Empleo, Valeriano Gómez, exministro de Trabajo y Jonás Fernández, eurodiputado) aseguran que no hay tal caos y que se reúnen habitualmente (ayer mismo lo hicieron) para marcar las líneas de trabajo.

No es esta sensación la que transmiten al resto de partidos con los que comparten la oposición, que perciben muy difícil sentarse a negociar con unos diputados ensimismados en la dinámica interna del partido y sin un interlocutor válido.

Esta legislatura va a ser la de las votaciones a muerte súbita, con un Congreso fragmentado en añicos. Esta misma semana, varios partidos se pusieron de acuerdo para tramitar una ley que obligue al Gobierno a subir el Salario Mínimo a 800 euros en 2018. Ayer en la comisión de Economía se avaló al nuevo presidente de la CNMV por una reñida votación de 19 a 17. Cada voto, importa.

Aunque el PSOE ha anunciado que no votará a favor de la totalidad de los presupuestos, su papel en negociar enmiendas durante el trámite parlamentario es fundamental para moldear las cuentas que presente el Ejecutivo. Las principales líneas de los Presupuestos Generales son casi inamovibles pero el proyecto de ley es uno de los más remendables de todos los que se presentan en el Congreso, donde las enmiendas pueden cambiar prácticamente el sentido del texto.

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