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La fórmula secreta de los 750 despedidos de Coca-Cola

CC OO y UGT dudan de la legalidad de un ERE planteado por una empresa que, formalmente, sólo tiene cinco empleados

Las siete embotelladoras funcionaban hasta ahora de manera independiente y tendrían beneficios si no se hubieran fusionado hace menos de un año

Coca-Cola ni produce ni embotella el preciado elixir, lo hacen sus franquiciados

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Coca Cola

Una fotocomposición con latas de Coca-Cola que hace referencia a su última campaña de publicidad

Si el Real Madrid y el Barça se fusionaran, al instante, se darían cuenta de que tienen posiciones duplicadas. Sobrarían delanteros de renombre, algún que otro defensa y más de un portero. Se irían al banquillo o a la calle. Pues algo así está pasando en las embotelladoras de Coca-Cola.

Hasta hace unos meses, las siete embotelladoras de refrescos se repartían el territorio español como si fuera un puzle y sólo se molestaban en los bordes, donde se pegaban algún que otro pisotón. Hasta que ellas mismas, aunque con el respaldo y dirección de la multinacional, cambiaron sus reglas de juego. Se fusionaron y (¡oh, sorpresa!) se dieron cuenta de que les sobraban efectivos. No les queda otra opción  que despedir o recolocar a 1.200 personas. Es decir, uno de cada cuatro de sus trabajadores tendrá que dejar su puesto de trabajo.

Coca-Cola, ni fabrica ni embotella, solo pone el nombre

Las embotelladoras, estrictamente hablando, no son la todopoderosa Coca-Cola creada hace más de un siglo en Atlanta. Son, más bien, las depositarias de su golosa fórmula. La multinacional tiene su propia filial en España, a través de la que controla su marca, cede su archisecreta receta, idea la publicidad y hasta tiene un “Instituto de La Felicidad” que lleva su nombre y con el que trata de promover prácticas que garanticen la felicidad de todos los españoles.

Coca-Cola ni fabrica ni embotella. Eso se lo deja a socios locales que tienen su propia forma de gestionar el negocio, decidir su política comercial o diseñar sus envases. Por eso, las latas del refresco azucarado cambian de un país a otro y, dicen los entendidos, hasta saben de manera distinta. En Italia, por ejemplo, algunos de envases recuerdan bastante a los de Red Bull y, hace solo unos años, cundió la alarma porque en España se estaban distribuyendo coca-colas procedentes de Europa del Este porque a los bares y restaurantes les resultaban más baratas que aquellas que se producían en las embotelladoras patrias.

Hasta hace un año las siete embotelladoras españolas iban por libre, funcionaban de manera independiente. Una disfuncionalidad para la multinacional. “Fue Coca-Cola quien promovió la fusión de las embotelladoras, aunque ahora dice que no tiene nada que ver con el ERE. España, hasta hace menos de un año, era el único país de Europa que no tenía un único embotellador. Está claro que, para ellos, la gestión con un único interlocutor es mucho más fácil”, argumenta Sebastián Serena, secretario del Sector de Alimentación, Bebidas y Tabaco de FITAG- UGT.

Una fusión compleja, con intereses cruzados

La fusión comenzó a tejerse en diciembre de 2011. Las siete embotelladoras decidieron quedarse en una sola, Coca-Cola Iberian Partners, y colocar al frente de ella a una mujer, una de las más poderosas del panorama empresarial catalán: Sol Daurella, quien ya estaba al frente de la embotelladora Cobega, la más grande de España. El proceso no fue fácil, en parte porque las empresas tenían participaciones accionariales cruzadas entre ellas. Por ello, tardaron más de un año en completar el proceso y la fusión no se selló hasta marzo de 2013.

La firma de la fusión se vistió de largo y contó con la presencia, y el beneplácito, del presidente de la multinacional, Muhtar Kent. “Confiamos plenamente en que el nuevo embotellador único de España y Portugal supondrá una mayor eficiencia y eficacia en el cumplimiento de las necesidades de todos nuestros clientes”, aseguró el presidente de The Coca-Cola Company durante la presentación de su nuevo socio. Y, ya se sabe, la búsqueda de eficiencia se traduce en recortes de plantilla. Ahora, según los sindicatos, la multinacional se desliga de cualquier ERE: “Dicen que es una decisión de sus socios españoles”.

El recorte de empleo no ha pillado por sorpresa. Ya en diciembre se habló de una reducción de personal que podría afectar hasta a 1.200 personas. El jueves, la compañía confirmó que planea el despido de 750 trabajadores, de los que unos 350 podrían ser prejubilaciones y a los que se sumarían 500 recolocaciones. Además, y quizás ahí está lo inesperado, cerrará cuatro de sus 11 fábricas: Fuenlabrada (Madrid), Alicante, Palma de Mallorca y Colloto (Asturias).

Los argumentos de la compañía, los ya mencionados. Después de la fusión, necesita “eliminar duplicidades e ineficiencias”. Plantea un modelo circular con fábricas en La Coruña, Bilbao, Barcelona, Málaga, Sevilla, Valencia y Santa Cruz de Tenerife. Es decir, abastecer desde la periferia al interior de la Península.

El problema es que la estructura de la casi neonata Coca-Cola Iberian Partners hace que los sindicatos tengan serias dudas sobre la legalidad del ERE. “Pero si formalmente tienen cinco trabajadores...  ¿Cómo una empresa con cinco trabajadores puede presentar un expediente de regulación de empleo que va a afectar a 1.200 de sus 4.200 trabajadores?”, se pregunta Sebastián Serena.

Una valoración que comparten en CC OO. “No tenemos claro si la nueva embotelladora consolida como un empresa laboral o mercantil. Ellos nos argumentan que hay una unidad de dirección y de caja pero dudamos seriamente de que sea así. Tenemos que estudiar toda la documentación con nuestros abogados de cara a la reunión del próximo miércoles 28”, afirma José Vicente Canet, secretario de Acción Sindical de Feagra – CC OO.

Sin razones económicas que justifiquen el recorte

“Coca-Cola Iberian Partners es dueña de una parte de las acciones de cada embotelladora y al revés. Tienen participaciones cruzadas. Pero, hasta ahora, las siete funcionan de manera independiente, tienen su propia inscripción en la Seguridad Social, en el Registro Mercantil, sus propios convenios colectivos. Esto no es Panrico”, insiste Serena. “Y está claro que aquí no hay ninguna razón económica para respaldar el cierre”, concluye el representante de UGT. “Si no hubiera habido fusión, funcionarían perfectamente, incluso tendrían beneficios”, enfatiza Canet.

Al margen de la argumentación que pueda echar atrás el ERE, los sindicatos también se plantean la necesidad de buscar fórmulas para minimizarlo, como las ya planteadas prejubilaciones. Pero también se preguntan si hay razones productivas que respalden el recorte, si se puede producir lo mismo con tal reducción de personal, así como las consecuencias del cierre de la planta de Madrid, que hasta ahora era la segunda más importante para el grupo.

“¿Qué van a hacer con ella? No es lógico dejar toda la zona centro, Madrid, Castilla – La Mancha y Castilla y León, sin una sola fábrica cuando es una de las principales zonas de consumo”, advierte el responsable de CC OO. ”No lo entendemos. Hasta planteándoselo desde el punto de vista medioambiental, no tiene ningún sentido”, concluye.

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