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La doble contradicción de PSOE y Podemos

La negociación entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias empieza con un doble portazo

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No han pasado ni tres días y las negociaciones para un posible acuerdo de investidura de Pedro Sánchez se han estancado. La reunión entre el candidato socialista y el líder de Podemos, Pablo Iglesias, no ha ido bien y se cierra con un doble portazo. Podemos se niega a hablar con el PSOE mientras no rompa con Ciudadanos. Y el PSOE responde que se niega a negociar con Podemos en exclusiva.

Los razonamientos de unos y de otros para este bloqueo son legítimos: no hay ninguna ley que obligue a estos dos partidos a entenderse y los dos tienen argumentos y heridas recientes para no fiarse. Pero ambos esconden algunas trampas argumentales. Por parte del PSOE, es ingenuo pretender que un acuerdo de gobierno con Ciudadanos o incluso un pacto de investidura bajo premisas programáticas vaya a permitir poner en marcha ese gobierno “progresista” y de “cambio” que plantea Sánchez. También es muy cuestionable esa línea roja con la que el PSOE pretende aislar a los partidos independentistas, cuando hablar con estas fuerzas políticas es imprescindible para solucionar el problema catalán en cualquier caso.

Por parte de Podemos, también hay contradicciones. La fundamental: los números, que no salen. Pablo Iglesias no puede actuar como si la suma de PSOE, Podemos e IU alcanzase la mayoría absoluta cuando ni siquiera supera a los votos que una alianza así tendría en contra por parte de PP y Ciudadanos. Por mucho que se repita que una coalición así tendría “el mayor respaldo ciudadano de la historia de la democracia”, lo cierto es que quedaría bastante lejos de la mayoría absoluta porque en una democracia parlamentaria lo que cuentan en este momento son solo los escaños, por mucho que la ley electoral sea un desastre.

Incluso si el PSOE aceptase incorporar a Podemos al Gobierno y Pablo Iglesias fuese el vicepresidente de Pedro Sánchez, seguirían faltando unos cuantos diputados. No solo para lograr la investidura sino, más importante, para que ese Gobierno pudiese aprobar después cualquier ley o los presupuestos generales del Estado. ¿Una reforma constitucional? Menos aún mientras el PP siga en contra, porque tiene la mayoría absoluta en el Senado y más de un tercio de los escaños en el Congreso.

Es falso que en el actual Parlamento exista hoy una mayoría de izquierdas. No la hay, incluso sumando a ERC y a Bildu en una coalición imposible, salvo que consideremos que el PNV y Convergència son izquierda. La única mayoría absoluta en el Congreso es la que, con razón, tiene el PP en su contra. Y ante eso solo quedan dos salidas: un acuerdo de mínimos donde todos cedan (también el PSOE en su línea roja catalana), o que volvamos a votar en unos meses. Todo lo demás, más que una estrategia de negociación, son fuegos artificiales para culparse mutuamente del fracaso; parte de la precampaña para unas nuevas elecciones generales.

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