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La educación ambiental inclusiva

Uno de los talleres de educación ambiental inclusiva. / Avafes Canarias

María Muñoz

Hace más de siete años la ONG Avafes Canarias comenzó a formar lo que llaman “los vigilantes verdes”. Desde entonces más de 6.000 escolares canarios saben qué especies animales viven en su entorno, cuáles son los peligros que corren o qué es lo que deben y no deben hacer el encontrarse un animal herido. En 2012, personas con discapacidad y necesidades especiales se incorporaron a los talleres como forma de promover una educación ambiental y ocio inclusivo que también está sirviendo para crear nuevas herramientas de motivación a través del medio ambiente.

Avafes Canarias imparte los talleres en el Centro de Recuperación de Fauna Silvestre del Cabildo de Gran Canaria y “si bien es importante la labor de recuperación, lo más importante es que dejen de entrar animales heridos y ello tiene que ver mucho con el ser humano”, explica Federico González, miembro de Avafes Canarias, una asociación que nació en las facultades de Veterinaria hace más de 20 años y que con presencia ya en toda España es una ONG que ofrece asesoría veterinaria, lucha contra los cebos envenenados y promueve la educación ambiental. De ahí, que en la sección canaria comenzaran hace siete años a impartir estos talleres a los escolares.

“Los chavales llegan con los colegios y en los talleres conocen las especies silvestres, los peligros que se pueden encontrar, como los plásticos que tiramos a las playas o los anzuelos perdidos, y qué es lo que tienen que hacer si encuentran un animal herido”, señala el biólogo, quien añade: “Si de 25 niños, 20 son más cuidadosos que nosotros, tres se convierten en biólogos y dos en veterinarios pues ya será un gran logro”.

Llegar a más personas

A veces, en los talleres veían niños con necesidades especiales y empezaron a darle vueltas a cómo podían llegar a más personas y hacer que la educación ambiental fuera completamente inclusiva y que al mismo tiempo incrementara la calidad de vida de estas personas. En 2013,comenzaron a hablar con varias asociaciones de Gran Canaria, como Aspercan -Asociación Asperger de Canarias- y Actrade -Asociación Canaria de Personas con Trastornos Generalizados del Desarrollo- y aunque al principio tomaron la propuesta sin mucho convencimiento el tiempo les hizo cambiar de opinión.

“Cuando hablas de educación ambiental lo primero que piensa la gente es en aprender a reciclar pero nosotros salimos a ver cetáceos, les ensañamos a hacer cajas nido y fuimos trabajando todas nuestras herramientas con las propias técnicas de las asociaciones”, señala González. Poco a poco fueron viendo que los talleres no solo servían para concienciar en el cuidado del entorno, sino que sobre todo se convertían en nuevas herramientas de motivación a través del medio ambiente para las personas con discapacidad y necesidades especiales que participaban.

“Había casos en los que una persona que habitualmente estaba sola y nunca quería relacionarse con nadie de repente veía una tortuga y la quería ayudar, y no importaba que estuviera rodeada de otras personas”, detalla el biólogo. O han visto cómo personas con autismo que no se habían expresado en mucho tiempo empatizan con los animales al tocarles.

Hace un año Avafes Canarias empezó también a formar a profesionales que trabajan con estas personas y en la convocatoria del curso que comienza en septiembre las plazas se terminaron en apenas cuatro días. “Hay un gran interés porque están viendo que se pueden emplear nuevas herramientas para mejorar la vida de los usuarios al mismo tiempo que estamos creando una conciencia ambiental”, subraya González.

Cada año van desarrollando nuevos talleres y el pasado año comenzaron a emplear una silla adaptada para hacer senderismo inclusivo y poder realizar actividades de repoblación forestal. “Cuando salimos por ejemplo a ver diferentes tipo de cetáceos en barco pues conseguimos no solo mostrarles las diversas especies, sino que también tengan una actividad diferente de ocio”, señala el biólogo de Avafes Canarias. En los tres años que llevan en marcha estos talleres inclusivos de educación ambiental, más de 300 usuarios han pasado por ellos.

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