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David Cameron tiene motivos para estar nervioso

El primer ministro británico agita la bandera del miedo a los nacionalistas escoceses para que los ingleses le den los votos suficientes para seguir gobernando en minoría

Cameron se presenta como única alternativa frente al "caos". Ed Miliband, como la única garantía de cambio. Los nacionalistas escoceses están convencidos de que serán decisivos

La mayoría de los sondeos arroja un empate técnico entre conservadores y laboristas. Los tories aspiran que las encuestas hayan subestimado sus votos, como ha ocurrido varias veces en el pasado

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Los números no le salen a Cameron en su intento de salir reelegido.

1. El termómetro del miedo

¿Cómo se mide el miedo que sienten los políticos en los últimos días de campaña? Sabemos que son habituales las declaraciones dramáticas sobre lo que el país se juega en la cita. Queda menos presentable hacer hincapié en lo que se juega el partido o el líder. Hay una cosa segura: David Cameron y Ed Miliband tendrán que buscarse otro empleo si no acaban en Downing Street. A diferencia de España, los partidos británicos tienen poca paciencia con los perdedores.

De los dos, es Cameron el que ha dado muestras de estar más preocupado. En su última declaración del miércoles, el primer ministro ha sido tajante: "Mi mensaje es simple y claro. Gran Bretaña tiene la oportunidad de contar con un Gobierno fuerte y estable, pero sólo si votáis a los conservadores. Todas las demás opciones acabarán en el caos".

Para Cameron, todos los problemas vienen de Escocia. A los votantes les dice que pueden "impedir que Ed Miliband sea el rehén de Nicola Sturgeon" (la primera ministra de Escocia y líder del SNP). Ha sido un aviso recurrente en toda la campaña, coreado de forma constante por la prensa conservadora, en especial el Daily Mail y el Telegraph. Los nacionalistas de Escocia no sienten ningún cariño por los tories.

Los laboristas sólo podrán formar gobierno con el apoyo del SNP. Para compensar la campaña de los conservadores, Miliband ha prometido que no habrá un Gobierno de coalición con el SNP. Eso le deja la única opción de un Gobierno en minoría que sobreviviría con el apoyo parlamentario del SNP y de otros partidos (verdes, nacionalistas galeses y quizá los liberal demócratas).

A Miliband tampoco le conviene un éxito clamoroso de los nacionalistas. En 2010, los laboristas obtuvieron 41 escaños en Escocia, y ahora se quedarán con un puñado. Es una hemorragia producto del espectacular ascenso del SNP en los últimos cinco años, que ha sustituido a la izquierda como fuerza hegemónica en el norte. Cameron y el liberal Clegg han estado en Escocia en el último día de campaña, pero Miliband ha preferido no acercarse. Quizá no le convenía una imagen suya en las portadas de los tabloides con una bandera escocesa cerca.

En un comunicado dirigido a los votantes escoceses, Miliband ha intentado reducir los daños: "David Cameron ha sido claro. Si consigue un escaño más que los laboristas, intentará seguir en el poder. Cada escaño que el SNP quite a los laboristas hará que eso sea más probable, y sufriremos cinco años más de recortes, bancos de alimentos y caída del nivel de vida".

2. Lo que dicen los pronósticos

Los números de los sondeos dicen que David Cameron tiene motivos para estar nervioso. No podrá contar con que una repetición de la coalición de conservadores y y liberal demócratas tenga la mayoría necesaria. La mayoría de las encuestas arroja un empate técnico entre tories y laboristas. La última de ICM, para The Guardian, lleva el empate al límite. 35% para ambos partidos, con una subida de tres puntos para el partido de Ed Miliband con respecto a la anterior encuesta, mientras que el partido de Cameron se queda en la misma cifra. Los euroescépticos de UKIP están en el 11%, y los liberal demócratas en el 9%. Por debajo en porcentaje están los nacionalistas escoceses del SNP, pero en escaños serán la tercera fuerza política.

La media final de todos los sondeos que calcula ese periódico mantiene la igualdad en la estimación de escaños:  273 para los conservadores y 273 para los laboristas (los Comunes tienen 650 escaños). El SNP tendría 52 de los 59 escaños en disputa en Escocia. En la previsión que hace YouGov, la igualdad se repite, 276 diputados para cada uno de los grandes partidos, 51 para el SNP. La media de sondeos que hace BBC también pronostica  una diferencia mínima: 34% laboristas, 33% conservadores.

El único consuelo para Cameron es que  en 10 de las 12 últimas elecciones las encuestas finales subestimaron el resultado final de su partido.

Estos y otros sondeos no pueden saber cómo funcionará el voto táctico en muchas circunscripciones. Una característica del sistema mayoritario es que los votantes de un partido sin opciones de victoria en ese distrito pueden tener la tentación de votar a otro para derrotar a su más odiado rival. La posibilidad funciona en varias direcciones, lo que hace muy difícil prever su impacto. ¿Habrá votantes laboristas que apuesten por los liberal demócratas en el suroeste para que derroten al candidato tory? ¿Cuántos votantes potenciales de UKIP decidirán en el último momento volver a apoyar a los conservadores por temor a una victoria laborista?

La apuesta de Cameron es conseguir unos 20 escaños más que los laboristas (algunas encuestas no lo ven imposible) y presionar para que un Gobierno liderado por él parezca el único viable. Eso sólo sería posible si UKIP se derrite en las urnas en el último momento. No es lo que aventuran los sondeos, pero nadie puede descartarlo. En cualquier caso, sea por el pánico o porque los tories tienen una última carta por jugar en los últimos días, Cameron ha planteado el espinoso asunto de la legitimidad.

3. La legitimidad

El Reino Unido es una democracia parlamentaria (los británicos alegan que la más antigua del mundo, aunque ese tipo de presunciones siempre son cuestionables). El Gobierno no es elegido por los votantes, sino por el Parlamento, y lo preside quien obtenga la confianza de la mayoría de la Cámara. Suele ser el partido que tiene el mayor número de diputados, pero puede ser que no sea así esta vez (ha ocurrido antes en Gran Bretaña, la última en 1924). Antes de que se votara, Cameron ya andaba diciendo que un Gobierno de coalición dirigido por los laboristas sin que estos fueran la primera fuerza, sería casi una traición a los votantes.

Le preguntaron esta semana si en ese caso el Gobierno  carecería de legitimidad y respondió: "Creo que la gente se preguntaría en serio por eso, y tendría todo el derecho a hacerlo". Lo que dijo después tiene un grado más de amenaza: "Hay un inmenso problema de credibilidad con la idea de que puedes tener un Gobierno laborista, apoyado por el SNP, que luche sólo por los intereses de una parte del país. Me refiero a las preocupaciones que estoy escuchando en muchos votantes, y que son muy, muy intensas".

Es una forma de decir en clave a los ingleses: ¿vais a permitir que el Gobierno británico lo decidan los escoceses?

Tres siglos después de la unión de las coronas inglesa y escocesa, cada nación opera ya en universos cada vez más separados. Muchos analistas conservadores indican que los ingleses no deciden sobre los asuntos que afectan a los escoceses desde el proceso de devolución de poderes aprobado en tiempos del Gobierno de Tony Blair (es falso, la Cámara de los Comunes aprueba muchas leyes que influyen poderosamente en la vida de los escoceses), mientras que ahora el voto de los diputados nacionalistas del SNP puede imponer quién gobierna en Londres.

Cameron no puede decirlo en voz alta, porque en ese caso los escoceses pensarían que ahora sí tienen que salirse de la unión cuanto antes. Al menos, el líder tory aspira a que en Inglaterra ese miedo al Norte le suponga un caudal extra de votos. Los conservadores llevan dos meses atizando ese fuego (pero eso no le permitió cobrar una ventaja clara en los sondeos). Lo que es indudable es que la crispación por temas nacionalistas ha llegado al Reino Unido para quedarse.

4. Qué pasará el día después

¿Cómo se ganan las elecciones en el Reino Unido cuando ningún partido puede conseguir la mayoría absoluta? Esa es una experiencia nada habitual allí, donde el bipartidismo ha permitido victorias claras de un partido en (casi) todas las citas electorales. Ya en 2010 las urnas ofrecieron un resultado incierto, pero que se solventó con rapidez en cinco días. Lo de ahora será más complicado.

Muchos lectores sabrán que el Reino Unido no cuenta con una Constitución como tal. Es cierto. Eso no quiere decir que no haya leyes básicas, y sobre la formación y funcionamiento del Gobierno existe una. Tiene el poco espectacular nombre de The Cabinet Manual. Y ese "manual" dice que en caso de que ningún partido tenga la mayoría absoluta,  el Gobierno permanece en ejercicio hasta que (o a menos que) el primer ministro presente la dimisión al monarca. Ese Gobierno (saliente) tiene derecho a continuar hasta que el Parlamento se reúna y pueda comprobar que cuenta con la confianza de la Cámara, u otro partido obtenga esa confianza. Pero establece también otro criterio: se espera que el Gobierno dimita "si está claro que es improbable que vaya a conseguir esa confianza, y que existe una alternativa clara" (dirigida por otro partido).

Eso deja un cierto campo a la ambigüedad, un compás de espera por lo demás habitual en regímenes parlamentarios. Las negociaciones pueden durar un tiempo. Pero ocurre que en el Reino Unido al Gobierno no lo nombra el Parlamento, sino el monarca. Es la reina quien decide quién dirige "el Gobierno de Su Majestad". Obviamente, si esa persona no tiene después la confianza de la Cámara, tendrá que dimitir y dejar paso a otro político.

En tiempos de la reina Victoria, la voluntad de la monarca era decisiva en estos pasos. El rey Jorge V tuvo una influencia clave en la formación de algunos gobiernos, en especial con el nombramiento del ministro de Exteriores en los años anteriores a la Primera Guerra Mundial. Actualmente, sería imposible que Isabel II jugara un rol determinante en esas situaciones. La razón principal de que la monarquía no se haya visto amenazada desde los años 50 es que la reina no juega ningún papel político.

Eso no quiere decir que el establishment no juegue sus bazas. En 2010, los laboristas se quejaron en voz baja porque pensaban que el Civil Service (el alto funcionariado independiente del Gobierno que tan bien conocen los que han visto la serie Yes Minister) había maniobrado para conseguir que se formara cuanto antes la coalición entre tories y liberal demócratas. Quizá fuera cierto, pero no había otra opción viable. El partido de Nick Clegg no mostró ningún interés en pactar con los laboristas para que Gordon Brown siguiera en el poder.

5. Y ahora empieza lo difícil

Si los tories obtienen una ventaja significativa en escaños sobre los laboristas, es muy posible que Cameron intente apurar sus opciones y mantenerse en el poder el tiempo suficiente para intentar que su permanencia en Downing Street parezca inevitable. Pero más tarde o más temprano tendrá que acudir al Parlamento para reclamar su confianza. La primera cita ineludible será el 27 de mayo. El 18 se habrá constituido la nueva Cámara de los Comunes y nueve días después tiene que celebrarse el Queen's Speech.

La ley aprobada en 2011 que impone la exigencia de que la legislatura dure los cinco años de rigor (excepto en dos supuestos) no permite en principio celebrar otras elecciones hasta 2020 y resta margen de maniobra al primer ministro, que ya no tiene la licencia de dimitir ante la reina y forzar la convocatoria de nuevos comicios. En el Queen's Speech, la Cámara puede votar que el Gobierno no cuenta con su confianza, lo que tendría los mismos efectos que una moción de censura.

A los británicos tampoco les gustan los malos perdedores, y quizá Cameron no quiera prolongar su agonía si laboristas y nacionalistas escoceses alcanzan un pacto por el que los segundos no votarían contra los primeros si Miliband tiene la oportunidad de formar Gobierno.

Pero para estar seguros de eso, habrá que esperar al resultado de las elecciones.

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