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ENTREVISTA | Antonio Duarte Carbalho

"Con 40 grados, vientos de 80 por hora y humedad del 15% en una zona como esa, no es un problema de medios"

El coordinador de la investigación criminal de incendios en Portugal espera que la tragedia sirva para establecer un sistema de prevención que tenga en cuenta algo más que las épocas del año

Con 33 años de experiencia en el estudio de los fuegos sostiene que el éxodo del campo a la ciudad y el litoral y la demografía perpetuarán el problema de los fuegos 

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Antonio Carvalho, en la investigación de un incendio en Portugal.

Antonio Carvalho, en la investigación de un incendio en Portugal.

Durante 33 años ha investigado los fuegos en Portugal como coordinador de la investigación penal en la Policía Judicial de Portugal. Antonio Duarte Carbalho, ingeniero mecánico de termodinámica y licenciado en políticas de seguridad, atiende a eldiario.es desde Lisboa, ya jubilado, donde ahora da conferencias y asesora a empresas aseguradoras.

En las últimas décadas ha indagado sobre las grandes oleadas de fuegos en Portugal, donde en un año malo arden 300.000 hectáreas de monte. Tiene escrito en rojo el 2003 cuando se quemaron medio millón y perdieron la vida una veintena de personas. En su lista de víctimas hay bomberos voluntarios, combatientes, pero nunca poblaciones enteras, como ha sucedido en las pequeñas aldeas de  Pedrógao Grande este fin de semana.

Niega que los recortes que ha tenido que efectuar Portugal con este y anteriores gobiernos expliquen la tragedia: "Con 40 grados de temperatura, vientos de ochenta kilómetros por hora y humedades del 15% en terrenos que tienen una pendiente del 40%, la culpa nunca es de los medios de extinción". 

La gente busca respuestas ante una catástrofe de esta dimensión. ¿Puede alguien explicar qué paso este fin de semana en Portugal o todavía es pronto para un diagnóstico? 

Una tragedia de esta magnitud solo se explica por un conjunto de situaciones. Está la tormenta de verano, con sus descargas sobre un terreno muy seco que actuó como combustible. Hubo muchos rayos que cayeron sobre distintas zonas, cinco o diez puntos de contacto con una superficie inicial de una o dos hectáreas. Los investigadores tienen localizado que el punto de inicio fue un rayo. En esa zona llevaba sin llover desde hace más de un mes, la tierra no tenía humedad, las gramíneas estaban secas y actuaron como combustible. Y luego estaban las condiciones climatológicas y la orografía del terreno que dificultó la extinción y también que los vecinos pudieran escapar del fuego. 

Más de treinta grados de temperatura, velocidad del viento superior a 30 kilómetros por hora y humedad por debajo del 30%. ¿Ese triple factor 30 del que hablan siempre los expertos volvió a ser letal?

El sábado en la zona donde tuvo lugar el fuego azotaron vientos de 70, 80 y 90 kilómetros por hora, y teníamos una humedad por debajo del 15%. A las diez de la noche había 33 grados de temperatura. Y la superficie donde cayeron los rayos era puro combustible. La rápida propagación de las llamas por distintos puntos configuró un frente de fuegos.

Todo eso sucedió en una zona con una orografía muy agreste con pendientes pronunciadas, algunas por encima del 40%, en un eucaliptal. Las hojas de los eucaliptos pueden ser trasladadas por el viento a dos o tres kilómetros de distancia y eso también contribuyó a aumentar las dimensiones del incendio. Los expertos hablan además de tres situaciones de viento, la general que estaba encima de la pendiente, los vientos que se dan en los valles y facilitan las deflagraciones y el propio viento que empuja un incendio de esa virulencia que son vientos en espiral con partículas calientes que van a multiplicar otros puntos de ignición. 

Y ese infierno se llevó por delante pequeñas aldeas en cuestión de minutos. Quienes se quedaron en casa corrieron la misma suerte que los que intentaron huir en sus coches. 

Es que estamos hablando de mucho menos que pueblos, núcleos de una, dos, tres casas, 20 personas aquí, otras 20 más allá. Y en este período del año, el combustible forestal está verde y eso produce un humo muy denso, como una niebla muy espesa. Los testigos dicen que la policía cortó la carretera, pero en esa zona de vías secundarias algunos conductores se incorporaron desde pistas de tierra. Y en esas condiciones cuando el fuego está a ambos lados de carreteras de montaña es imposible escapar. Los expertos sobre el terreno aseguraron que en zonas con ese espeso humo se generaron temperaturas de más de 300 grados. Las personas en esos escenarios pierden primero la capacidad de orientación, luego las capacides motoras... 

Se ha atribuido parte de lo sucedido a los recortes que el actual Gobierno y los anteriores tuvieron que hacer también en los dispositivos de extinción por la crisis. 

Eso no es cierto, le he hablado de las condiciones que se dieron y también de la zona donde tuvo lugar el incendio. El pasado sábado, Portugal se encontraba en un aviso de alerta naranja por los servicios de meteorología. El Gobierno tenía activado el plan de prevención en la fase Bravo, la segunda que moviliza más medios. La fase Bravo es la que se activa entre el 1 de mayo y el 1 de julio, hasta que llega la temporada alta en que se pasa a la fase Charlie y se duplican los efectivos.

Pero no puede decirse que fuese un problema de medios. En la zona hubo 300 bomberos el sábado entre las dos y las siete de la tarde. Y había zonas a las que no se podía acceder por tierra. Los medios aéreos no pueden hacer una extinción completa, se precisa el trabajo de los zapadores y en las zonas donde se produjo... Los testigos dijeron que la velocidad a la que se propagó fue brutal, que en dos o tres minutos todo estaba en llamas. Y repito que a las 10 de la noche del sábado había 33 grados de temperatura. Y en todo Portugal se produjeron 140 incendios en un solo día.

¿Hay que asumir sin más que estas tragedias ocurren? ¿No se puede sacar ninguna lección?

Se puede plantear como error, no tanto la falta de medios, sino el planteamiento de que los dispositivos no se puedan establecer de un día para otro. Hay todo un laberinto burocrático para contratar personal y eso es un problema. Porque las fases no siempre tienen que depender de los mismos meses del año, a veces los períodos punta se adelantan y deberíamos poder adaptarnos a las condiciones de riesgo.

La Administración pública tiene que poder contratar mejor. En Portugal el período crítico, la fase Charlie del despliegue tiene lugar del 1 de julio al 30 de septiembre o al 15 de septiembre. Luego se vuelve a la fase Bravo, con una reducción a la mitad de los medios humanos, hasta el 15 de noviembre. Del 15 de noviembre al 1 de mayo estamos en la fase Alfa, que es la de de menor despliegue de efectivos. El sábado se ha visto que una situación crítica puede darse fuera de la zona que el calendario marca como fase Charlie y eso debe poder corregirse. 

Otro aspecto que caracteriza al fenómeno de los incendios tanto en España como en Portugal es que hablamos de ellos cuando se producen y luego lo olvidamos. 

Sí, y es algo que he visto desde hace años. Yo desde el 93 estuve impartiendo cursos de formación para investigar los incendios en España. Empezamos en un centro de Segovia por aquella época. Y lo que todavía no hemos aprendido ni ahí ni aquí es que se trata de un problema demográfico. La gente está marchando del interior al litoral, del campo a la ciudad. Se están despoblando muchas zonas y esos territorios abandonados son un problema grave. Pero tiene que ver con el modelo de vida.

Hay dos tipos de prevención, la que llamamos estática que debe basarse en la reducción de combustible en el monte, y la dinámica que tiene que ver con comportamientos humanos. El 50% de los incendios en Portugal están causados por negligencias. Negligencias son las quemas agrícolas, forestales o algunas prácticas de cuando la población vuelve en vacaciones al monte o a los lugares donde crecieron. Todas esas negligencias causan la mitad de los 15.000 fuegos que se producen cada año en este país. 

Usted ha visto otras secuencias de incendios muy nocivas sobre todo a principios del año 2000, como también ha sucedido en Galicia, al otro lado de la frontera. ¿No hemos aprendido nada?

Sí se ha avanzado. En 2003 ardieron 500.000 hectáreas de monte, y murieron una veintena de personas. En 2005 fueron más de 300.000 con seis fallecidos en situaciones distintas. Pero es cierto que lo de este sábado ha sido muy grave. Habíamos visto morir algunos vecinos víctimas de quemas que se descontrolan en episodios aislados, pero nada parecido. Nos acostumbramos a que fallezcan bomberos y profesionales de la extinción. Incluso en los años 60 murieron 25 militares, yo eso no lo viví. Pero ha sido muy duro lo de estos días.

¿Ni siquiera queda la esperanza de que lo sucedido sirva para mejorar en algo?

Tengo la certeza de que cambiarán cosas en Protección Civil y que la definición de la estrategia para distribuir los medios no va a basarse en el futuro únicamente por esa clasificación de períodos por meses. 

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