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Historias en el metro

Un trabajador despertó a Laura tras quedarse dormida en el vagón, cuestionó por qué iba sola a esas horas y le pidió insistentemente el número

Un hombre aprovechó la multitud del transporte público para acercarse a Claudia y restregarse contra ella. Se tapaba con una bolsa y nadie se dio cuenta

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Hace unos meses salí de fiesta con unas amigas en Barcelona y, como cada una vivimos en barrios distintos, al acabar cogí el metro sola. Con el cansancio que llevaba encima me quedé dormida y me fui hasta uno de los extremos de la línea. Un trabajador del TMB me tocó la pierna –porque imagino que tocarme el hombro no era una opción– para despertarme y avisarme de que estaba en el final de la línea. Le di las gracias y le dije que me esperaría a que volviera a ponerse en marcha.

Ahí empezó con la retahíla: qué hace una chica sola volviendo a casa a estas horas, dónde está tu novio, ¡ah!, que vienes de fiesta, y por qué sales sin tu novio, cómo te llamas. Y, finalmente, me pidió el número "para asegurarse de que llego bien a casa". Le dije que "no, gracias". Me insistió y me volvió a insistir en que le diera mi número. Al final, cabreada, me cambié de vagón. Lo que me parece más triste es que un trabajador de una empresa pública te haga sentir insegura cuando su función debería ser justo la contraria.

Laura.

Llevo dos meses viviendo en Madrid. La primera semana traté de ir a correr a un parque cercano a mi casa con ropa adecuada para hacer deporte. En el camino hacia el parque, tres o cuatro hombres pensaron que era buena idea soltarme ciertos "piropos" bastante desagradables. Hice caso omiso a ello, pero sorprendentemente no volví a correr.

En varias ocasiones, en días normales en los que me dirigía al metro o a la compra tuve que soportar a un par de hombres soltando obscenidades por su boca dirigidas hacia mí, por el simple hecho de ir sola caminando por la calle. No sé por qué volví a ignorar estas situaciones, a no darles importancia, a naturalizarlas. Hasta hoy.

Me encontraba en el metro yendo a clase, de pie, cuando un hombre se puso a mi lado con un libro y una bolsa. Pasaban las paradas y el hombre, de manera extraña, se iba acercando a mí. Aunque me llamó la atención, pensé que sería cosa mía- Un minuto después el hombre estaba demasiado cerca, llegando incluso a tocarme. Me separé porque la situación era algo incómoda. De repente le miré y me encontré al hombre con el miembro fuera, empalmado y restregándose contra mí. No hice nada. Me bloqueé y no hice nada.

Parece ser que, debido a que estaba tapado por la bolsa, nadie se dio cuenta. No me sentí con derecho a gritarle, replicarle o lo que fuese, y ni siquiera sé por qué y no sabéis cuanta rabia me da eso. Ni yo ni nadie tiene por qué soportar este tipo de cosas. Nunca.

Claudia.

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