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REGIÓN DE MURCIA

Señoras de ayer, mujeres de hoy

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Estimado, querido, respetado… Vacilo un poco a la hora de dirigirme a usted señor Pérez-Reverte, no gozo de la misma instrucción académica ni he tenido los mismos recursos como para averiguar cuál es la forma correcta de llamarlo. Le llamaré Sr. Si no es mucha molestia.

Primero y antes que nada decirle que soy, bueno, fui, hace tiempo, una gran admiradora de su trabajo, se me antojaban sus textos elegantes, pero ya no. No después de leer artículos que usted mismo ha escrito burlándose de las mujeres o quejándose de las mismas al recriminarle un acto machista o micromachista, llámelo como guste.

Quiero que entienda que soy mujer, lo soy desde el primer soplo de aire que tomé al nacer y lo seré hasta mi último suspiro, estoy orgullosa de ello, pero no por mi género o mi condición, lo estoy por mujeres, aquellas mujeres hoy olvidadas, que conquistaron tales derechos que hoy me permiten estar aquí, sin miedo a represalias o cárcel, escribiéndole.  También quiero que comprenda que no le escribo desde el odio. No le odio por ser hombre, pero quizás usted si me odie por ser Feminista y pertenecer al Movimiento Democrático de Mujeres, más concretamente el de la Región de Murcia.

No he podido salir de mi asombro cuando hace escasos días llegó  a mi una publicación en la que se quejaba de una señora porque le llamo machista al sujetarle la puerta. Debe entender que los tiempos han cambiado, no vale con quedarse anclado en una edad de oro o en un año clásico en el cual las mujeres eran meros objetos humanos de decoración de galantes hombres. Tengo treinta años y perdone la osadía, pero usted no es nadie para juzgarme a mi o a cualquier mujer ni por los andares ni por la ropa que llevamos. Vivimos en el año 2016 y aún tenemos que dar explicaciones, para variar, por nuestros actos, pero ustedes, los hombres, y más concretamente usted Sr. No debe dar explicaciones de nada ni se arrepiente de sus palabras. Eso sí lo considero una osadía repleta de soberbia por su parte.

Déjeme explicarle varias cosas. El día que juzgó a ésa mujer rubia, de preciosas curvas, vestida con un traje de falda corto negro y tacones, lo hizo como si de ganado u objeto se tratase, después reparó en su forma de andar y se burló de tal manera que aún no entiendo cómo no se le ha caído la cara de vergüenza, llegando a decir que se la sacrificase para que dejara de sufrir. En ningún momento se paró a pensar que quizás aquella mujer llevaba una larga caminata con un calzado poco apropiado para ello, no empatizó ni un ápice, no pensó que a lo mejor su trabajo la fuerza a llevar unos tacones porque es mujer y debe llevarlos, esos comentarios debemos aceptarlos porque usted es un ilustrado y una letra de la Rae, pero usted no puede asimilar que sencillamente es Machista y no quiere poner remedio a ello.

Aún no he conocido ninguna empresaria mujer que fuerce a llevar tacones y mini falda al trabajo, pero sí he conocido a muchos empresarios hombres que han intentado forzarme a ello por mi condición de mujer. Le invito a que un día se ponga en su propia casa para no pasar vergüenza unos tacones de más de 8 cm de altura, de aguja y camine, trate de caminar y podrá entender que no es tan sencillo, también vista una mini falda de tubo, estrecha, ajustada, verá que entonces sus palabras de aquel día dejan de tener sentido.

Se ha sentido muy ofendido por haber sido llamado machista, que no es más que una realidad a la que debería hacer frente lo antes posible, pero nosotras debemos callar y consentir que nos trate de una forma poco cívica y para nada a la altura de su fama, sinceramente, esperaba más de usted.

Nosotras no hemos escrito las reglas, pero sí las estamos reescribiendo para hacer una sociedad más justa.

Mi segundo asombro llegó cuando escribió un artículo en que trataba a una señora de presunta señora por no aceptar un gesto que usted considera cortés y nosotras consideramos micromachismo. No le faltó tiempo para insultarla, eso sí, siempre de una forma muy sutil y exquisitamente literaria, pero no todo vale. No todo es aceptable. Ha de despertar y darse cuenta de que las mujeres de hoy día no somos menos mujeres por no aceptar que nos paguen una cena o nos regalen un ramo de flores. No se debería medir la educación, la clase y la elegancia con ése tipo de baremo, es peligroso cual navaja de doble filo. 

Sé que todo esto no le sonará más que a un discurso más de una feminista resentida, desde ya le aviso que está totalmente equivocado, pero de lleno, aunque entiendo que su ego y orgullo no le permitirán ver la esencia de mis palabras, no es algo que me preocupe. Simplemente quería hacer llegar hasta usted un pensamiento y una decepción. El machismo es una gran lacra que llevamos arrastrando en nuestra sociedad desde hace demasiados años, cuando alega que no quedan mujeres como las de antes sólo puedo decirle que menos mal, porque le recuerdo que aquellas mujeres eran meros objetos decorativos en las fiestas, muchas de ellas tenían que aguantar violaciones de sus maridos, palizas, guantazos y humillaciones públicas. Menos mal que ya no quedan mujeres así, que las que ahora vivimos en el planeta hemos despertado ante la realidad y procuramos que el machismo no siga avanzando, porque le recuerdo que el machismo mata. Desde que comenzó el año más de 60 mujeres han visto su vida desvanecerse entre las manos de sus asesinos. Muchas de ellas asesinadas por decir No, por no querer una copa en un bar, por no aceptar una cena, muchas de ellas hoy ya no viven por no aceptar lo que para usted es algo cortés y para nosotras machismo.

Para terminar y sin ánimo de sonar arrogante quiero hacer una referencia a lo que usted considera cortesía. El hecho de ceder el paso a una mujer nos viene de la edad media. Cuando el hombre dejaba pasar a su mujer delante de él a riesgo de encontrar en la sala algún peligro, pensándolo bien comprenderá que nos resulte algo machista, usted me cede el paso por si alguna amenaza pudiera aparecer y no ser usted "la diana". Seguramente ante esto preparará un gran argumento tipo: si lo cedo soy un machista por la descripción que ofrece, pero si no lo hago se me tacharía de mal educado. No Sr. Reverte, nosotras no le tacharíamos de nada, de hecho hasta lo agradeceríamos. Usted mismo tiene prejuicios sobre lo que es o no educación y cortesía. Nosotras no hemos escrito las reglas, pero sí las estamos reescribiendo para hacer una sociedad más justa. No le imagino cediendo el paso a una persona transgénero, sinceramente, no me lo imagino. Ejemplos como éste le pudo poner muchos, como el por qué al subir o bajar las escaleras las mujeres, por protocolo, han de ir detrás del hombre, el por qué en un coche se le cede el paso a una mujer, etc, pero tampoco quiero cansarle.

Simplemente, con todo esto, me gustaría conseguir que pensase un poco las cosas antes de escribirlas, pues llega a mucha gente y de igual manera que puede ser algo muy bueno se puede tornar en un arma contra usted mismo. Muchas madres y padres hoy tienen que llorar el asesinato de sus hijas y usted no es nadie para frivolizar tanto un tema tan grave y que en el S. XXI afecta a tantas mujeres a lo largo y ancho del mundo.

*Ainhoa Bódalo es miembro del Movimiento Democrático de Mujeres Región de Murcia

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