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Dejad que los turistas se acerquen a Gasteiz

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¿Es una impresión mía o últimamente Vitoria está llena de turistas plano en mano? Dice idoia Garmendia que Vitoria ha experimentado una subida de turistas sin parangón en los últimos años. Y dice Isabel Martinez que nanai de las chinas. Al margen de esta pelea de gatas, parece que todos los granitos de arena que se han ido poniendo están dando sus frutos.

Llegué a esta ciudad hace 14 años y no sé si para los VTV estaré en lo cierto pero Vitoria ha cambiado y mucho. Para bien, menos mal. Por aquel entonces, anécdota verídica, quien preguntaba por Gasteiz en nuestras capitales vecinas (y tradicionales 'enemigas' en muchos asuntos, también el turístico) recibían por respuesta un "allí no hay nada que ver señora”.

Obviamente, esta percepción externa aumentaba el complejo vitoriano de capital artificial y empujaba a sus gobernantes a buscar un proyectazo estratégico que bañara su ego y se convirtiera en el cáliz capaz de atraer a miles de turistas allende nuestras fronteras. Nos vendían en plan oráculo que los visitantes dejarían aquí  sus chines y el agujero económico se cerraría sin darnos cuenta. Así tuvimos, por ejemplo, un Artium, ¿se acuerdan?  Ese museo que sirvió para calmar el ego de un arquitecto y que a ratos agoniza en la calle Francia sin que nadie se entere. Porque, al contrario de lo que nos contaron, no funciona solo, bien lo sabe el equipo que intenta sacarlo adelante a diario. Y a punto estuvimos también de tener un auditorio. Menos mal que logramos zafarnos del proyecto en sí y de quien lo propició porque hubiera sido nuestra ruina.

Siempre tuve la impresión de que los gobernantes acomplejados no eran capaces de ver las bondades de la ciudad, quizá porque tienen una grave tendencia a mirarse al ombligo

Siempre tuve la impresión de que los gobernantes acomplejados no eran capaces de ver las bondades de la ciudad, quizá porque tienen una grave tendencia a mirarse al ombligo. Iniciativas como el Azkena Rock, por poner otro ejemplo, tuvieron que demostrar mucho más que otras de dudoso contenido para conseguir apoyo institucional. Por no hablar del Anillo Verde, ese paraíso al lado de la ciudad que para muchos parece que surgió por generación espontánea.

También vino un tal Gonzalo Arroita cuyo nombre todavía escuece en algunos oídos y dio un vuelco al concepto de turismo. Convirtió una catedral abandonada que se caía a cachos en un foco turístico sin competencia. Y, pese a sus errores, consiguió que el Casco Histórico fuera más que un meadero y un vomitorio y que algunos se enteraran de que había hasta muralla.

Debo confesar que a veces me pregunto si luchar por que vengan miles de turistas debe ser un objetivo en sí mismo por narices. Pero también reconozco que ese deseo probablemente haya propiciado cambios que hacen de Vitoria un lugar al que apetezca venir y en el que está bien vivir. 

Sea como sea, el turismo se asienta despacito y muchas iniciativas crecen a su alrededor, al margen del incansable trabajo de Ana Lasarte y su equipo. Quedan muchas asignaturas pendientes, Vitoria es mucho más que un Casco Medieval y un puñado de bares y restaurantes. Y, aunque no sea lo más importante, estoy segura de que hasta los bilbaínos envidian a nuestro Andresito.

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