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ENTREVISTA | Espido Freire

"Es la primera vez en la que una generación ha vivido y aspira a vivir en libertad"

Espido Freire ha ganado el Premio Azorín este año con su última novela, 'Llamadme Alejandra', sobre la zarina que vivió durante la revolución rusa 

La escritora llega a Laredo este miércoles para protagonizar el acto de clausura de la XXIII edición de los Cursos de Verano de la Universidad de Cantabria

"Los jóvenes siguen leyendo y lo que hacen las redes sociales es abrir caminos muy interesantes de creatividad", afirma sobre el fenómeno de Manuel Bartual

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Espido Freire cree que "está cambiando el perfil del ganador del Premio Príncipe"

La escritora Espido Freire. | EFE

Espido Freire (Bilbao, 1974) es una laureada escritora, licenciada en filología inglesa, que se diplomó en edición y publicación de textos. Además, posee del don de la palabra y una capacidad de expresión y relación envidiables. Su talento para las letras le ha servido de vía de escape a lo largo de los altibajos de su vida. Su conciencia sobre el poder de la palabra le ha servido para conseguir el Premio Planeta siendo la autora más joven.

Su último logro, el Premio Azorín logrado con 'Llamadme Alejandra', una novela que cuenta, desde la perspectiva de la zarina protagonista, su historia durante la revolución rusa de 1917. Freire se enorgullece de tener una voz propia, que traerá este miércoles 30 de agosto hasta Laredo, para protagonizar el acto de clausura de la decimotercera edición de los Cursos de Verano de la Universidad de Cantabria.

¿Qué hay de Espido en Alejandra, protagonista y voz de su última publicación?

Hay poco, porque al estar basado en un personaje histórico primaba el interés de la realidad. He intentado hacer una aproximación distinta al personaje, una visión mucho más tierna y compasiva hacia una mujer que se equivocó mucho, que tuvo muy buena intención, pero que, como nos ha pasado a muchas personas, sus mayores aciertos han sido también sus mayores errores. Por otro lado, fue una persona que no tuvo la menor oportunidad de defenderse frente a un código histórico que, rápidamente, la calificó como una de las malvadas históricas. No fue una mujer perfecta. Quizá es el momento de hablar de mujeres imperfectas, no de heroínas, ni de grandes figuras, sino de otro tipo de perfiles.

Con el tiempo he llegado a cogerle mucho cariño a este personaje, lo cual no significa que sea ni una buena persona ni digna de imitación. Alejandra tuvo claros, luces, y eso es lo interesante para mí ahora, reflejar en un personaje contradicciones y dudas. De lo que te estoy hablando en esta entrevista ahora estoy segura, pero quizá dentro de tres, cuatro o cinco años tenga que rectificar porque haya madurado o cambiado y quiero reflejar nuestra propia evolución. ¿Qué hay de mí en ella? Esa flexibilidad, darnos cuenta de que lo que pensábamos con 20 años que nunca cambiará, ha cambiado diez años más tarde, que con 40 ha vuelto a cambiar y que a ver qué nos deparan los 50, los 60...

¿En qué discrepan su personaje y usted?

Ella era una mujer muy tímida, muy introvertida, muy celosa de que no supieran nada de ella, incluso en su círculo más íntimo guardaba sus emociones y sus pensamientos. Y yo, en cambio, he sido siempre muy extrovertida, muy expansiva, muy necesitada de escribir, de interpretar todo lo que me oprimía dentro y compartirlo de alguna manera. Esto nos coloca en parámetros totalmente opuestos. Para mí era complicado meterme en la cabeza de una tímida porque no lo he sido nunca. También, ella tenía una idea muy familiar, muy convencional de pareja, de familia, y yo no tengo hijos. Para ella sus cinco hijos eran su vida. Centrarme en eso ha sido un reto.

¿Por qué decidió escribir sobre la revolución rusa?

Escribí sobre ella, que apenas tiene incidencia en la revolución rusa. Cuando comienza la revolución rusa ella está apartada y luego es asesinada. Decidí escribir sobre esa mujer porque me había interesado desde que era niña, por una casualidad, llegó a mi vida a través de una fotografía y un artículo en un diccionario y me gustó, como nos gustan a los críos las cosas, porque sí, y a lo largo del tiempo fui cogiendo más datos de ella, fui reuniendo más información.

Cuando algo se convierte en importante en la vida de un escritor, este sabe que, de una manera o de otra debería aparecer en su obra, así que decidí otorgarle toda una novela. Pero el eje era ella, no hablar de su época. Una vez que estudias sobre su figura no puedes huir de su entorno histórico. Se convertiría en una novela monumental si habláramos de la revolución y de todos sus recovecos. Juan Eslava Galán, por ejemplo, que se ha dedicado más en su ensayo a ese tema, no ha tratado los zares y las zarinas, por esta misma razón, porque no podemos cubrirlo todo.

La última zarina de Rusia, Alejandra Feodorovna.

La última zarina de Rusia, Alejandra Feodorovna.

  Este año ganó el Premio Azorín con esta novela. ¿Qué más destaca de este 2017?

Para mí ha sido un año dominado por dos temas históricos, curiosamente, ya que no soy una autora que me dedique particularmente a estos temas, pero publiqué una novela juvenil, 'El chico de la flecha', destinada a chavales para hablarles de la Hispania romana, que ha funcionado muy bien; y publiqué 'Llamadme Alejandra', que habla de un tema histórico también y ha sido premiada. Creo que es una prueba de que, a pesar de que en los programas escolares la historia parezca relegada a un segundo plano, el ser humano sigue teniendo curiosidad porque nos cuenten quiénes hemos sido y por explicarnos a nosotros, en función de quiénes fueron nuestros antepasados.

Entonces, ¿quién es Espido Freire? Estudiando su historia, ¿cómo se define?

Yo pertenezco a una generación privilegiada que ha tenido acceso a estudios superiores, que ha tenido acceso a una independencia económica e intelectual, que ha vivido en democracia y que tiene la oportunidad de hablar con su voz y no con la voz de otros. En mi caso, no solamente a través de mis libros, que es mi trabajo, sino también a través de medios de comunicación o a través de las redes sociales. Es la primera vez en la historia en la que una generación ha vivido y aspira a vivir en libertad.

Al leer sus títulos publicados, se aprecia un reconocimiento a las mujeres. ¿Cuál es su concepto de feminismo?

El feminismo busca una igualdad de derechos, obligaciones y circunstancias entre hombres y mujeres, respetando sus diferencias. Me parece que es algo que hemos absorbido precisamente con otros valores, como la democracia o la idea de justicia. Es interesante que ahora vuelva a ponerse en debate porque tienen que venir nuevas generaciones que abran nuevos caminos con preguntas nuevas.

¿Cuál es el papel de la mujer en la literatura nacional actual?

La mayor parte de las compras de libros parece que se realizan por lectoras, o que van destinadas como regalos a lectoras. En mi caso, por alguna razón, está muy igualado el porcentaje de lectores varones y lectores mujeres. Las escritoras hemos conseguido una relevancia en visibilidad, es decir, se habla mucho más de nosotras que hace 20 o 30 años. Sin embargo, parece que el número de publicaciones sigue siendo sensiblemente menor. Mi experiencia en cursos literarios es que entre un 70 y un 75% de alumnas son mujeres, aunque es de esperar que esas cifras cambien en un futuro. Estamos en una sociedad muy dinámica, lo que valía hace cinco años es muy posible que cambie en apenas dos.

¿Es más difícil que se escuche una voz femenina que una masculina, a la hora, por ejemplo, de colaborar con medios o a la hora de tocar las puertas de una editorial?

En editoriales creo que no. En los medios de comunicación, principalmente en los periódicos, creo que es evidente que hay una mayor presencia de firmas masculinas, pero en cuanto a la ficción, desde luego, no. Yo no tuve mayor dificultad para publicar por ser mujer, o por ser joven, o por vender en el País Vasco; en mi caso, empecé a publicar muy jovencita y creo que lo que primó fue apostar por una novela que, cuando llegó a la editorial, era ya más o menos importante, tenía varias obras y, por otro lado, creo que veían la conveniencia en que aparecieran nuevas voces.

"Yo no tuve mayor dificultad para publicar por ser mujer, o por ser joven, o por vender el País Vasco".

Ha dicho que dejó de colaborar con los medios de comunicación cuando decidió no hablar de política. ¿Cree que es necesario no tomar una posición política para poder trabajar?

No lo he expresado así exactamente. En un momento determinado, sobre todo con la crisis, empezaron a buscar perfiles más políticos y yo no soy un perfil político. Quizás por esa razón y, más bien por la crisis, en la que ha habido un reajuste brutal, ha tenido algo que ver. O a lo mejor no, estoy equivocada y lo que yo tenía que decir no interesaba en absoluto. Pero como en conferencias y otro tipo de participaciones sí que he mantenido el mismo número de intervenciones... Esa es mi interpretación, que repito, puede estar equivocada.

¿Cree que la literatura está politizada?

No estoy demasiado segura de ello. Creo que en estos momentos en la política hay medios más inmediatos y más potentes para usar que la propia literatura, sobre todo, los medios de comunicación y las redes sociales. La literatura siempre va con más calma, siempre se publica con retraso, empezamos ahora a hablar de temas que nos preocuparon hace 20 años y, por lo tanto, no es un terreno muy interesante para la política.

Otra cosa es que haya políticos que hayan tenido siempre veleidades literarias y que en un momento determinado puedan, o no, publicar un libro. Creo que sigue primando el interés del lector, por supuesto el número de ventas, el hecho de conseguir un best-seller es el sueño de todo editor. Ahora tenemos también muchos títulos internacionales que se traducen y que vienen avalados de un éxito importante, pero en ese sentido, creo que poco tiene la política que ver.

Llama la atención el uso que hace de sus redes, en la mayoría de sus fotos etiqueta a la firma que la viste, como si de una influencer se tratase. Usted sufrió bulimia en el pasado y me parece que existe un contraste. ¿Hasta qué punto el mundo de la moda y la búsqueda de la perfección, que se está generando en las redes sociales, fomentan las enfermedades alimenticias?

Aquí estamos mezclando varias cosas distintas. Por un lado, yo siempre he trabajado con marcas, desde el inicio de mi carrera literaria he tenido colaboraciones con firmas distintas, tanto de cosmética, como de moda, de calzado, de vinos, de alimentación... Es un terreno que me ha interesado y que he querido estudiar. En el momento que aparecen las redes sociales, sobre todo Instagram, amplía, sencillamente, esa forma de trabajo.

Por otro lado, cuando yo estuve enferma, durante mi adolescencia, hace 30 años, tanto lo que se sabía, como la manera de abordar la enfermedad era muy distinta a la de ahora. Ahora sabemos que no es tanto el mundo de la moda, o el aspecto estético lo que influye en esta enfermedad, sino otro tipo de factores, como la idea de perfección y, también, influencias genéticas o medioambientales.

Y en cuanto a Twitter, a raíz de la famosa historia de Manuel Bartual, hay gente que está diciendo que los jóvenes apenas leen libros, solo leen lo que aparece en sus timelines. ¿Cree que este movimiento beneficia o perjudica a la literatura?

Los jóvenes siguen leyendo libros, lo que pasa es que no leen los libros que nosotros queremos; no leen nuestros libros de la misma manera en que quisiéramos. El fenómeno 'Harry Potter', el fenómeno 'Crepúsculo', el fenómeno de la literatura juvenil no tenía parangón en este país en mucho tiempo. ¿Qué pasa? En la veintena, coincidiendo con los estudios superiores, quienes los tengan, y coincidiendo con el ingreso en el mundo laboral, quien tenga esa suerte, disminuye drásticamente el número de libros que se leen.

Se lee durante la carrera o la adolescencia y después vienen otro tipo de intereses. Pero se leen el timeline, se leen blogs, se leen obras que se están haciendo online, los foros online están más activos que nunca... Yo creo que es una visión bastante reduccionista. Yo sigo acudiendo a los clubes de lectura, sigo acudiendo a los institutos y es una visión un poco catastrofista de la juventud.

Además, hablando de las redes sociales, se nos ha abierto un camino nuevo, lo que ha hecho Manuel Bartual durante la pasada semana no se podría haber hecho hace algún tiempo. No digo que sea una obra literaria, lo que estoy diciendo es que se están abriendo caminos muy interesantes de comunicación y de experimentación, de creación pura y dura, de creatividad, y eso yo solo puedo seguirlo e interesarme por ello.

¿Qué destaca de su faceta de actriz?

Que continuaremos con ella; me temo que ahora ya tiene mal arreglo. En principio las críticas fueron buenas y mi experiencia fue muy positiva. Mi intención es continuar estudiando, continuar formándome en ese terreno. Si antes hablaba del condicionamiento de la edad, en el caso de las actrices es muy elevado. Yo no soy una veinteañera. Entonces, sin que sea mi dedicación principal, porque soy y siempre seré escritora, el hecho de interpretar, de convertirte en personaje y tener un acercamiento con el público distinto, muy intenso y de una inmediatez enorme, es algo que voy a seguir haciendo si me dejan.

Cuando debutó como actriz, hablaba de monstruos particulares y monstruos colectivos. ¿Cuál es el mayor monstruo con el que lidia Espido Freire a diario?

Yo, supongo. El que anida en mi interior, me temo... o esa era la apuesta con la que salimos. Uno de los temas de los que he hablado siempre en los que he escrito ha sido del lado oscuro del ser humano, de la faceta oscura, de aquello de lo que no queremos hablar. Es lógico que en el acercamiento al teatro, además siendo una obra que he escrito yo, continuara por esa misma línea. El teatro es un lenguaje nuevo con el que me queda mucho por hacer y por experimentar, tanto escribiéndolo como interpretándolo, me siento muy nueva.

¿Y el monstruo social más temible para usted?

La hipocresía. El prejuicio. La falsa moral. Esos tres, no están mal. Son un monstruo de tres cabezas, son hermanos con un tronco común, pero si lográramos evitarlos no estaría mal. De allí ya devendrían muchos bienes.

Hemos comenzado hablando de lo que un siglo puede suponer para una comunidad y también sobre cambios. En cuanto a España, ¿cómo se imagina este país en un siglo? ¿Prevé una revolución?

Las revoluciones traen siempre sangre. Es preferible un pacto, es preferible una evolución, es preferible el hecho de que se hable, de que se llegue a acuerdos de que pongamos el bien común por encima de otras cuestiones. Para no llegar a una revolución hacen falta pasos previos que tienen que ser dados con pies de plomo y mucha sensatez. Este es un momento en el que tenemos que ser sensatos, porque las revoluciones, independientemente de cuál sea su resultado, cortan muchas cabezas y atraviesan muchas vidas con armas de todo tipo, incluidas las palabras.

Y sobre su futuro, ¿qué le espera?

Me espera bastante trabajo. En lo que queda de año, otra novela juvenil, un ensayo para el año que viene, continuar trabajando en todo lo que puedo. No es un momento fácil para vivir de temas relacionados con la cultura, no lo ha sido nunca. He tenido siempre la patita en comunicación y en publicidad, la patita en educación y formación, y la patita en la parte de creación literaria y fomento de contenidos y con eso voy a continuar. Me veréis en lo mismo en lo que he estado ahora y en alguna cosa más.

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