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La metamorfosis de Proyecto Hombre

La organización social, que cumple 30 años en Bizkaia y Gipuzkoa, se esfuerza ahora en rehabilitar alcohólicos y cocainómanos socialmente integrados frente a los heroinómanos desahuciados de las décadas de los 80 y 90.

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Proyecto Hombre cumple 30 años en Bizkaia y Gipuzkoa.

Proyecto Hombre cumple 30 años en Bizkaia y Gipuzkoa.

“El perfil de adictos a las drogas con el que tratamos ahora no tiene nada que ver con el de hace 30 años”. Rafael Cortés, responsable del área de Asistencia de la Fundación Gizakia (que se encarga del Proyecto Hombre en Bizkaia) resume así la metamorfosis que ha experimentado Proyecto Hombre en las últimas décadas. Las fundaciones Gizakia (Bizkaia), Jeiki (Álava) e Izan (Gipuzkoa) que desarrollan el programa de Proyecto Hombre en los tres territorios nacieron para tratar a un prototipo de adicto muy concreto: heroinómanos irreductibles, prácticamente desahuciados y con numerosos problemas con la justicia. Ahora, el perfil que pasa por Proyecto Hombre obedece al de alcohólicos y cocainómanos socialmente integrados. En 2014, Jeiki ha atendido 129 personas nuevas y Gizakia 487.

“Hemos pasado de la preponderancia absoluta de la heroína, a que esta pase al cuarto lugar en cuanto a consumo, por detrás del alcohol, cocaína y cannabis Entonces, la droga llegó a ocupar el segundo puesto en las preocupaciones de los ciudadanos y ahora no pasa del 24”, explica Cortés. Y el porcentaje de personas que, además de una adicción, tienen diagnosticada una patología mental alcanza ya de media un 65%. “Esto complica mucho la intervención. Además, se está produciendo un paulatino incremento de edad de las personas en tratamiento, aumento especialmente acusado en el caso de las mujeres, cuyo número sube de manera significativa a partir de los 42 años”.

Es decir, un tipo de adicto más socializado y que provoca menos alarma social. “Sí, pero tenemos una dicotomía entre la banalización del consumo y sus efectos, y la estigmatización de las personas adictas cuando estas no pueden controlar su toxicomanía. Cuando precisamente la incapacidad de control del consumo es una característica de la adicción”.

En estos 30 años de trayectoria de Proyecto Hombre en Bizkaia y Gipuzkoa (y 25 en Álava), el problema de la droga ha dejado de ser visible para convertirse en un problema de tipo personal. “Ha desaparecido como problema de orden público para convertirse en un problema individual o familiar en todo caso. Al igual que ocurre con la enfermedad mental, Y, además, en el caso de nuestro colectivo se suman los  estigmas de adicto y enfermo mental”.

Joseba Rey, responsable de la parte asistencial y unidad de evaluación psicológica de la Fundación Jeiki, añade que la principal dificultad estriba en el proyecto rehabilitador, no tanto en la desintoxicación de la sustancia. “Cuando alguien acude a Proyecto Hombre es porque hay un problema en el entorno, porque le han dado un ultimátum. Lo importante es conseguir una motivación interna del adicto que le lleve a luchar por dejar la adicción”. El programa entero (desde la fase ambulatoria, pasando por la residencial y terminando con la reinserción) puede rondar cerca de los tres años.

Reinserción social más complicada

Ahora, la reinserción de los adictos resulta más complicada coinciden los dos expertos. “Hay complicaciones psicológicas añadidas. Antes se perdía todo, se tomaba conciencia de la situación, se trabajaba de manera personal para adquirir responsabilidades y en la fase de inserción se potenciaba la autonomía para que la persona volviese a caminar sola. Pero ahora la cosa ha cambiado en cuanto a la inserción en el mercado laboral. Hay menos trabajo y, por lo tanto, menos opciones de volver a la normalidad”.

Cortés lo confirma con datos. “El 63% de la población atendida tiene a lo sumo el Graduado Escolar. Por otro lado, el número de personas que al iniciar el tratamiento en Fundación Gizakia se encontraba desempleada, alcanza ya el 76%. Y de ellas, ocho de cada diez no tenían ningún tipo de prestación. Situación aún más frágil en el caso de las mujeres atendidas, ya que tan sólo un 10% de ellas estaban trabajando”.

Por eso, la Fundación Gizakia incide en los procesos de inserción laboral. Según la memoria de actividad de 2013 de Gizakia, de las 168 personas que han trabajado en la búsqueda de empleo, 67 han tenido al menos una experiencia laboral. “Lo que nos da un buen porcentaje del 40% en inserción laboral”, recalca Cortés.

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