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Canal NO: cuando la democracia garantiza el futuro

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¡Piensa globalmente y actúa localmente! Esta popular máxima se atribuye al agrónomo, biólogo y ecólogo René Dubos en la primera Cumbre de la Tierra, celebrada en 1972. Dubos defendía el desarrollo sostenible como el establecimiento de relaciones duraderas y constructivas entre las personas y la tierra. Por tanto, la satisfacción de las necesidades presentes no debe comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas. Bajo este espíritu, la plataforma Canal NO lucha contra un macroproyecto que amenaza con destrozar la ribera del Ebro a su paso por Mendavia.

Durante años, este proyecto avanzaba en silencio, a espaldas del pueblo. Por diferentes motivos, obtenía todos los permisos y ninguna de las partes implicadas ponía trabas: ni el ayuntamiento, ni la junta de  la comunidad de regantes. Pero, a principios de 2014, Canal NO descubrió el pastel, ante una solicitud que la empresa privada Tindaya Renovables S.A. había realizado a la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE). En ella pedía una concesión de agua de 99 m3/seg, cuando la media del Ebro en ese punto apenas supera los 100m3/seg. La plataforma se puso a investigar y descubrió que se pretendía transportar este caudal a través de un macrocanal de 8 kilómetros de largo y 51 metros de ancho (casi el doble que el canal de navarra), que cruzaría todo el regadío tradicional de Mendavia para alimentar una central hidroeléctrica de mas de 9.000 kwa.

Por supuesto, el proyecto se presentó como una oportunidad de modernizar el regadío y traer prosperidad al pueblo. Pero nada mas lejos de la realidad. El pastel descubierto incluye una derivación de caudal que provocaría afecciones irreparables a los hábitats de los “sotos y riberas del ebro”, incluido en la red natura 2000; obligaría a restringir el acceso a entrañables zonas de recreo para los mendavieses, como Legarda, la Barca o la Sarda; se harían expropiaciones forzosas y, para colmo, los propios vecinos deben regalar la tierra a la empresa para que pueda construir la obra porque, si no, no sale rentable. Todo esto por no hablar de la pérdida económica que sufrirán los agricultores por la paralización de parte de las tierras durante los dos años de las obras, y que está calculada en unas 100.000 horas de trabajo.

Los vecinos de Mendavia tuvieron la oportunidad de escuchar a la empresa. Esta llegó a prometer 200 empleos, aunque en el papel solo hablaba de 20 (y únicamente para los dos años de construcción de la obra). Hablaron de una necesidad energética que no es real, y minimizaron las agresiones ambientales. La lucha de Canal NO consistió en informar. Mediante charlas, artículos en prensa, revistas, televisión, se consiguió que el tema estuviera en los medios. Tan sólo en tres meses, se recogieron 1.211 firmas que solicitaban que el ayuntamiento no apoyara el proyecto. Se acudió al Parlamento de Navarra, al defensor del pueblo (que dictaminó en favor de la plataforma) y, por fin, el ayuntamiento tuvo que llevar a cabo un sondeo de opinión para saber qué quería la ciudadanía de Mendavia.

La ciudadanía demostró que sí es responsable con las generaciones futuras, que prefiere la salud del río más caudaloso de la Península que el agotamiento de los recursos naturales para interés particular y privado

Y así llegamos al 3 de febrero, día en que el pueblo pudo votar. Acudió el 53% del censo, con un resultado del 90% de votos contrarios al proyecto. Así demostraban que la ciudadanía sí es responsable con las generaciones futuras, que prefiere la salud del río más caudaloso de la Península que el agotamiento de los recursos naturales para interés particular y privado. Ese gran día, Mendavia supo recuperar el espacio democrático que se le había quitado al no hacerla conocedora de esta obra.

Pero la lástima es que esta expresión de voluntad democrática no es el fin de la historia. Todavía la CHE y el Ministerio de Medio Ambiente podrían dar luz verde a la destrucción de la ribera de Mendavia si mantienen un informe favorable al proyecto. Y entonces ni ayuntamiento ni pueblo podrían hacer nada para pararlo.

Aquel 3 de febrero no solo el pueblo de Mendavia hizo descarrilar el proyecto. El Ebro, como si quisiera dar un puñetazo en la mesa, salió de su curso. Inundó todo el regadío, toda la zona que se pretende devastar. Así dejó claro que, en Mendavia, el único que manda realmente es él.

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