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ENTREVISTA – Jorge Nieto, candidato a rector de la UPNA

"Wert tiene aciertos y fallos, pero un problema de comunicación"

Jorge Nieto es uno de los dos aspirantes al Rectorado de la Universidad Pública de Navarra. Entre sus apuestas, aboga por atraer profesorado con un jurado externo, eliminar la convocatoria de exámenes de septiembre y aboga por la excelencia.

Este catedrático de Fundamentos de Análisis Económico asume que le colgarán el “sambenito” de aspirante tradicional, pero reniega de esa etiqueta política.

Propone “que haya una transición del 4+1 al 3+2. Que haya un grado de tres años, un año con precios similares a los del actual cuarto curso y, luego, los dos años de máster”.

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El catedrático de Fundamentos de Análisis Económico Jorge Nieto.

El catedrático de Fundamentos de Análisis Económico Jorge Nieto.

Jorge Nieto, catedrático de Fundamentos de Análisis Económico en el Departamento de Economía de la UPNA, asegura que no tiene muy claro por qué se presenta al Rectorado. Sin embargo, admite que una razón de peso ha sido que su contrincante, Alfonso Carlosena, no fuera el único candidato. El próximo 13 de mayo se celebrará la votación y solo uno de los dos encabezará la Universidad Pública de Navarra. El que fuera vicerrector de Gestión Académica con Pérez Prados (entre 1995 y 1999) admite que en este proceso le colgarán el “sambenito” de ser el candidato más tradicional, teniendo en cuenta que, por ejemplo, Pérez Prados ha sido parlamentario de UPN en esta pasada legislatura. Él, sin embargo, reniega de esa condición. Y asegura que su apuesta para la universidad es por la excelencia.

¿Cuál es su apuesta principal para la UPNA?

Por una universidad de excelencia, con todo lo que ello significa. Se trata de atraer y retener el talento, la creatividad y la innovación. Mirar hacia arriba en lugar de hacia el ombligo.

¿Todo eso no necesita recursos¿ El presupuesto de la UPNA se ha reducido de forma llamativa en los últimos años por los recortes del Gobierno Foral

Sí, pero no es la parte más importante, sino que nosotros nos lo creamos.

Hablar de excelencia suena más a discurso de universidad privada, porque la pública parece más centrada en pasar las estrecheces de la crisis.

Hay universidades públicas fantásticas. No voy a hablar de las de Estados Unidos o Reino Unido, para qué. Pero lo claro es que el nivel de excelencia no tiene que ver con la categoría de pública o privada de una universidad, sino con cómo se gestiona.

¿Por dónde quiere empezar?

Por la contratación de profesorado, porque no sea algo interno sino externo. Que las plazas se difundan entre todas las universidades españolas y en páginas web internacionales; que a las plazas nuevas y de promoción, todas, se les dé la máxima difusión. Tenemos que poner nuestras plazas en el mundo, decirles 'Podéis venir aquí', y que sepan que no se van a encontrar con un tribunal interno, sino con uno externo, extraído de una lista de profesores de universidades españolas que tengan por lo menos tres sexenios de investigación vivos.

Desde el actual equipo de rectorado se habló de que en los últimos dos o tres años ha habido 50 bajas y únicamente cinco incorporaciones.

Lo mío no es cuantitativo, sino cualitativo. Si hay cinco incorporaciones, pero son catedráticos de Harvard, todo sería perfecto.

Esta búsqueda de talento, según se recoge en su programa, también se aplica al alumnado.

Sí. Yo querría cambiar el calendario académico. Que el alumnado tuviera dos maneras de aprobar: la evaluación continuada, en la que puedes recibir el aprobado que te exime de una prueba final, y un examen final. Sin más. Sin el examen extraordinario. El alumnado debe confiar en sí mismo, porque va a ir a la calle y no le van a ofrecer dos o tres oportunidades. Tienen que entrenarse.

Es decir, que se pierde la convocatoria de septiembre. Usted ya propuso hace años este sistema, y generó bastante revuelo.

(Ríe). Se generó un revuelo de aquí te espero, pero diez años después se impuso este sistema. Yo proponía eliminar los exámenes de septiembre y llevarlos al curso, y los estudiantes no quisieron. Pero entonces ya me di cuenta de que el porcentaje de aprobados en septiembre era bajísimo, no valía para nada.

Pero al menos los estudiantes sienten que tienen otra posibilidad.

Sí, pero el resultado era malísimo.

Hablar de talento en educación también genera debate. Y más cuando hablamos de una universidad pública. ¿Cómo se compagina el talento con la igualdad de oportunidades?

El sistema de becas lo decide el ministerio…

… ¿y le parece un buen sistema?

No lo sé. Yo tengo que fijarme en las cosas que se pueden hacer y no en las que no.

¿Le parece una buena opción mantener las ayudas al pago de matrícula que ahora tiene la UPNA?

Sí, me lo parece para llegar a estudiantes que no tengan recursos y tengan potencial. Buscaría también un amplio programa de becas para el 3+2 [se refiere a la polémica por los tres años de grado más dos de máster], para impedir que se queden fuera del programa de máster el alumnado que tenga talento.

El error del 3+2 fue no haberlo instalado en su momento; nos marearon con grados de cuatro años cuando la mayor parte de las universidades y la lógica del sistema era el 3+2

Usted propone una transición. ¿En qué consiste exactamente?

Que haya un grado de tres años, un año con precios similares a los del actual cuarto curso y que fuera eminentemente práctico y les diera derecho a un título propio, y luego los dos años de máster, con sus precios pero que no obligan a nadie. Así habría quien pudiera hacer los cuatro años y quien decidiera hacer un máster.

¿Cuál es su opinión sobre el 3+2?

Vamos a acabar abocados a él, no habrá marcha atrás. El error fue no haberlo instalado en su momento; nos marearon con grados de cuatro años cuando la mayor parte de las universidades y la lógica del sistema era el 3+2. Debió haber sido así, pero no lo hicieron por no meterse con el sistema.

¿La universidad se está volviendo más elitista?

Define elitista.

Que no todo el mundo pueda acceder a la universidad, sino aquellos que se lo puedan pagar.

Es una palabra muy compleja. La universidad tiene la misión de igualar las oportunidades, pero, por otra parte, debe ser una igualdad de oportunidades selectiva. Son recursos públicos que deberían ser utilizados por aquellas personas que pueden utilizarlos. La flauta pública hay que dársela a quien sabe tocar y tiene oído. Hay que conjugar estas dos cosas.

¿Qué le parece la gestión del ministro Wert?

Tiene mayoría absoluta. Tiene sus aciertos y sus errores, como todo el mundo, y un grave problema de comunicación. Yo confío en que todo el mundo quiere mejorar las cosas; otra cuestión es el resultado.

Usted fue vicerrector con Antonio Pérez Prados, que ha sido parlamentario de UPN. ¿Esto le convierte en el candidato más tradicional?

No lo sé. Yo no pertenezco a UPN, solo pertenecí a un equipo. No existen los míos y los de los otros. Sé que me colocarán ese sambenito y tengo que cargar con él, pero no es cierto. Yo soy liberal los lunes y los miércoles, socialista los martes y los jueves, ácrata los viernes y sábados, y el domingo, al monte (ríe). Y creo que hay muchas personas que comparten esto.

¿Qué piensa sobre Alfonso Carlosena?

Tiene toda mi estima y mi respeto.

Otro tema por el que quería preguntarle: no ha hablado de la posibilidad de implantar nuevos grados.

No lo sé. Lo estudiaré. No tengo otra respuesta.

¿La UPNA puede competir con la Universidad de Navarra?

Claro que sí, y podemos ganar de calle. Tenemos material para ser mejores. By far, como dicen los ingleses.

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