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Carta a mis amigos catalanes de izquierda

Cuando los nacionalismos se ponen al frente de la manifestación nos hacen creer que no hay distinción de clases, ni diferencias de intereses y que una vez derrotado al enemigo común seremos más libres y viviremos mejor.

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Un sondeo dice que el 46 % de los catalanes prefieren más autonomía sin independencia

EFE

En primer lugar, disculpad si os parece una intromisión, no es mi intención. Creo que lo que está sucediendo en Catalunya nos concierne a todos.

 Tuve la suerte de vivir en Cataluña en el convulso periodo de la Transición. En ese periodo de tránsito de la dictadura a la democracia compartimos ideales y pasiones por un mundo mejor. Coincidimos, vascos, catalanes, murcianos, navarros con gentes de Hospitalet, de Cornella, de Nou Barris, del Raval, de Santa Coloma, del Prat, de Balaguer, de Tarragona, del Maresme…

¡Nunca, en aquel tiempo, ni en mis periódicos regresos a Barcelona, nos preguntamos sobre nuestros orígenes tan diversos! Compartíamos ideales de izquierda en el marco de un Estado, tan evidentemente plural que a causa de los cuarenta años de asociación al franquismo nos costaba llamarlo España y recurríamos al eufemismo de Estado Español. Nuestra causa común no eran las patrias, la nuestra era la causa de los oprimidos del mundo, la causa de la izquierda.  

Nuestras preocupaciones eran, y creo que todavía son, otras: el derecho al trabajo, a la educación, a la sanidad, a la cultura, a la vivienda, a la igualdad de género, a una pensión digna…, la solidaridad con los que más lo necesitaban dentro y fuera de nuestras fronteras, porque las patrias no han sido nunca nuestras prioridades. Nos educamos en el internacionalismo proletario, aunque ahora suene a antiguo. Aunque más antiguo es asistir impasibles e impotentes ante el drama de los refugiados.

También, no podemos obviarlo, entre los postulados de izquierda estaban las llamadas reivindicaciones nacionales, plasmadas para la mayoría de nosotros en los estatutos de autonomía. Entre el férreo estado centralista y uniformizador de identidades del franquismo y la secesión de los independentistas optamos por un Estado de las Autonomías que protegiese la diversidad y facilitase la convivencia.

Nuestra causa común no eran las patrias, la nuestra era la causa de los oprimidos del mundo, la causa de la izquierda

Es evidente que en los últimos años en Catalunya algo ha “fallado” y la convivencia esta fracturada. Algo sabemos de eso los vascos.

No voy a entrar en quién tiene más responsabilidad en esta crisis. Es posible que la tenga el Estado, dado que tiene mayor poder y responsabilidad para gestionar la convivencia de los diferentes territorios de España.

Desde Euskadi algunos vemos con preocupación que las “soluciones” que tanto el PP como Junts X Si ofrecen llevan a los catalanes no a la ruptura con el resto de los españoles sino a la ruptura entre ellos mismos.

Esto ya lo hemos vivido aquí, cuando los nacionalismos, y me da igual si es el gran nacionalismo español o el catalán o el de Cartagena, se ponen al frente de la manifestación nos hacen creer que no hay distinción de clases, ni diferencias de intereses y que una vez derrotado al enemigo común seremos más libres y viviremos mejor.

Tampoco podemos olvidar que desde el comienzo de la transición las derechas catalanas, vascas y españolas se pusieron de acuerdo para defender sus privilegios, se apoyaron mutuamente y se entendieron a la perfección para recortes y leyes limitativas de derechos laborales.

A muchos de nosotros nos gustaría divorciarnos de la España del PP, nos tienen hartos, pero resulta que España no es de ellos. Pero son lo suficientemente mezquinos los patriotas peperos como para sacrificar sus peones en Catalunya, antes en Euskadi, para ganar enteros en la España conservadora.

¡No caigamos en sus interesadas trampas!¡ No les hagamos el juego! Ni a unos, ni a otros.

Por muy hartos que estemos de ellos ¿Qué se nos ha perdido a los de izquierdas en su diabólico juego?

¿Qué tenemos que ganar en esa aventura?

Al día siguiente de la ruptura los ricos seguirán siéndolo y los jóvenes seguirán en la precariedad, porque en este camino lo que no se pone en cuestión es el sistema que da lugar a las desigualdades actuales.

Esta es, compañeros, amigos y vecinos una llamada a la serenidad para que esto no vaya más lejos.

Todos sabemos que, ante la cita del 1-O hace falta soluciones reales y realistas.

También sabemos que las torpezas con Catalunya han reactivado al independentismo irredento (todos mis respetos) y han activado un independentismo/soberanismo coyuntural que no ve más soluciones a corto que dar el portazo.

También sabemos que a estas alturas es difícil convencer a muchos amigos que, no siendo independentistas, ven necesario un referéndum como punto de encuentro y acuerdo mínimo.

Me gustaría que nuestros esfuerzos se orientasen menos a consultas estériles y más a buscar las alianzas necesarias en el campo de la izquierda para desplazar a las derechas de los Gobiernos español y catalán, para abrir un periodo constituyente que mejore el actual encaje territorial y sobre todo social.

Este proceso de ajuste territorial debiera ir acompañado de un paquete de medidas económicas, al igual que se hizo con el País Vasco para superar la reconversión industrial o en Andalucía en ocasión de la Expo o en Asturias con la crisis del carbón etc.

Unas medidas que debieran haber sido tomadas antes y que no tiene nada que ver con la actual crisis política. Catalunya es uno de los tres grandes motores económicos de España y lo necesitamos saneado para remontar la crisis, generar recursos y repartirlos solidariamente entre las naciones, regiones, nacionalidades… que a la postre están formadas por ciudadanos con derechos y necesidades comunes.    

Pero, sobre todo, una vez cerrada la agenda política territorial, diésemos paso a la cuestión social, lo que nos une por encima de las fronteras y los diversos sentimientos de pertenencias.

Me gustaría que hubiese tanta gente en las calles como en las ultimas diadas para defender las pensiones, para denunciar las corrupciones: española, catalana, andaluza, vasca …que en eso pocas diferencias hay.

Me gustaría salir a la calle para denunciar las malas condiciones de trabajo, la precariedad laboral, el deterioro de la sanidad pública…

Porque estás son nuestras preocupaciones y nuestros verdaderos problemas, por los que hemos luchado y seguiremos luchando.

 

 

   

 

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