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Historias

La tremenda desventura de las personas que Steinbeck convirtió en una serie de reportajes precisos, duros y descarnados, titulado “Los vagabundos de la cosecha“ se está reproduciendo ahora mismo en los campamentos de refugiados de Turquía y Grecia

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Las historias del pasado son también las historias del presente. La idea del eterno retorno de Nietzsche no es una idea individual sino colectiva por eso la historia se repite tanto y todos los disparates que cometieron nuestros antepasados también los cometemos nosotros. John Steinbeck, nacido en 1902 y fallecido en 1968, es un autor en el olvido, ignorado por escasos los lectores de esta época. Un escritor que de vez en cuando resucita cuando alguien, casi siempre un periodista cultural ligeramente airado por la pérdida de reconocimiento social de su oficio, hace alguna referencia a “Las uvas de la ira“, no su novela, sino la película que filmara John Ford basada en su libro y que tan brillantemente protagonizara Henry Fonda.

Los agricultores arruinados que perdieron sus granjas tras las descomunales tormentas de polvo que durante los años treinta asolaron los estados de Oklahoma, Texas, Kansas y Nebraska, eran temporeros de cosecha que vagaban por las carreteras del Estado de California en busca de un trabajo a jornal en las grandes y prósperas explotaciones agrícolas ante la indiferencia e incluso el abuso y el maltrato físico que les infringían sus compatriotas.

La tremenda desventura de las personas que Steinbeck convirtió en una serie de reportajes precisos, duros y descarnados, titulado “Los vagabundos de la cosecha“ y publicados en The San Francisco News en el año 1936, se está reproduciendo ahora mismo en los campamentos de refugiados de Turquía y Grecia, donde miles de personas, sirios y libios la mayoría, se hacinan en tiendas, barracas o cobertizos ante la manifiesta indiferencia de los gobernantes europeos y de los ciudadanos que les hemos instalado en el poder.

Todo lo que no parece tener justificación puede explicarse mediante el amor o mediante el miedo, que son las dos emociones básicas.

Ese extenso reportaje periodístico, publicado, ahora, en una edición de Libros del Asteroide, acompañado de un reportaje fotográfico con impactantes imágenes, nos describe desde el pasado lo que están padeciendo en el presente las personas abandonadas a su suerte en los rincones más sombríos de nuestra desorientada Europa; hombres, mujeres y niños acuciados por la miseria, el hambre, la desesperación y la necesidad más absoluta .

Todo lo que no parece tener justificación puede explicarse mediante el amor o mediante el miedo, que son las dos emociones básicas. En este caso mediante el miedo.  El miedo a los demás. Sobre todo cuando los demás son pobres.“ Condenarlos al hambre, como escribe Steinbeck al final de su reportaje, e intimidarlos hasta la desesperación no dará resultado. Pueden ser ciudadanos ejemplares, pero también pueden convertirse en un ejército espoleado por el sufrimiento y el odio que termine tomando por la fuerza aquello que necesita. De cómo los tratemos dependerá el rumbo que se vean obligados a tomar.

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