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Willy Meyer: “Si la gente se queda en el sofá el 25M, le dará un cheque en blanco a la troika”

El cabeza de la lista de La Izquierda Plural pide el voto para acabar "con el ataque por tierra, mar y aire a lo público"

Apuesta por una banca pública europea y renacionalizar el sector eléctrico, el agua, la siderurgia y el naval

El candidato de IU asegura sobre los nuevos partidos que "cualquier proceso personalista tiene toda la legitimidad pero no tiene la capacidad de derrotar al capitalismo"

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Willy Meyer, cabeza de lista de La Izquierda Plural. / Marta Jara

Willy Meyer, cabeza de lista de La Izquierda Plural. / Marta Jara

Willy Meyer, de 61 años, recibe a eldiario.es tras un acto en territorio enemigo: el club Siglo XXI. El cabeza de lista de La Izquierda Plural (IU, ICV y Anova) afronta sus terceras elecciones europeas con la vista puesta en multiplicar su presencia en Estrasburgo.

El 25 de mayo son las séptimas elecciones europeas en las que participa España. ¿Son las más importantes de las celebradas hasta ahora?

Tenemos la oportunidad, la gente que sufre, que está siendo humillada como no se ha hecho nunca en Europa desde los años 30, de dar una respuesta contundente a los responsables de este sufrimiento. El 25 de mayo se puede convertir en la gran movilización contra la Comisión Europea, el BCE y el FMI; contra las fuerzas políticas que diseñaron este proyecto, el PP y el PSOE.

Será además la tercera legislatura que afronta usted como eurodiputado. ¿Cuál ha sido la evolución del Parlamento Europeo en la última década?

Ha respaldado todas y cada una de las medidas antisociales que se han llevado a cabo en los últimos años. Se ha convertido en la caja de resonancia de las grandes decisiones del Consejo Europeo y de la Comisión Europea. No ha tenido ningún protagonismo contra esta orientación neoliberal que está arrasando el empleo en Europa y a los propios Estados.

¿Contra los Estados?

En este momento tenemos un problema de legitimación de los Estados. Las Constituciones nacionales han sido desvirtuadas por el golpe silencioso de la troika, por lo que ha sido un papel de aplaudir y de secundar todo lo que se decidía en la Comisión y en el Consejo, y en ese binomio que decidía todo antes que es Alemania y Francia.

Ese protagonismo de conservadores y socialdemócratas es posible porque ocupan la mayoría del Parlamento. ¿Ve alguna posibilidad de que las elecciones del 25M deparen otro escenario?

Me temo que no. Todo indica que se mantendrá ese gran consenso entre socialistas y la derecha europea. Y es una desgracia para el movimiento obrero y para los trabajadores. Donde la derecha les necesita van rápidamente a su rescate, como es el caso de Alemania, donde Angela Merkel no tenía mayoría absoluta. Y donde no necesitan de la derecha aplican políticas exactamente iguales como es el caso de Francia, donde han aprobado un recorte de 50.000 millones. Ahí tenemos un problema muy grave, que la socialdemocracia ha renunciado a ser una fuerza reformista frente al capitalismo.

Decía antes que las elecciones son muy importantes pero parece que la ciudadanía está desmovilizada y las encuestas vaticinan una altísima abstención. ¿A qué lo achaca?

Nosotros estamos movilizando como nunca su voto. Esta campaña está siendo un revulsivo para militantes y simpatizantes porque sabemos lo que nos jugamos. Hemos participado en huelgas generales, nuestra gente ha estado en los piquetes, nos hemos manifestado contra las reformas laborales, hemos ocupado plazas y calles con el 15M y las Marchas por la Dignidad. Nuestra gente ha estado en todas las movilizaciones frente a este ataque por tierra, mar y aire a lo público. Hemos estado con las mareas, para defender la sanidad y la educación pública; hemos estado con la juventud.

Pero ahora lo que hay que decir a la gente que la movilización que puede quitar y poner rey, que puede quitar al poder o no, es el 25 de mayo: si la gente se queda en el sofá, le dará un cheque en blanco al bipartidismo y a la troika. Ahora, si se moviliza como se ha movilizado estos años, la candidatura que concentra esas movilizaciones es la de la Izquierda Plural. No hay otro con capacidad de levantar otro proyecto.

Pero el nivel de conocimiento de los candidatos, de usted y de otros, es muy bajo, según la encuesta del CIS. ¿Qué explicación encuentra a que en una situación como la que describe, la ciudadanía ignore quiénes la representarán en Europa?

Porque nunca se ha contado con la gente para levantar el proyecto. Lo lógico cuando se intenta levantar un proyecto transnacional, que sume voluntades de los estados y de los ciudadanos y ciudadanas, en un nuevo espacio que supera las fronteras es abrir un debate para preguntar a los ciudadanos qué quieren hacer y hasta dónde quieren llegar. Nunca se les ha preguntado. Nunca. Ni siquiera cuando se intentó hacer una Constitución, que luego falló, se hizo a través de una proceso constituyente: lo hacían las élites. Cuando la gente percibe que no cuenta para nada, no se interesa nada.

¿Hay una estrategia detrás de esta desmovilización?

El bipartidismo en el fondo lo que quiere es que la gente no vote porque lo que quiere es tener las manos libres para seguir haciendo lo que están haciendo: un ataque por tierra mar y aire a lo público; para garantizar que el Ibex35, la gran banca y el sector financiero sigan gobernando este país. Nosotros creemos que en el siglo XXI lo que hay que conseguir son procesos de participación que superen los procesos del siglo XX. Las grandes decisiones se tendrían que tomar directamente por la ciudadanía. Cuando se aprobó el tratado de estabilidad hicimos una propuesta para que se aprobara por un referéndum vinculante, pero PP y PSOE dijeron que no porque sabían a ciencia cierta que si se somete a un referéndum lo perderían.

En España hace unos días el Congreso también rechazó someter a referéndum el tratado de libre comercio que están negociando EEUU y la UE, uno de los grandes asuntos que las instituciones que salgan de los comicios tendrán que afrontar. La Izquierda Plural ha mostrado un rechazo rotundo al tratado. ¿Por qué no les gusta?

Cuando conocimos que todas las instituciones europeas estaban siendo espiadas de forma generalizada por las agencias de inteligencia norteamericanas dimos una primera alerta para que se exigieran responsabilidades políticas y penales. Segundo, como es lógico, que se pararan todas las negociaciones hasta que se depuraran esas responsabilidades. Pero se pusieron de acuerdo para una pequeña crítica sin exigir responsabilidades y, de forma insólita y por encima de nuestra dignidad, se decidió seguir con la ronda de negociación, a sabiendas de que cuando van los negociadores allí y llevan la base de la negociación en su maletín, los norteamericanos saben lo que llevan.

¿Y sobre el contenido?

También hemos dado una alerta sobre el método de negociación. Estamos ante la cuarta ronda de negociaciones y nadie sabe nada. Hay una opacidad total. Ya hay estudios de una fundación suiza que asegura que se podrían perder en el momento de la firma entre 1.100.000 y 1.400.000 empleos. Porque fundamentalmente en el sector agrario y ganadero la diferencia de explotaciones y el tratamiento diverso en relación a las exigencias para garantizar la salubridad de los productos es mucho más exigente en Europa. Por lo tanto habría una competencia desleal terrible que sería un auténtico mazazo a la producción. Pasa lo mismo con los servicios, con los criterios del derecho de trabajo norteamericano y europeo. También dimos una alerta por la propiedad intelectual y por una defensa de la cultura europea.

Ustedes esgrimen las coincidencias entre PP y PSOE. Sin embargo, en la campaña ha irrumpido la moción de censura en Extremadura, en la que IU se abstuvo. ¿Cree usted que la decisión puede afectar al resultado del 25 de mayo?

En absoluto. Es una moción de censura ficticia y electoral. En la técnica parlamentaria tienes dos opciones: cuando un grupo tiene escaños suficientes para presentar una moción y ganarla por sí mismo, se presenta, se vota y hay un nuevo presidente. Cuando el grupo no tiene suficiente fuerza para ganar la moción, hay que negociar con los otros en torno a un programa. Eso es lo que hemos hecho en Andalucía, donde la negociación nos llevó un mes y medio. Es un acto electoral porque están muy nerviosos.

¿Un acto electoral contra quién?

Un acto electoral en general. No van a desmontar la realidad, que es contundente. En Francia su compañero Manuel Valls recorta 50.000 millones y va a venir a apoyar la campaña junto a Felipe González en Barcelona. En Alemania gobiernan con Merkel, igual que en Grecia e Italia y 10 países más. No van a desmontar la realidad de la reforma del artículo 135 de la Constitución ni de que estén en los consejos de administración del Ibex35.

Menciona el Gobierno de Andalucía, ¿cuál es su valoración a punto de cumplirse dos años del pacto con el PSOE?

Nuestra presencia en el Gobierno es muy positiva para los intereses de los más necesitados. La prueba ha sido la actuación impecable desde la Consejería de Fomento del equipo de Elena Cortés en la defensa de los desahuciados de la Corrala Utopía. Se ha demostrado hasta qué punto IU cuando se compromete lo hace de verdad a costa de lo que sea, incluso del Gobierno. La gente en Andalucía ha percibido que nuestra presencia en el Ejecutivo regional ha sido un pequeño dique de contención del acoso y derribo a lo público. Hemos garantizado que no se privatice ningún servicio público y hemos garantizado la continuidad de la radiotelevisión andaluza. Queremos aprovechar la campaña para derrotar al PP en Andalucía.

El tema agrario en Andalucía es muy importante y de gran relevancia en la Unión Europea.

La idea fuerza de Cañete es dar más fuerza a los terratenientes. Nosotros queremos fuerza para el agricultor y el ganadero activo, no para el parásito. Para las cooperativas, la pequeña y mediana producción que a día de hoy, por una política de precios irresponsable, no se le garantizan las ventas. Todo se lo lleva las grandes superficies, las grande explotaciones agrarias y ganaderas. En definitiva, las multinacionales; en definitiva, los amigos de Cañete.

¿Y qué proponen?

Nosotros creemos que hace falta que las ayudas vengan a la producción, no a la extensión. Y que se introduzca un nuevo pilar. Tenemos el pilar medioambiental pero no el del empleo: queremos que se puedan recibir ayudas por el trabajo estable y de calidad en las explotaciones agrarias.

El empleo es precisamente uno de los factores fundamentales en Europa y en España. ¿Cuáles son las medidas que se debería tomar a nivel europeo para dar la vuelta a la situación?

Lo primero es un nuevo modelo productivo que someta a la economía. La economía, gracias al pacto PP-PSOE, ha sometido a la política porque el principio desregulador ha dejado a los Estados sin capacidad de intervenir y los han convertido en un cuerpo administrativo vacío. Los que nos regulan la vida son los consejos de administración del sector financiero y del Ibex35 y el Estado no tiene capacidad de planificar, de limitar la depredación del mercado libre.

Queremos tener un banco público europeo y acabar con la cueva de Alibabá del BCE, pensado para el gran negocio del sector financiero. Un banco público que dé ayuda por valor de un 3% del PIB para activar un plan de empleo potente. Y tenemos que tener un espacio fiscal europeo ya que el 70% de las transnacionales evade. Y acabar con los paraísos fiscales.

Después es imprescindible en el siglo XXI que los Estados tengan una parte del sector productivo en sus manos. Si no, es imposible que los estados puedan siquiera existir. Por lo tanto, todo el paquete energético tiene que volver a ser público, como la gestión del agua, la siderurgia y el sector naval.

Las especialistas han lanzado varias alertas sobre los riesgos del cambio climático para Europa. ¿Cuál es la postura de Izquierda Plural al respecto?

Nuestro programa de máximos es un modelo productivo sostenible para acabar con una situación que pone en peligro a todo el planeta. Los países que contaminan son los países desarrollados y los expertos de la ONU dicen que ya vamos irremisiblemente hacia un aumento de la temperatura global. Así que, o cambiamos el modelo o tenemos un problema de la Humanidad. El Parlamento Europeo aprobó una resolución que va muy por debajo de las recomendaciones y Europa tiene que ir a la cabeza y dar ejemplo. España, además, ha sido el país de la UE más sancionado por contravenir las directivas europeas, y es desolador.

Elena Valenciano ha centrado su campaña en intentar desmontar esa imagen del bipartidismo que ustedes intentan transmitir. ¿Lo ha conseguido?

Tiene un problema: es la candidata de la gran decepción. Ella misma dijo que de joven tenía tres iconos: Jesucristo, el Che y Felipe González. Jesucristo y el Che ya no están, pero Felipe sí, y ha hablado con claridad: apoya un Gobierno PP-PSOE si así lo demanda España. Y Felipe González es parte del problema que tenemos hoy porque encabezó el proceso de privatizaciones y él hoy está en el consejo de administración de una de esas empresas privatizadas.

Antes de estas elecciones han surgido una serie de nuevos partidos, ¿qué valoración hace de estas nuevas opciones que surgen?

La lucha por el socialismo no tiene atajos. Ojalá, pero no conozco ninguna experiencia en el mundo que lo haya logrado. Sin una organización potente, bien organizada y bien diseñada no es posible. No conozco ninguna experiencia en el mundo en la que un discurso, una persona o un personaje pueden decir con dos palmadas “esto se acabó”. Nosotros no somos un partido, somos un movimiento político y social que se llama Izquierda Unida. Y no lo hemos improvisado para esta campaña, sino que lo hacemos desde que perdimos el referéndum de la OTAN y decidimos que había llegado el momento de sumar. Cualquier proceso personalista tiene toda la legitimidad pero no tienen la capacidad de derrotar al capitalismo. Por eso no queremos que se pierda ningún voto. Los votos más contundentes y más claros contra la Comisión Europea son los votos a IU.

¿Una previsión para el 25M?

Nosotros trabajamos para obtener un buen resultado en comparación con 2009. Entonces logramos dos eurodiputados y ahora queremos multiplicar. Vamos a echar el resto para tener un resultado muy bueno.

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