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Los marroquíes tienen menos miedo a protestar gracias al movimiento 20 de febrero

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Los marroquíes tienen menos miedo a protestar gracias al movimiento 20 de febrero

Los marroquíes tienen menos miedo a protestar gracias al movimiento 20 de febrero

El movimiento 20 de febrero (20F), como se llamó en Marruecos a la forma que en este país adoptó la "primavera árabe", cumple mañana tres años convertido "en una idea" y dejando un legado a sus espaldas: la gente ha perdido el miedo a manifestarse.

"Fue la primera vez en la historia del país que diferentes tendencias políticas e ideológicas se reunieron en la calle para reivindicar más democracia y, gracias al 20F, el pueblo perdió el temor a manifestarse", comenta el historiador Maati Monjib.

Al calor de las revueltas de otros países árabes, el 20 de febrero de 2011, miles de personas salieron a manifestarse para reivindicar "libertad, dignidad y justicia social" y protestar por la acumulación de poder político y económico en manos de la monarquía.

El éxito de aquella protesta sin precedentes aportó una esperanza de cambio social, y multitud de jóvenes -testigos de cómo el país parecía tambalearse- se fueron adhiriendo al 20F, cuyo abanico de reivindicaciones, ideologías y posturas políticas eran tan amplias que llegaron a debilitarlo por falta de coherencia, como coinciden distintos analistas.

Mientras en las calles latía el movimiento popular, el rey Mohamed VI anunció la revisión de la Constitución, adoptada meses después en referéndum y a la que siguieron unas elecciones anticipadas que propiciaron la llegada por primera vez al gobierno de una formación islamista, el Partido Justicia y Desarrollo (PJD).

Tras varios meses, el ilegal pero tolerado movimiento islamista Adl ual Ihsán (Justicia y Caridad), el que mayor poder de convocatoria tiene en Marruecos, abandonaba las filas del 20F, debido a su carácter laico, y el movimiento contestatario fue perdiendo fuerza progresivamente.

Han pasado tres años y muchas son las preguntas sobre la situación del 20F. ¿Sigue existiendo? ¿cuál es su peso en el panorama político marroquí? ¿Qué impacto tuvo y tiene en la sociedad?

"En la actualidad ya no solo reaccionan con demandas (políticas) generales, sino también con otras particulares y puntuales ligadas a la actualidad", afirma Monjib, quien asegura que su debilitamiento es algo natural, ya que "los movimientos sociales están limitados en el tiempo. La gente se cansa y tiene sus responsabilidades. No son un partido político".

En Rabat cada miércoles un grupo reducido de militantes -entre 15 y 20 frente a las 100 personas que acudían en 2011- se reúne en las asambleas semanales del 20F, mientras que las protestas se mantienen cada mes, pero con un escaso número de participantes (un puñado de centenares ante los miles de 2011).

"El movimiento está ahí. No tiene gran influencia porque no cuenta con la fuerza de antes, pero todavía da miedo a los responsables. La prueba son las detenciones sin pruebas y de forma ilegal de los militantes", subraya la activista Jadiya Riadi, que calcula que en la actualidad hay unos 40 miembros del 20F en la cárcel.

Para Riadi, después del 20F, Marruecos no ha cambiado mucho, pero sí lo han hecho los marroquíes porque "no son los mismos ciudadanos que antes, no tienen miedo y no aceptan la humillación. Hay más coraje y dignidad y eso es una victoria importante del 20F".

Mohamed Salmi, miembro del Secretariado Político de Justicia y Caridad, piensa que, aunque no con la misma fuerza, el movimiento se sostiene porque está compuesto de "verdaderos militantes de derechos humanos y de una sociedad civil que tiene un gran peso incluso a nivel internacional".

"Aunque no pudo realizar todas sus reivindicaciones, los cambios que el régimen marroquí llevó a cabo fueron una respuesta a la presión de la calle y la llegada del PJD al gobierno es ejemplo de ello", dice Salmi, para quien el 20F "sigue representando una amenaza en los debates políticos entre el gobierno y la oposición".

Así, los militantes del movimiento ven en el 20F la "esperanza democrática" en el país y argumentan que los motivos de su existencia continúan porque en las cuestiones de fondo no se logró nada.

Un hecho fundamental, según ellos, es que sus eslóganes todavía son repetidos.

También para el diputado Abdelaziz Aftati, del islamista PJD, el movimiento sigue su batalla y su "espíritu" permanece porque "el 20F son objetivos e ideas que mucha gente comparte y en las que trabajan para que se realicen sobre el terreno".

Mañana y el domingo están convocadas manifestaciones en 50 ciudades del país y, entre los participantes, estará el rapero Lhaqed (El cabreado), convertido en icono del 20F, condenado a prisión por sus polémicas canciones y a quien recientemente las autoridades le prohibieron presentar su nuevo disco.

"El 20F es una idea y el espíritu del pueblo", apunta el rapero, cuyo regalo para este aniversario es su canción "Walou (nada)", porque hoy por hoy "nada ha cambiado y no vamos a resignarnos, aunque nos pongan las esposas".

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