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Innovación, más allá de la digitalización (I)

Este llamativo titular trata de alertar sobre la tendencia a equiparar la innovación con los avances en una determinada área tecnológica, ciertamente transversal y avasalladora, la digital.

Nos encontramos ante una situación paradigmática. Por una parte, se extiende la visión de la innovación como un concepto amplio, transversal, que abarca cualquier actividad de la empresa y que trasciende al ámbito social. En consecuencia, el espectro de las innovaciones y su alcance se ha ampliado sustancialmente en las últimas dos décadas.

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Ser y tener

Muchos no asimilan la diferencia. En lo referido a los hijos, da fe una sola letra: Crear o criar. Un símbolo, dos significados. Gran brecha existente entre ofrecer instrumentos que permitan que el individuo se dote de contenido y de sentido para toda una vida. Misión y propósito. Libertad e intención. Frente a la opción muchas veces interiorizada por una suerte de automatismo atávico basado en dejarse discurrir por la inercia provocada dentro del discurso mainstream.

Hace algunos años tuve el placer de descubrir “ Ser y tener”, una pequeña joya de Nicolas Philibert, producida por Gilles Sandoz. Una poderosa metáfora visual, la narración de una lucha entre fuerzas que evacuan una huida inconsciente.

Se vive el debate. Las humanidades en la universidad o producción para el mercado. Susto o muerte. El sistema educativo colapsa sobre su propia caricatura.

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Internet y los intermediarios desagregados

Uno de mis mitos favoritos del mundo moderno fue el de que internet acabaría con los intermediarios. Es un mito muy persistente y que a priori aún hoy mucha gente da por cierto. De hecho, me sigue pareciendo increíble el poco espacio que el Alex Osterwalder dedica a los canales en su conocido Business Model Canvas.

No cabe duda de que efectivamente internet acabó con muchos intermediarios. Si observamos los sectores que han sido disrumpidos por la transformación digital encontraremos muchos cadáveres de intermediarios. En el mundo del retail la lista es enorme, aunque los gurús que predijeron la extinción de los retailers seguramente no se terminen de creer la larga lista de supervivientes y nuevos actores que emergen.

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Revisando el concepto de innovación y su impacto (y II)

Si la semana pasada iniciábamos el análisis de los resultados obtenidos en el estudio " Innovación y desempeño económico en la empresa valenciana", esta semana seguimos reflexionando en torno a la innovación y sus alrededores, en particular en lo referido a aspectos relacionados con el tamaño y la eficiencia.

Lo más preocupante de los indicadores de innovación que se suelen manejar reside en que no informan sobre la profundidad, alcance o impacto potencial de la “capacidad innovadora” de las empresas que se autodenominan innovadoras. El indicador incluye como innovadora a cualquier empresa que así lo haya marcado en la encuesta, sin más. El cuestionario oficial de la Encuesta de Innovación Tecnológica del INE tan sólo pregunta si en el trienio anterior (2013-2015) su empresa introdujo innovaciones de bienes o de servicios.

Ante esta problemática, sería de alto interés averiguar “Qué relevancia tiene la innovación y de qué tipo es, en las empresas de alto crecimiento y rentabilidad”. Esto supondría aplicar un enfoque hacia atrás, comenzando por las empresas con éxito y a continuación, tratar de averiguar en qué medida innovan y cómo son (si las hay) sus innovaciones.

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Revisando el concepto de innovación y su impacto (I)

Todos hablamos de los parabienes de la innovación para las empresas y la sociedad en su conjunto, pero ¿sabemos la aportación real de la innovación?, o más concretamente, ¿en qué medida un comportamiento empresarial ante la innovación incide sobre su desempeño económico y expectativas de crecimiento?

La innovación aglutina elementos de gran complejidad. Desde una perspectiva divulgativa, en mi novela empresarial “ Elegidos o atrapados”, la urdimbre argumental logra articular estos y otros temas de una forma lúdica y amena.

Por su parte, los artículos académicos, casi siempre referidos a territorios con un alto nivel de desarrollo, aprueban abrumadoramente una relación positiva y directa entre innovación y desempeño. Pero, ¿se cumple también esta relación en regiones de desarrollo intermedio, con un posicionamiento territorial mediocre ante los indicadores generales de innovación, como sucede en la mayoría de regiones españolas? Los resultados aportados por la literatura no son tan contundentes.

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Innovación y financiación

Uno de los campos temáticos que más polémica ha levantado en los últimos años es la financiación de las actividades productivas de las empresas valencianas. La industria tiene un papel determinante entre las convicciones sociales y, de esta manera, la población se ha acostumbrado a equiparar el progreso industrial y técnico con el progreso social. Precisamente, de esta identificación proviene el que tanto nuestro país como nuestra Comunidad Autónoma hayan vinculado la decadencia económica y política con la decadencia innovadora de nuestras empresas.

Si analizamos la historia económica valenciana veremos que, como siempre, ha habido una tendencia a entronizar a un sector en cada época (automoción, agroindustria, turismo, ocio, etc.) despreciando, por el contrario, a los tradicionales (que parecían que iban solos o por libre). Especialmente, la Administración ha mostrado una búsqueda hacia un “amor ciego” a las empresas llamadas de base tecnológica, lejos de una realidad que ha derivado a su clusterización o establecimiento global en zonas geográficas marcadas por una actividad productiva específica. Un claro ejemplo lo encontramos en los sectores de la madera-mueble, cerámico, calzado, juguete, etc. Sin esta evidencia, hoy en día, las distintas administraciones no tendrían ningún problema en inyectar a cañón fondos para generar espacios científicos con el objetivo de atraer a empresas de alto contenido tecnológico, alejados de la realidad empresarial y social.

No podemos dejar de lado nuestro entorno de crecimiento y competencia europeos, así ya lo mostraba el borrador del último Programa Marco en el que la propia Comisión reconocía que el problema del declive industrial no es sólo de las industrias intensivas en mano de obra (como se pensaba en un principio), sino de todas, incluso de las de base tecnológica, que para algunos de los países miembros son todavía el futuro, según sus dirigentes. Europa también insiste en que el conocimiento es el tema central y así lo mostró en las conclusiones de la agenda de Lisboa y, de esta manera, refuerza que la investigación y la tecnología son, junto con la educación y la innovación, los componentes del “Triángulo del Conocimiento”.

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Yo, Robot… ¿cotizaré?

“En menos de un siglo, el trabajo masivo en los sectores de consumo quedará probablemente muy reducido en casi todas las naciones industrializadas. Una nueva generación de sofisticadas técnicas de las comunicaciones y de la información irrumpen en una amplia variedad de puestos de trabajo. Las máquinas inteligentes están sustituyendo, poco a poco, a los seres humanos en todo tipo de tareas, forzando a millones de trabajadores de producción y de administración a formar parte del mundo de los desempleados, o peor aún, a vivir en la miseria.” Jeremy Rifkin.

Antes de continuar leyendo, cabe preguntarse lo siguiente:

¿Alguien cuestiona a estas alturas, el aprovechamiento y uso de la imprenta a partir del siglo XV?

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La era del tecnopesimismo

Todavía no vemos neoluditas arrasando robots y ordenadores pero siento que se ha instalado en la sociedad el tecnopesimismo que se refleja en cierto miedo al futuro en base al relato que nos llega respecto a algunos problemas de la actualidad frente a la tecnología.

Esto ha generado dos ideas   que me llaman mucho la atención, ambas instauradas en el pensamiento colectivo como dos verdades absolutas, que prácticamente no se discuten; no creo que sean ciertas o, al menos, no absolutamente ciertas.

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Llegando a la frontera

Siguiendo la teoría económica, el conocimiento podría quedar definido como un subproducto de la inversión en capital físico.

Dentro de un modelo de learning by doing la generación de conocimiento, hace que el cambio técnico se vuelva conceptualmente endógeno, mostrando tasas de crecimiento a largo plazo positivas sin necesidad de que la tecnología crezca de forma exógena.

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Reinventando la innovación en la empresa como base para el cambio del modelo productivo

Mucha literatura se ha publicado sobre el papel de la innovación en el desarrollo de las empresas y de la economía en general; casi toda ella en sentido positivo, como es lógico. Joseph H. Schumpeter (1883-1950), economista austríaco, en la formulación de su Teoría sobre el empresario innovador, define la innovación como el motor del cambio y del desarrollo económico, pero también hace referencia al concepto de “destrucción creativa” (concepto ideado por el sociólogo alemán Werner Sombart) como una forma de describir el proceso de transformación que va unido a las innovaciones, a través del cual para crear algo nuevo hay que destruir lo viejo. Las empresas que innovan lo hacen a costa de acabar con las empresas que no innovan. Sin embargo, la evidencia empírica ha demostrado que esto no es siempre así, pues junto a empresas y empresarios/emprendedores innovadores conviven empresas y empresarios conservadores e incluso empresarios especuladores. Estos últimos, los empresarios conservadores y especuladores también pueden tener éxito y son capaces de acumular suculentos beneficios económicos, a costa del fracaso de determinados empresarios innovadores.

Con el razonamiento anterior no pretendo poner en tela de juicio las bondades de la innovación. Yo también pienso, al igual que muchos otros colegas economistas, que la innovación es un motor de cambio de la economía, es una condición necesaria pero no suficiente, como solemos decir los economistas. Pero la innovación no es la panacea a todos los males de la economía y de las empresas, sobre todo si tenemos en cuenta que ésta ha de ir evolucionando también al ritmo que lo hacen las propias empresas y que lo hace el entorno. Así, la innovación tecnológica ya no es un factor clave de éxito para las empresas como lo fue en los años setenta y ochenta del Siglo XX. La innovación tecnológica es necesaria en las empresas para no quedar en una posición competitiva baja, pero ya no representa una fuente de ventaja competitiva como lo era antes porque el acceso a este tipo de innovación es relativamente fácil. Después de la innovación tecnológica, cobra relevancia la innovación de productos y de procesos y durante las últimas décadas han sido la innovación organizativa (cambios en la estructura organizativa y en los procedimientos) y más recientemente la innovación estratégica (cambios en el modelo de negocio de la empresa) las que se han convertido en los conceptos más modernos de la innovación. Sin duda alguna, la innovación hay que entenderla en un sentido amplio, y cuando una empresa se define como innovadora lo es porque los cambios los introduce desde las diferentes perspectivas y enfoques bajo una visión global e integrada de la organización.

En la actualidad, ante un entorno turbulento (complejo, dinámico, inestable y hostil) y una fuerte competencia, la innovación es un elemento relevante en la mejora de la capacidad competitiva de las empresas. Y cuando se plantea la necesidad de abordar por fin un cambio de modelo productivo, éste no tiene sentido llevarlo a cabo sin la mejora de la innovación. La I+D+i+d (Investigación, Desarrollo, Innovación y Diseño) es una variable estratégica en el funcionamiento de cualquier empresa y la formulación e implementación de una estrategia competitiva de diferenciación, estrategia que es fundamental para hacer frente a la competencia de las empresas del sudeste asiático y del norte de África, no es posible sin la fortaleza de esta variable. Pero cuando hablamos de un cambio de modelo productivo éste ha de desencadenarse desde la Sostenibilidad, otro concepto relevante hoy en día. Y la sostenibilidad exige incluir también el enfoque social y el enfoque medioambiental en las empresas. La intersección de lo económico, lo social y lo ecológico explica la sostenibilidad. Si falta alguno de estos tres componentes, la sostenibilidad no es posible. Pero, ¿cómo podemos conseguir la sostenibilidad de las empresas y, por tanto, de la economía? Uno de los principales gurús del management, Michael Porter, junto a otro profesor también de la Havard Business School en USA, el profesor Mark Kramer, publican en 2011 en la Havard Business Review un artículo sobre cómo crear valor compartido en las empresas. Desde mi punto de vista, ahí está la clave de la sostenibilidad de las empresas y, por tanto, de las bases para el cambio de modelo productivo.

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