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Innovación y financiación

Uno de los campos temáticos que más polémica ha levantado en los últimos años es la financiación de las actividades productivas de las empresas valencianas. La industria tiene un papel determinante entre las convicciones sociales y, de esta manera, la población se ha acostumbrado a equiparar el progreso industrial y técnico con el progreso social. Precisamente, de esta identificación proviene el que tanto nuestro país como nuestra Comunidad Autónoma hayan vinculado la decadencia económica y política con la decadencia innovadora de nuestras empresas.

Si analizamos la historia económica valenciana veremos que, como siempre, ha habido una tendencia a entronizar a un sector en cada época (automoción, agroindustria, turismo, ocio, etc.) despreciando, por el contrario, a los tradicionales (que parecían que iban solos o por libre). Especialmente, la Administración ha mostrado una búsqueda hacia un “amor ciego” a las empresas llamadas de base tecnológica, lejos de una realidad que ha derivado a su clusterización o establecimiento global en zonas geográficas marcadas por una actividad productiva específica. Un claro ejemplo lo encontramos en los sectores de la madera-mueble, cerámico, calzado, juguete, etc. Sin esta evidencia, hoy en día, las distintas administraciones no tendrían ningún problema en inyectar a cañón fondos para generar espacios científicos con el objetivo de atraer a empresas de alto contenido tecnológico, alejados de la realidad empresarial y social.

No podemos dejar de lado nuestro entorno de crecimiento y competencia europeos, así ya lo mostraba el borrador del último Programa Marco en el que la propia Comisión reconocía que el problema del declive industrial no es sólo de las industrias intensivas en mano de obra (como se pensaba en un principio), sino de todas, incluso de las de base tecnológica, que para algunos de los países miembros son todavía el futuro, según sus dirigentes. Europa también insiste en que el conocimiento es el tema central y así lo mostró en las conclusiones de la agenda de Lisboa y, de esta manera, refuerza que la investigación y la tecnología son, junto con la educación y la innovación, los componentes del “Triángulo del Conocimiento”.

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Yo, Robot… ¿cotizaré?

“En menos de un siglo, el trabajo masivo en los sectores de consumo quedará probablemente muy reducido en casi todas las naciones industrializadas. Una nueva generación de sofisticadas técnicas de las comunicaciones y de la información irrumpen en una amplia variedad de puestos de trabajo. Las máquinas inteligentes están sustituyendo, poco a poco, a los seres humanos en todo tipo de tareas, forzando a millones de trabajadores de producción y de administración a formar parte del mundo de los desempleados, o peor aún, a vivir en la miseria.” Jeremy Rifkin.

Antes de continuar leyendo, cabe preguntarse lo siguiente:

¿Alguien cuestiona a estas alturas, el aprovechamiento y uso de la imprenta a partir del siglo XV?

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La era del tecnopesimismo

Todavía no vemos neoluditas arrasando robots y ordenadores pero siento que se ha instalado en la sociedad el tecnopesimismo que se refleja en cierto miedo al futuro en base al relato que nos llega respecto a algunos problemas de la actualidad frente a la tecnología.

Esto ha generado dos ideas   que me llaman mucho la atención, ambas instauradas en el pensamiento colectivo como dos verdades absolutas, que prácticamente no se discuten; no creo que sean ciertas o, al menos, no absolutamente ciertas.

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Llegando a la frontera

Siguiendo la teoría económica, el conocimiento podría quedar definido como un subproducto de la inversión en capital físico.

Dentro de un modelo de learning by doing la generación de conocimiento, hace que el cambio técnico se vuelva conceptualmente endógeno, mostrando tasas de crecimiento a largo plazo positivas sin necesidad de que la tecnología crezca de forma exógena.

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Reinventando la innovación en la empresa como base para el cambio del modelo productivo

Mucha literatura se ha publicado sobre el papel de la innovación en el desarrollo de las empresas y de la economía en general; casi toda ella en sentido positivo, como es lógico. Joseph H. Schumpeter (1883-1950), economista austríaco, en la formulación de su Teoría sobre el empresario innovador, define la innovación como el motor del cambio y del desarrollo económico, pero también hace referencia al concepto de “destrucción creativa” (concepto ideado por el sociólogo alemán Werner Sombart) como una forma de describir el proceso de transformación que va unido a las innovaciones, a través del cual para crear algo nuevo hay que destruir lo viejo. Las empresas que innovan lo hacen a costa de acabar con las empresas que no innovan. Sin embargo, la evidencia empírica ha demostrado que esto no es siempre así, pues junto a empresas y empresarios/emprendedores innovadores conviven empresas y empresarios conservadores e incluso empresarios especuladores. Estos últimos, los empresarios conservadores y especuladores también pueden tener éxito y son capaces de acumular suculentos beneficios económicos, a costa del fracaso de determinados empresarios innovadores.

Con el razonamiento anterior no pretendo poner en tela de juicio las bondades de la innovación. Yo también pienso, al igual que muchos otros colegas economistas, que la innovación es un motor de cambio de la economía, es una condición necesaria pero no suficiente, como solemos decir los economistas. Pero la innovación no es la panacea a todos los males de la economía y de las empresas, sobre todo si tenemos en cuenta que ésta ha de ir evolucionando también al ritmo que lo hacen las propias empresas y que lo hace el entorno. Así, la innovación tecnológica ya no es un factor clave de éxito para las empresas como lo fue en los años setenta y ochenta del Siglo XX. La innovación tecnológica es necesaria en las empresas para no quedar en una posición competitiva baja, pero ya no representa una fuente de ventaja competitiva como lo era antes porque el acceso a este tipo de innovación es relativamente fácil. Después de la innovación tecnológica, cobra relevancia la innovación de productos y de procesos y durante las últimas décadas han sido la innovación organizativa (cambios en la estructura organizativa y en los procedimientos) y más recientemente la innovación estratégica (cambios en el modelo de negocio de la empresa) las que se han convertido en los conceptos más modernos de la innovación. Sin duda alguna, la innovación hay que entenderla en un sentido amplio, y cuando una empresa se define como innovadora lo es porque los cambios los introduce desde las diferentes perspectivas y enfoques bajo una visión global e integrada de la organización.

En la actualidad, ante un entorno turbulento (complejo, dinámico, inestable y hostil) y una fuerte competencia, la innovación es un elemento relevante en la mejora de la capacidad competitiva de las empresas. Y cuando se plantea la necesidad de abordar por fin un cambio de modelo productivo, éste no tiene sentido llevarlo a cabo sin la mejora de la innovación. La I+D+i+d (Investigación, Desarrollo, Innovación y Diseño) es una variable estratégica en el funcionamiento de cualquier empresa y la formulación e implementación de una estrategia competitiva de diferenciación, estrategia que es fundamental para hacer frente a la competencia de las empresas del sudeste asiático y del norte de África, no es posible sin la fortaleza de esta variable. Pero cuando hablamos de un cambio de modelo productivo éste ha de desencadenarse desde la Sostenibilidad, otro concepto relevante hoy en día. Y la sostenibilidad exige incluir también el enfoque social y el enfoque medioambiental en las empresas. La intersección de lo económico, lo social y lo ecológico explica la sostenibilidad. Si falta alguno de estos tres componentes, la sostenibilidad no es posible. Pero, ¿cómo podemos conseguir la sostenibilidad de las empresas y, por tanto, de la economía? Uno de los principales gurús del management, Michael Porter, junto a otro profesor también de la Havard Business School en USA, el profesor Mark Kramer, publican en 2011 en la Havard Business Review un artículo sobre cómo crear valor compartido en las empresas. Desde mi punto de vista, ahí está la clave de la sostenibilidad de las empresas y, por tanto, de las bases para el cambio de modelo productivo.

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La endogamia y otros tabúes de la universidad española

Las noticias actuales acerca de la universidad española no tratan de algún imponente descubrimiento científico o de su entrada en los deseados rankings de las mejores del mundo, sino sobre sórdidos episodios. Primero fue el presunto plagio o plagios (se habla de once) perpetrados por el actual Rector de la Universidad Rey Juan Carlos, Fernando Suárez. El caso del rector plagiario ha causado estupor y escándalo. Se han reunido 67.000 firmas solicitando la dimisión del rector, y circulan listas internacionales de profesores de renombre reclamando lo mismo, aunque es dudoso que la dimisión se produzca si, como parece, el denunciado convoca elecciones anticipadas para favorecer a un candidato continuista.

Días después saltaba el caso de la condena a cárcel del catedrático y ex decano de la Universidad de Sevilla, Santiago Romero, por los abusos sexuales de los que fueron víctimas hace años dos profesoras subordinadas, y del frío comportamiento del rectorado, que desoyó a las víctimas y ha permitido continuar en la docencia al condenado hasta que la sentencia ha sido firme. Una conducta semejante a la de los partidos políticos, asociaciones patronales y sindicatos, obstinados en mantener en sus cargos a los acusados de corrupción hasta que haya sentencia firme.

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Posverdad del calibre 45

Donald Trump ya es el 45º presidente de los Estados Unidos de América. Un curioso número para un tipo tan controvertido como este.

Trump 45 parece más el modelo y calibre de la última creación de la fábrica de armas Colt que otra cosa. Aunque esperemos que no se acerque la realidad a la metáfora.De una manera o de otra, lo cierto es que la ascensión del magnate hasta los aposentos de la casa blanca es una realidad y ha hecho renacer el uso de una nueva palabra cargada de futuro.

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La dimensión infinita

De todas las invenciones del ser humano ha sido la que más tiempo ha permanecido en la Historia.

La filosofía la compuso ideal, la ubicó en el Sol y se la otorgó a Dios.

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El mercado de trabajo… y todo lo demás

La alta velocidad a la que vienen produciéndose cambios en nuestra sociedad colisiona sobre las personas y, en consecuencia, termina por configurar una cadena de shocks que impactan sobre la economía. En la búsqueda de una mayor adaptabilidad, ello sugiere que los agentes económicos configuren con sus acciones mercados que resulten altamente flexibles.

En economía acostumbramos a hablar de flexibilidad. Pero en la mayor parte de las ocasiones no asumimos las implicaciones que representa este concepto.

Los agentes deben ser capaces de adaptar posturas y, pese a ello, mantener las ventajas y eficiencia propias del intercambio.

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Ya soy parte de la economía colaborativa

Sé que llego tarde, muchas veces me han mirado raro porque yo, tan moderno y a la última, no fuera usuario de AirBnB, Uber, y demás servicios de esa mal llamada “economía colaborativa”. Pero ha llegado el momento, hace muy pocos días alquilé mi coche a otra persona a través de una aplicación de alquiler de coches entre particulares. Nuestro segundo coche familiar tiene en este momento, de forma temporal, muy poco uso. Una chica, casi vecina nuestra, necesitaba un coche de sustitución mientras el suyo estaba en el taller. Todo tan sencillo que parece un  uso de libro dentro de la economía colaborativa.

Una vez cerrado el alquiler me llegó un aviso de la empresa explicándome que en mi coche se podía instalar un dispositivo que permitía alquilarlo sin necesidad de estar yo presente. El usuario con su app, una vez aceptado el alquiler, puede abrir el coche y empezar a utilizarlo. De la misma forma, al acabar, cerrarlo y dar por terminado el contrato. Nuevos vientos, un vendaval.

En seguida empecé a hacer cuentas, y me vi fácilmente con una pequeña flota de coches de alquiler equipados con estos dispositivos y aparcados estratégicamente por la ciudad, haciendo la competencia a empresas como Car2Go, o por qué no, incluso las grandes empresas de alquiler. Los números me salían fácil en la cabeza, y me imagino que no seré el único pensando así.

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