eldiario.es

Menú

INTERNACIONAL

"Un pequeño trozo de cielo y un alambre de espino": la vida tras las rejas de tres periodistas turcos

Dos escritoras y el representante de Reporteros sin Fronteras en Turquía describen el daño físico y mental de vivir en el país que más periodistas encarcela del mundo

Los tres han sido encarcelados por colaborar con el periódico kurdo Ozgür Gündem, que el Gobierno de Erdogan relaciona con la organización terrorista PKK

- PUBLICIDAD -
Necmiye Alpay, 70 años: "En el momento en que dices que solidarizas, estás acabada"

La periodista Necmiye Alpay, de 70 años, tras su liberación el 29 de diciembre después de pasar cuatro meses en prisión preventiva.

Necmiye Alpay

Edad: 70

Profesión: Escritora y consejera del diario Ozgür Gündem

Acusación: Propaganda terrorista

Tiempo en prisión: Liberada tras cuatro meses de detención preventiva y a la espera de juicio

Máxima sentencia posible: Cadena perpetua

Hacia finales de agosto de 2016 estaba fuera de Estambul cuando descubrí que la policía me tenía en búsqueda y captura, igual que al resto de consejeros del periódico  Ozgür Gündem [con un foco especial en el conflicto entre turcos y kurdos. Ha sido acusado en varias ocasiones de apoyar el terrorismo].

Me aconsejaron testificar, así que fui a la oficina del fiscal con mi abogado, donde se me comunicó que “ Ozgür Gündem es un órgano del PKK y todos los nombres en su cabecera son sospechosos de ser una especie de propagandistas del terrorismo”.

Expliqué que defiendo la libertad de prensa y de expresión y que creo en una solución pacífica y democrática al conflicto kurdo, pero que no justifico la violencia ni el terrorismo. Fui arrestada ese mismo día. En el momento en que dices que te solidarizas, estás acabada.

Cuando entras en prisión tienes que pasar uno, dos o tres días en aislamiento para que te puedan observar. Quizá haya una lógica en todo esto. Mi cama estaba limpia y me dieron agua y jabón. Dormí mucho.

Posteriormente fui trasladada al “módulo PKK”. Eramos 21 o 22 mujeres y me alegró conocerlas. Fue la primera vez que vivía con gente kurda. Fue bastante fácil vivir con ellas porque tenían sus propias reglas comunes... casi como una residencia de estudiantes.

Yo ya había estado encarcelada en los 80 tras el golpe militar, cuando los fiscales solían pedir la pena capital. Ahora la pena que se me pide es cadena perpetua.

Fuimos acusadas del mismo crimen que Abdullah Öcalan, fundador del PKK. Es una especie de tortura, para asustarte, una forma de utilizar la ley para castigarte por tus opiniones, por algo que no has cometido. La única “prueba” de nuestro delito eran nuestros nombres publicados en la cabecera del periódico. Estaba enfadada, pero de vez en cuando me reía, porque esto parece una comedia.

Cuando fui encarcelada tuve que parar mi trabajo. Ya no podía continuar el libro que estaba preparando. Pero intenté sacar provecho de la situación y empecé a aprender kurdo. No lloré en prisión; quizá debería haberlo hecho, pero no lo hice.

Probablemente lo peor fue el no saber si nos liberarían pronto o si nos quedaríamos en prisión. Es lo mismo que pasa ahora con Turquía; no podemos estar seguros de lo que le espera a nuestro país.

Erol Önderoglu en una imagen de campaña de Reporteros Sin Fronteras, donde es representante de Turquía

Erol Önderoglu en una imagen de campaña de Reporteros Sin Fronteras, donde es representante de Turquía.

Erol Önderoglu

Profesión: Periodista, representante turco de Reporteros sin Fronteras

Acusación: Propaganda terrorista

Tiempo en prisión: Liberado tras diez días de prisión preventiva y a la espera de juicio

Máxima sentencia posible: 14 años y medio

"Fui detenido el 18 de mayo de 2016 porque mi nombre aparecía como uno de los editores del diario kurdo Ozgür Gündem. De hecho, yo no edité el periódico, ni siquiera había leído los artículos; mi nombre estaba ahí como una declaración simbólica de apoyo.

El día que fui acusado fui yo mismo al juzgado a ver al fiscal. Su mensaje fue: “No nos importa si esto era parte de una campaña. Si estás defendiendo la libertad de prensa, te acusamos de difundir propagando en favor del PKK”.

Dije claramente que los artículos publicados —sobre las luchas de poder entre las fuerzas de seguridad y las operaciones en marcha contra el PKK— eran de interés para el pueblo turco. He protegido la libertad de expresión durante dos décadas para todas las facciones políticas. Esto era lo mismo.

El 20 de junio fui detenido y pasé diez días en dos prisiones, un periodo muy breve en comparación con lo que están viviendo algunos colegas. Fui liberado gracias a la presión internacional, que ahora es bastante baja, pues las disputas diplomáticas de Erdogan absorben toda la energía.

Aunque no fui físicamente agredido en la cárcel, tuve la sensación de que mi profesión ya no es bienvenida por parte del Gobierno y es percibida como una amenaza. Los periodistas y la sociedad civil han sido aniquilados.

Lo más duro fue cuando mi mujer y mi hijo vinieron a verme y yo solo podía hablar con ellos a través de una pared de cristal. Me sorprendió también que perdí muy rápido mis músculos.

La gente que ha venido antes que yo ha sido sistemáticamente sentenciada y, aunque sigo luchando por mi caso, finalmente seré sentenciado. Aun así, intento no pensarlo demasiado. En esta situación no eres tú mismo, sino uno entre tantos". 

Aslı Erdoğan está pendiente de juicio y ha pasado cuatro meses en prisión preventiva

Aslı Erdoğan está pendiente de juicio y ha pasado cuatro meses en prisión preventiva.

Asli Erdogan

Edad: 50

Profesión: escritora, novelista, columnista de Ozgür Gündem

Acusación: propaganda terrorista

Tiempo en prisión: Liberada tras cuatro meses en detención preventiva y a la espera de juicio

Máxima sentencia posible: Cadena perpetua

Me han martirizado de muchas más formas de las que podía imaginar. Estoy muy dolida. El día que me arrestaron, la policía registró mi casa durante siete horas mientras yo esperaba. La policía analizaba miles de libros y material de lectura.

Estuve en una celda de aislamiento durante cinco días y solo se me permitía acceder al patio durante una hora. Uno se volvería loco tras pasar un tiempo ahí. Estuve 48 horas sin agua cuando llegué. Estaba en shock y ello actuó un poco como analgésico.

Las autoridades intentan que no te sientas como un ser humano. Cuando vienen a hablar contigo, simplemente abren una ventanilla en la puerta. Así es como también te dan el pan.

Fui encerrada en un módulo con otras mujeres acusadas de ser combatientes del PKK, porque yo estaba acusada de apoyar el terrorismo. Fui detenida bajo el artículo 302, pero tendría que tener un ejército o ser el fundador del PKK para ser culpable de lo que se me acusa.

Estaba muy enfadada porque era totalmente ilegal. Un periódico no puede ser una organización terrorista y yo no he escrito una columna desde 2013.

Las plantas estaban prohibidas en prisión, pero algunas de las chicas intentaban tenerlas en el baño. El modo en que cuidaban esas plantas era increíble. Más tarde les pillaron y rogaron que les dejaran mantenerlas. Eso me hizo llorar.

Cuando hacía calor y el patio estaba libre, de 12.00 a 14.00, practicaba ballet. Mis compañeras lo veían un poco raro, pero me daba una sensación de normalidad. Cuando tuve fiebre me cuidaron como si fuera un bebé.

Desde la cárcel, echaba de menos muchas cosas. Andar sin paredes, escuchar jazz y música clásica, bailar, la tierra, el mar. No puedes ver la puesta de sol ni el amanecer; solo un pequeño trozo de cielo y un alambre de espino.

La liberación [tras la intervención del Tribunal Europeo de Derechos Humanos] también ha sido un proceso de adaptación. La primera noche me levanté con náuseas y gritando. Me resultaba difícil acordarme qué café pedir.

Hace poco volví a casa por primera vez. Antes me había estado quedando con mi madre. Mi agenda telefónica y tarjetas bancarias habían desaparecido. Me eché a llorar cuando no pude encontrar mis zapatillas de ballet.

La policía había hurgado en todo. Todo estaba esparcido, y yo nunca tiro un papel en mi apartamento. Me sentí como si hubiese sido violada. Sé que ahora hacen esto a los escritores porque saben cuánto duele.

Traducido por Javier Biosca Azcoiti

- PUBLICIDAD -

Comentar

Enviar comentario

Enviar Comentario

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha