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Carta a Felipe VI

Felipe VI durante el discurso de Navidad.

Gabriel Rufián

Anoche un señor que vive en un palacio pagado por todos y al que no ha votado nadie salió en la tv y durante 12 minutos y 22 segundos habló de España, de legalidad y de convivencia. Otra vez. Y ya van 41 veces, 41 años (comenzó su padre Juan Carlos de Borbón al que al menos si votó alguien, un tal Francisco Franco Bahamonde pionero en esto de hablar en navidades allá por el año 1937). El señor de ayer se llama Felipe de Borbón y por su apellido cobra 7.700.000 euros públicos al año.

Durante esos 12 minutos además de hablar de “patrimonio común” (entiendo que no se refería al suyo) y del “valor de la familia” (entiendo que no se refería a la suya) habló de “unidad” y de “no romper normas” (entiendo que no se refería al Caso Nóos ni a su cuñado) que pueden hacer peligrar una supuesta recuperación económica que seguro que desde los bonitos y cuidados jardines de la Zarzuela se percibe. Es en este punto en el que conviene hacer ciertas puntualizaciones por alusiones.

Una vez más. Una urna no separa. Una urna no divide. Divide y separa un desahucio, no una votación. Divide y separa la cola frente a la puerta de comedor social, no frente a la cola de un colegio electoral. Divide y separa elegir entre comer o pagar la luz y no elegir entre un sí o un no en un referéndum. Divide y separa pagarle un safari a un señor para matar elefantes y no pagar una convocatoria electoral. Divide y separa ver a un señor en un palacio enmoquetado de centenares de metros desde tu casa de 60 cada nochebuena. Divide y separa ver a Carme Forcadell en las puertas de un juzgado por ser independentista y a Urdangarín en la playa por ser quien es. Divide y separa responder a centenares de miles de personas que salen a la calle cada año y a una mayoría parlamentaria total y absoluta con hipocresía, amenazas veladas y paternalismo predemocrático.

En definitiva, lo que amenaza a la soberanía (y al respeto) del pueblo español no es un referéndum en Catalunya, es apellidarte Borbón y hablar en prime time en la televisión de “una España de brazos abiertos y manos tendidas donde nadie agite viejos rencores o abra heridas cerradas”, en un país con 120.000 personas que siguen en cunetas 80 años después.

La dicotomía ahora en Catalunya es sencilla. Hay quien defiende una votación refrendada por un rey y hay quien defiende una votación refrendada por el pueblo de Catalunya. Con discursos como el de anoche, nos cargan de razones a unos y pone el foco sobre otros. En 2017 veremos. Feliz año republicano.

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