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Trump sigue empeñado en que hubo tongo en las elecciones

El magnate busca investigar si los indocumentados, las personas inscritas en dos estados o los muertos votaron el 8 de noviembre

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Imagen de archivo del presidente de EEUU, Donald Trump. EFE

Ocho meses después de ganar las elecciones, Donald Trump sigue pensando que hubo tongo y que por eso perdió el voto popular frente a Hillary Clinton por casi tres millones de votos. En el universo conspiratorio de Trump no existe otra explicación que la del fraude.

En abril, el magnate seguía tuiteando que sería capaz de ganar a Hillary y que todos los sondeos sobre su impopularidad eran falsos.

No ha podido aportar datos porque todos los expertos electorales afirman, aseguran, aseveran y repiten que los casos de fraude, de haberlos, son extremadamente minoritarios (el Washington Post sólo encontró cuatro).

Esto no ha impedido a Trump , al poco de llegar a la Casa Blanca, anunciara que investigaría el tema para averiguar si los indocumentados o las personas inscritas en dos estados votaron dos veces el pasado 8 de noviembre, o si los muertos, incluso los fallecidos desde hace tiempo, especificó Trump en un tuit, se acercaron por las urnas.

Para desvelar este grandísimo “complot” la Casa Blanca creó en mayo pasado una comisión sobre transparencia electoral. La comisión ha pedido a los estados todos los datos disponibles sobre sus electores, incluidas direcciones y fechas de nacimiento y los números de Seguridad Social (lo más parecido al Número de Identificación Fiscal).

Pero la mayoría, incluso estados los pro-Trump, celosos de sus competencias, se han negado, al considerar la petición de la Casa Blanca como una injerencia en sus asuntos, en el permanente tira y afloja que mantienen con Washington.

Sólo una docena han dado algunos datos. “Hemos visto como cae la participación a lo largo de estos años” se ha quejado el responsable electoral de Luisiana, “cualquier persona que ponga en cuestión la integridad de las elecciones no ayuda mucho.”

En principio tienen hasta el 14 de julio para acatar las consignas presidenciales.  “¿Qué intentan ocultar?” se ha preguntado Trump ante la resistencia de los estados.

Oficialmente la comisión tiene como objetivo “mejorar las prácticas electorales” e identificar las “vulnerabilidades” del sistema que podrían llevar a errores en el censo electoral. Está presidida por el vice presidente Mike Pence, que tiene de número dos al “secretario de estado” de Kansas (una suerte de responsable electoral),  Kris Kobach.

Kobach no es exactamente un desconocido en el mundillo ultra conservador.  En 2008 ayudó a redactar la ley de inmigración de Arizona que básicamente permitía a la policía local detener a cualquier persona sospechosa de ser indocumentada (algo que sólo pueden hacer los federales), ley que después de muchísima polémica, fue derogada por la Corte Suprema en 2012.

Kobach, que ha calificado de “fake news” las noticias sobre la resistencia de los estados, también ha pedido que se establezca (como dijo Trump durante la campaña) un registro de musulmanes en Estados Unidos y en su momento puso en duda la ciudadanía de Barack Obama.

En un país donde no hay DNI, las leyes que piden algún tipo de documentación para votar suelen discriminar a los más desfavorecidos, a los afroamericanos, a los latinos o a las personas mayores, porque no están bien informados o porque a veces no reúnen todos los requisitos administrativos para el papeleo necesario.

Diecisiete Estados han aprobado algún tipo de normativa que dificulta el acceso al voto a las minorías. En algunos casos, como en Texas (el tercer estado mas poblado detrás de California y Nueva York) la Corte Suprema ha tenido que intervenir para anular unas leyes juzgadas discriminatorias.

Mientras, la Casa Blanca sigue en su empeño y no se da por vencida. “Sabíamos que el proceso sería largo”, ha reconocido un portavoz del vicepresidente Pence. Largo y según todos los expertos totalmente inútil, recalibrar el voto de 135 millones de estadounidenses.

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