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Bombardear Catalunya

Sobre la irresponsabilidad de algunos y el bombardeo machacón que divide al pueblo

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Rajoy y Puigdemont se vieron en Moncloa en enero, según La Vanguardia

Mariano Rajoy y Carles Puigdemont. EFE

Son días de furia. De confusión. Con abundante siembra de cizaña. De revolver pensamientos y sensibilidades para enfrentarnos a unos con otros. Como siento que  a mí también me están manipulando y me gusta decir claramente lo que pienso, escribiré mi opinión sobre lo que está ocurriendo en Catalunya. Lo haré poniendo como antecedentes dos situaciones que estoy viviendo a la vez.

Lo siguiente me ha ocurrido después de contar en las redes sociales que en una televisión (ellos dicen que en broma) estaban pidiendo que Corea del Norte bombardease Barcelona, porque así “ganamos todos”. Horas más tarde, sigo recibiendo mensajes privados con insultos y amenazas de muerte de gente que asegura que soy yo quien ha pedido el lanzamiento de misiles sobre Catalunya. “Anticatalán” y “españolista” está entre lo más fino que me dicen. Tal cual.

Al mismo tiempo, otros me amenazan llamándome “separatista” y “antiespañol”, por decir en la televisión que estoy en contra de que prohíban reuniones para hablar del derecho a decidir o por considerar desproporcionadas algunas medidas que se están llevando a cabo a raíz de la convocatoria del referéndum catalán. Ya tenemos, en definitiva, que soy una cosa y la contraria.

A mí me gustaría que Catalunya siguiera formando parte de España. También que los catalanes pudieran votar. Antes hay que hacer política, se debe dialogar, abrir negociaciones serias y llegar a una votación con garantías para todos. Creo que todos debemos decidir, sin presiones, con dirigentes políticos que estén a la altura y abandonando este “pim, pam, pum” que, ahora mismo, tiene consecuencias imprevisibles.

Anotaré también algunas complicaciones que observo para gestionar el problema. La primera está relacionada con la autoridad moral de algunos intervinientes. Poder efectivo, “potestas”, tendrán, pero noto lagunas de credibilidad de un Gobierno que debe llamar a cumplir la ley, al mismo tiempo que su partido acumula múltiples casos de corrupción y no la ha cumplido. Esto dificulta la gestión para hacerse respetar. Algo parecido me ocurre con una parte del nacionalismo catalán, también hasta el cuello de mordidas o financiaciones ilegales. 

Veo, además, que hay gente que no es que quiera separarse de los españoles, es que quiere independizarse de corrupciones, recortes o desigualdades económicas y son aspectos que se están mezclando. Es un caldo de cultivo para afianzar posturas. Si a esto le sumas el “anticatalanismo” que algunos llevan años abonando, la reacción para muchos puede ser pensar que estarían mejor independizándose.

Observo también cierto “postureo”. Debemos estar atentos para separar el interés de hacer política que resuelva los problemas, de aquellos movimientos o declaraciones de políticos que se llenan la boca con amenazas, lamentaciones, circos, excesiva contundencia contra aquellos a los que considera contrarios o indefiniciones de los que quieren estar en misa y repicando.

Anotaré también, en definitiva, el interés de ciertos estrategas de la política, de uno y otro lado, por estar dale que te pego con Catalunya y su independencia, como un bombardeo machacón, para distraer al personal sobre otras cosas. A estos lodos hemos llegado. Ahora mismo, el referéndum convocado no tiene validez jurídica, pero no puede negarse que hay una gran cantidad de catalanes que quiere votar. Por eso, no lo olvidemos, aún está en juego lo que ocurrirá después del 1 de octubre y convendría respetarnos un poco todos, que no nos coman el tarro y andar con tiento.

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