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Aquel 'El Dorado' político no se repite

Seríamos cínicos si para explicarnos aquel éxito socialista no constatásemos que al legalizarse los partidos la política de izquierdas dejó de costar dinero, para pasar a ser una profesión y un modo de ascender socialmente

Si se piensa en el atracón de poder y el esplendor del partido socialista en los años ochenta y todavía noventa, hay que comprender que lo que se están disputando ahora Susana Díaz y Pedro Sánchez es oropel, harapos de aquel manto que cubrió a González

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Es difícil imaginar hoy, o incluso recordar, el atractivo que tuvo el PSOE en otro tiempo.

Cuando apareció tras la muerte de Franco, antes no se sabía de él, recogió la simpatía de unas generaciones que recordaban la República, antiguos militantes socialistas o de Izquierda Republicana, pero Suárez ocupaba el centro del poder. Curiosamente Suárez acabó no interesando a nadie y unos y otros acabaron comprometidos en una verdadera conspiración para destruir la UCD y, tras el 23-F, el PSOE ocupó el Gobierno. Y desde ese momento se transformó en un verdadero agujero que atraía y tragaba todo la energía y el poder que hubiese a su alrededor. En física el PSOE fue un "agujero negro" y en sociología realizó el concepto de "masa crítica".

Pequeños partidos socialistas en Galicia, Catalunya, grupos socialistas herederos del FLP en Madrid, País Vasco, Valencia…, integrados en una Federación de partidos socialistas ya habían sido absorbidos. Un PSP que era más una idea agrupada alrededor de Tierno que otra cosa también. Buena parte de la militancia del PC y de las demás organizaciones comunistas fue entrando de uno en uno, rendidos y con una sonrisa.

Difícil hacer recuento de cómo el partido socialista llegó a ocupar todo el espacio público y parte del privado, sin aquella borrachera de poder no se puede entender la resaca que todavía arrastra Felipe González. Fue muy difícil argumentar cualquier posición distinta o cualquier objeción al partido socialista, nadie entendía que pudiese haber gente que no compartiese un entusiasmo que en algunos casos llegaba casi al histerismo. En aquel momento discrepar era hasta feo, uno se sentía un poco leproso y, de hecho, te miraban mal.

No es fácil hoy entender aquella entrega tan sincera y total de una gran parte de la población no a un partido ni a un par de dirigentes sino a un sueño: al fin habíamos dejado atrás un pasado de pesadilla y habíamos llegado a la tierra prometida. Cuando ahora los teóricos de "Podemos" recuperan el viejo concepto de "hegemonía" no imaginan que eso se realizó hace unas décadas. Y, particularmente, no me gustó.

El PSOE vistió de rosa a España y al estado de arriba a abajo, desde la Monarquía a la Guardia Civil, antiguos policías torturadores fueron ascendidos, las corridas de toros y las sevillanas se extendieron por las capitales de provincia. Pero de la mano de El País, ya hemos comentado lo que fue ese periódico para dos o tres generaciones, ocuparon un escenario nacional los intelectuales, los escritores, los cineastas, los libros, las películas, las modas, las ideas…, Y todo era lo mismo y una misma cosa y era aceptada y compartida por la mayoría.

Y España, que ya había sido ocupada militarmente por el ejército norteamericano con Franco entró en un estado de fascinación absoluta, todavía más colonizada ideológicamente, New York pasó a ser la capital mental a donde todo el mundo quería ir a comprar una camiseta. España entró en la Unión Europea pero se transformó en lo que ya era, un condado de EE.UU. Las generaciones precedentes habían buscado en Europa un camino, las emergentes lo encontraron en Manhattan y California.

¿A qué se debía el poder de atracción del PSOE? A una pulsión social enorme creada por circunstancias históricas irrepetibles, a un proyecto nacional español que resultó muy atractivo pues ofrecía transformarse de repente y sin trabajo ni dolor en un país distinto, el PSOE ofreció un espejo en el que uno se veía transformado en un europeo moderno imaginario y, sin duda, también se debía al éxito mismo. Quien más quien menos a todos nos gusta el éxito y huimos del fracaso, el éxito es el galán más irresistible. En aquel tiempo el éxito se vendía como los euros a céntimo, nos contaban que España estaba de moda en Europa, en América y que todo el mundo estaba aprendiendo castellano y sevillanas. Y más modernos que nadie, nos tenían envidia porque sabíamos divertirnos a diferencia de esos europeos aburridos. Por eso duele tanto ahora este despertar.

Pero seríamos cínicos si para explicarnos aquel éxito socialista no constatásemos que al legalizarse los partidos y organizaciones la política de izquierdas dejó de costar dinero y ser fuente de serios problemas y pasó a ser una profesión y un modo de ascender socialmente. Y ahí el PSOE era el lugar adecuado. Ser progresista permitió progresar en la vida a mucha gente, ésa es también la verdad.

Aquella época y aquel partido podía ser visto desde cerca como el que nos metió en Europa y, con el dinero europeo, extendió la sanidad pública, la educación, las carreteras, el AVE desde Madrid, universidades, aeropuertos, casas de cultura, Curro y Cobi...También podía ser visto desde lejos como parte de una gran operación que amarraba férreamente al estado español a través de la OTAN a los intereses geoestratégicos norteamericanos en tiempos de carrera armamentística frente a la URSS (todavía hoy estamos a ello). Y la entrada en la UE como parte de ese plan estratégico.Y al propio PSOE como un instrumento alimentado con marcos alemanes que estaban conectados con dólares estadounidenses, dinero que había alimentado dos años antes al partido socialista portugués. Pero quién ve las cosas desde lejos, con distancia, cuando uno está metido en el trabajo de vivir.

El caso es que, si se piensa en el atracón de poder y el esplendor del partido socialista en los años ochenta y todavía noventa, hay que comprender que lo que se están disputando ahora Susana Díaz y Pedro Sánchez es oropel, harapos de aquel manto que cubrió a González. El resultado electoral lo escribirá el electorado el día 26 de Junio, pero el partido socialista está en un momento muy grave. Si queda por detrás de Podemos y sus alianzas en las próximas elecciones podría convertirse en un partido fundamentalmente regionalista que exprese intereses particulares de Extremadura y Andalucía. Ahora mismo sus posiciones políticas ya están condicionadas y lastradas por esa presión que le impide ofrecerse como alternativa global.

Los dirigentes de "Podemos" soñaron hace un par de años con un proceso expansivo que les permitiría acumular un poder electoral y político semejante a aquel del PSOE, era un espejismo histórico como ya han comprobado. A pesar de las dificultades los socialistas bajan pero no desaparecen, al menos en una parte del territorio del estado. Podemos tuvo un éxito relativo y efectivamente el éxito atrae, consiguió atraer a una galaxia de pequeños grupos aquí y allí y a una Izquierda Unida que no era viable por ella misma, pero no van a tener una mayoría absoluta como las que tuvo González ni de lejos, ni siquiera las tendrá el PP. A pesar de las discrepancias, de las diferencias, de los disparates que diga ésta o aquel dirigente en campaña electoral, el PSOE no puede ser reducido a "la casta" ni al enemigo, y tampoco van a desaparecer.

Nadie va a alcanzar el cielo, ya nos está avisando la Comisión Europea, pero es posible algún gobierno razonable que nazca del pacto de socialistas y podemistas con algunos nacionalistas catalanes, o vascos, valencianos...

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