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Para Manuela, una columna que no es solo antitaurina

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Cuando supe que Manuela Carmena sería candidata a la alcaldía de Madrid, se activó mi esperanza. Participé públicamente del apoyo de muchos madrileños a la posibilidad de cambio que ella representaba. Admiré y compartí esa ola de creativa ilusión que hizo de la cara de Manuela el espejo que nos reflejaba y en el que vimos un futuro mejor. Escribí sobre sus virtudes, su admirable trayectoria, su talante. Por primera vez en muchos años, sacrifiqué mi voto a PACMA en aras de la confluencia municipalista, de una unidad popular imprescindible para lograr que ella fuera alcaldesa. Cuando supe que Manuela Carmena sería la alcaldesa de Madrid, salí a la calle a celebrarlo. El día de su investidura quise estar en la sala de plenos del Palacio de Cibeles.

Después, me he indignado y avergonzado con los burdos ataques que ha sufrido de la derecha y me han desesperado las críticas de cierta izquierda que no ha tenido paciencia ni para los 100 días de cortesía. Sabía que no todo iba a ser un camino de rosas, ni siquiera con alguien como Manuela: las cosas muy torcidas no pueden enderezarse de la noche a la mañana, la transformación exige procesos casi siempre más lentos y extenuantes de lo que deseamos. Así es la política.

A las entidades y personas madrileñas preocupadas por la protección animal ya nos había resultado alarmante que la propuesta al respecto, segunda más votada (después de la relativa a desahucios) en la web de participación ciudadana abierta por Ahora Madrid para la elaboración programática, no hubiera sido incluida en el programa electoral. Así se lo hicimos saber a la candidatura, y el 14 de mayo se celebró una reunión, a la que asistí, en la que Ahora Madrid se comprometió a desarrollar una ordenanza que haga de Madrid una ‘ciudad amiga de los animales’ y a crear una Oficina de Protección Animal. Se incorporó, de manera explícita, “la eliminación de subvenciones o ayudas municipales a espectáculos taurinos y escuelas de tauromaquia, así como atender las recomendaciones al respecto del Comité de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño”. Ahora Madrid hizo público el compromiso.  

Manuela Carmena asistió el pasado 16 de septiembre a un almuerzo en el Club Siglo XXI donde le preguntaron si prohibirá las corridas de toros en Madrid. Una pregunta claramente tendenciosa y, sobre todo, improcedente, puesto que las corridas que se celebran en Madrid no son de competencia municipal: la gestión de la plaza de toros de Las Ventas es competencia de la Comunidad de Madrid, que, a través de una concesión, cede la mayor parte de esa gestión a la empresa Taurodelta. La respuesta podría haber sido esa. Así de fácil. Manuela podría haber dicho que el Ayuntamiento no puede prohibir las corridas de toros, pero no: dijo que no las prohibiría ( ver vídeo 1:26:55).

Podría, incluso, haber añadido que el único asunto taurino de competencia municipal es la Escuela de Tauromaquia Marcial Lalanda, que recibe más de 60.000 euros de los fondos públicos municipales, así como el uso de un importante terreno en la Casa de Campo, de propiedad también municipal y que podría destinarse a actividades más formativas, moralmente, para los menores madrileños. Y haber recordado el compromiso adquirido por Ahora Madrid en su campaña electoral. Pero no. Dijo: “No vamos a tocar la Feria de San Isidro en absoluto. No sé si tocaremos algo o no, a lo mejor, para mejor, no lo sé". ¿Tocar algo para mejor? ¿Mejor para quién: para los taurinos, para los toros, para la moral social? "Desde luego no vamos a prohibir las corridas de toros. Tranquilidad para los taurinos. Yo no soy taurina, pero respeto a otros”. ¿Respeta también a quienes hacen daño a los animales y a la moral social?

En una  entrevista posterior, la alcaldesa Manuela Carmena declaró que dice lo que piensa, sin guión. A mí esa naturalidad me gusta de la gente en general y me gustó de ella desde un principio. Lo que sucede es que los programas políticos y los compromisos preelectorales son guiones a seguir, le guste o no a la alcaldesa. Son su guión. Nos hemos quedado afónicas de reprochar a los políticos el incumplimiento de sus programas, y ella no va a ser la excepción. Por más que nos duela. A mí, junto a muchos y muchas, nos duele.

Como esta no es una columna solo antitaurina, no me refiero solo al dolor que nos producen las terribles prácticas de los alumnos de la escuela de tauromaquia en los cuerpecillos de los becerros sobre los que se ejercitan en el maltrato. Esa injusticia con los cachorros y esa inmoralidad con los menores. Ni me refiero solo al dolor que nos produce la tortura a la que los adultos que fueron alumnos de esa escuela someterán a toros y caballos en plazas que no son competencia de nuestra alcaldesa. Esa injusticia con los animales y esa inmoralidad social.

El dolor al que me refiero es un dolor político. Tiene que ver con la decepción, con la desilusión, con sentirte estafada. No hace falta extenderse en explicaciones: lo conocemos demasiado bien. Pero se hace más agudo si tuviste confianza, si las expectativas eran altas, anchas, diversas. Duele más y tiene más delito: la traición de un amor es mayor que la de un amante ocasional. Y es que yo soñé con una ciudad enamorada de su alcaldesa.

Si Manuela Carmena no hubiese hecho lo posible por frenar los desahucios; si los activistas y todas las personas que abominamos de esa injusticia, y que votamos a su candidatura para acabar con ella, comprobáramos que incumplía ese compromiso, la responsabilidad de la alcaldesa iría más allá de las personas a las que se deja en la calle: también sería responsable frente a los madrileños que no queremos que pase eso en nuestra ciudad, frente a la ilusión y la confianza que depositamos en ella. Manuela Carmena dejaría de ser Manuela para convertirse en una política más que engaña a sus votantes.

Yo no quiero tener que decir "¿Tú también, Manuela, hija mía?". Estamos a tiempo de que no sea así.

Equo, que forma parte del equipo de Gobierno de Manuela Carmena porque se integró en la candidatura municipalista de Ahora Madrid, ya le  ha pedido a la alcaldesa que “cumpla con el compromiso de eliminar las subvenciones a los espectáculos taurinos, tal y como estaba contemplado en el programa de la formación”. No renunciando a sus principios, Equo demuestra una honestidad y una valentía políticas que deberían inspirar a todo el Gobierno municipal, al que no creímos que tuviéramos que reclamar estos valores cuando empapelamos Madrid y todos nuestros muros con la cara de Manuela.

En la web decide.madrid.es, del Ayuntamiento, se apuesta por un Gobierno participativo y abierto, cuyo lema es “La ciudad que quieres será la ciudad que quieras”. La segunda propuesta ciudadana más apoyada es, una vez más, “Eliminar los festejos taurinos y las subvenciones”. Ya hemos aclarado que en la ciudad de Madrid no se llevan a cabo festejos taurinos de competencia municipal. Pero sí se subvenciona la escuela de tauromaquia. Y si Manuela Carmena no elimina esas subvenciones estará incumpliendo sus compromisos electorales, defraudando a una gran mayoría de sus votantes y contradiciendo sus propias palabras:

“Cada uno tenemos una enorme capacidad para cambiar lo que es injusto, lo que es inmoral, lo que nos hace daño. Hoy más que nunca”.

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