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Ropa de nuestra talla

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En la sastrería de Rajoy cada viernes se hacen recortes y composturas, se da vuelta a los abrigos y se suben los bajos de los pantalones. Es muy posible que ahora la ropa nos quede grande o tenga los bolsillos agujereados, pero la cuestión es otra: ¿qué pinta tendremos con la camisa de once varas que nos está cortando el sastrecillo valiente? Las reformas de Rajoy no dan puntada sin hilo: el objetivo aparente  es salir de la crisis, pero el objetivo real es conducirnos hacia otro modelo social.

La cuestión no es salir de la crisis, sino hacia dónde, qué ropa nos vamos a poner si las reformas las hace Rajoy en Confecciones Covadonga, mediante una Reconquista que se ha propuesto expulsar los derechos laborales, la sanidad y la enseñanza públicas, la igualdad, las autonomías, los inmigrantes y las empresas estatales.

Nos están cortando, a la medida de los mercados, un uniforme laboral: las mujeres con cofia y delantal y los hombres con mono azul y una boina para poder descubrirse ante los señoritos. ¿De verdad queremos vestirnos así? Ni hablar. Tenemos que ir a otra sastrería, que nos saque de la crisis en la dirección contraria.

Pendiente del estado de ánimo de esos mercados, Rajoy al parecer lamenta tener que tomar medidas impopulares. Pues que tome medidas populares, ya te digo, la cosa es muy sencilla. Cojamos la tijera, pero para recortar por arriba.

La primera medida, el próximo viernes, tiene que ser el establecimiento por ley de un salario máximo. ¿Hay algo más obsceno que la remuneración de los consejeros, presidentes de banco, empresarios y hasta arquitectos como Calatrava? Mereceremos lo que nos pase si aceptamos que la hora de trabajo de un consejero delegado valga cientos de veces más que la de quien le plancha las camisas o le limpia el baño.

Si el salario más común son unos veinte mil euros anuales, debería establecerse un sueldo máximo que no lo supere en tres veces. Sesenta mil euros al año. Si desde Amancio Ortega a Alfredo Sáenz nadie pudiera ganar más de sesenta mil euros al mes, nos sobraría dinero (y recuperaríamos algo de sentido moral). Con tanto ahorro, quién duda que podemos garantizar las mejores prestaciones sociales del planeta.

La desigualdad en las retribuciones en la empresa ha pasado en pocos años de una escala de 1:6 a otra de 1:300, es decir: el mejor pagado gana trescientas veces más que el peor pagado. Trescientas veces más. ¿Queremos vivir así? ¿No se nos cae la cara de vergüenza?

Pues entonces el decreto ley estableciendo un sueldo máximo es urgente, para el próximo viernes. Es un imperativo ético y la única reforma económica popular y comprensible para todos los ciudadanos.

Y cada viernes más. Se irán anunciando: establecimiento de un patrimonio máximo, nacionalización de la banca, supresión del derecho a la herencia, supresión de la propiedad privada de los medios de producción y así hasta lograr otra reconquista: la de la dignidad y la justicia.

Abandonemos  Confecciones Covadonga para vestirnos en la acreditada  Sastrería Marx & Lenin: ropa a medida de quien la lleva, no de esos mercados que se intranquilizan por cualquier cosa.

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