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Varoufakis-Monedero, los partidos nuevos tampoco soportan la libertad

El retiro de la primera línea de Varoufakis y Monedero -con la enorme distancia intelectual que hay entre ambos- pone de manifiesto una evidencia tan vieja en los partidos políticos como su existencia, la falta de libertad para disentir.

O en palabras de Alfonso Guerra, el que se mueva no sale en la foto. Ser un verso suelto será muy poético, pero poco práctico y rentable. Da igual que las formaciones sean jóvenes o viejas, tengan un año o un siglo.

Para colmo, los egos revueltos de dos especies con individuos tan megalómanos como intelectuales y políticos, terminan por producir digestiones que revientan el estómago de los menos resistentes.

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Premisa de salida para evitar confusiones: Yanis Varoufakis y Juan Carlos Monedero son dos intelectuales, sí, pero que juegan en diferentes ligas, a distancias quasi siderales. El griego de Siryza en la Champions, el español de Podemos en una liga regional, aunque para muchos de los iniciales votantes de Podemos, Monedero era un referente ideológico desde la fundación del partido que ahora dirige Pablo Iglesias. Por el contrario, Syriza ya existía hace diez años y Varoufakis fue un referente a posteriori.  

El todavía ministro de Finanzas es un profesor de izquierdas reconocido en los medios académicos de la economía desde hace tiempo. Autor de El Minotauro global (Capital Swing 2012), tiene tres doctorados y se le estudia en las escuelas económicas. Desde hace unos meses, es famoso en la UE gracias a su prepotencia y escasa cultura política según sus enemigos (muchos); para sus amigos y admiradores, un tipo capaz de mantener la dignidad de sus principios unido a lo que entiende por la dignidad y el futuro de los griegos. Nada de todo ello –por no hablar de su estética hipster que saca de quicio a los prebostes de la UE- ha impedido que su jefe de Gobierno, Alexis Tsipras, le releguera tras una conversación con Merkel y meses de negociación infructuosa con Bruselas. Parece que la canciller resolvió a Tsipras el dilema que su ministro de Finanzas ya se planteó allá por 2013, en una conferencia transformada luego en un artículo, titulado Confesiones de un marxista errático en medio de una crisis europea repugnante, como recordaba José Ignacio Torreblanca. Varoufakis reflexionaba a propósito del dilema de la izquierda con respecto a la Europa del euro: aprovechar la crisis para reventarla y dejarla caer o colaborar con el capitalismo europeo para estabilizar la moneda y luego intentar humanizarlo.

Juan Carlos Monedero es un profesor de la Universidad Complutense, autor –entre otros- de “En torno a la democracia” (Tecnos 1999) y de un blog clave para seguir al personaje, Comuna de Ideas, además de asesor de gobiernos latinoamericanos que le remuneraron bien (por lo que está pagando una travesía que no ha sabido encajar). A decir de sus alumnos también es un brillante maestro, capaz de encandilar a una clase con decenas de estudiantes. Su amigo Pablo Iglesias (“Pablito” le llamó él esta semana) le definió para anunciar su marcha: "Juan Carlos no es un hombre de partido, es un intelectual que necesita volar". Lo cual debería traducirse como que no hay suficiente libertad para que los intelectuales vuelen dentro de Podemos.

Establecida la enorme distancia entre Varoufakis y Monedero, quizá sí que cabe extraer algunas conclusiones. Ambos son dos personajes incómodos para sus respectivos líderes y organizaciones; da lo mismo que sendos partidos políticos sean fuerzas jóvenes, comparados con las viejas estructuras del denostado bipartidismo. Las disensiones, las críticas y los versos sueltos son insoportables en esas estructuras, ya tengan un año o un siglo de existencia, si bien es verdad que en el caso de Siryza, el partido fue antes que Varoufakis y ha conseguido su objetivo primordial, llegar al gobierno. Pero también es probable que haga menos daño electoral a Siryza aparcar al brillante profesor que irrita a la corte de Bruselas, que a Podemos la marcha de Monedero, a menos de un mes de las autonómicas y municipales y cuando los sondeos indican que ha tocado techo.  

Aunque Juan Carlos Monedero sea un intelectual solo para los suyos, en los últimos días no son pocos los profesores y compañeros de otros sectores e ideologías que le han reconocido mérito. Ha hablado y se ha ido cuando ha visto que el Partido Podemos se alejaba de sus orígenes. Un colega de la Complutense, compañero de muchos años, le reconocía su coherencia, aunque “no soy un ingenuo y en su decisión habrá un tanto por ciento de resentimiento por lo solo que le han dejado con lo de Venezuela”

Pero además, a diferencia de Varoufakis que utilizó los medios y las cámaras desde el primer día que aterrizó en Bruselas, consciente de que ese era otro escenario para la partida, parece que  Monedero nunca ha entendido bien –o no ha querido entender- lo importante que es vender el alma por un minuto en horario de máxima audiencia. Y cuando asomó la cara, se la partieron, con lo cual el marketing político le ha dejado KO, mientras que Errejón, Iglesias y Bescansa apostaron por la oposición televisiva primero y después, por el paso atrás en los planteamientos ideológicos más radicales, en función de conseguir el principal objetivo, el poder. Quizá ese sea uno de los fallos actuales del partido de Pablo Iglesias, intentar acercarse ellos al centro en vez de llevar a los votantes del centro hacía la izquierda, tal y como resaltaba el catedrático Fernando Vallespín. Esa reflexión, unida a la salida de Monedero, puede tener un coste electoral para la formación nacida en la Complutense.

Pero además, el arrinconamiento del profesor griego y del español trae a la palestra otra evidencia tan vieja como la lucha del macho por dominar el clan. En el mejor de los casos, si las formaciones políticas jóvenes y más frescas soportan el disenso durante un tiempo, pronto salta la pelea por el trono. O como recuerda otro colega del quinteto de la Complutense –Monedero, Bescansa, Iglesias, Alegre y Errejón- lo único nuevo que hay en la política, de verdad, son las nuevas tecnologías. Lo otro, la lucha por el poder, es tan vieja en democracia como el nacimiento de esta, hace 2.500 años en la Atenas de Pericles. Y se heredó de las cavernas. Realidad que sumada a los egos de dos grupos repletos de machos alfa, políticos e intelectuales, produce unas curdas que han dado verdaderas obras maestras del pensamiento político.

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