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Se buscan hombres contra el machismo

Hace unos días el músico Sam Carter paró uno de sus conciertos para denunciar una agresión sexual

Los hombres deben buscar formas colectivas de intervenir para cuestionar la masculinidad dominante

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Sam Carter durante el concierto que detuvo para denunciar una agresión sexual

Sam Carter durante el concierto que detuvo para denunciar una agresión sexual

"Pues llevo un rato dándole vueltas en mi puta cabeza sobre si debería decir algo sobre algo que acabo de ver durante la última canción (...) No voy a señalar al mierda que lo ha hecho, pero te he visto agarrándole una teta (...) No es tu puto cuerpo! ¡No es tu puto cuerpo y no se agarra así a nadie! ¡No en mi puto concierto! (...) Vamos a continuar y hacer que este sea un espacio seguro para todos".

Esto fue lo que dijo el cantante tras ver cómo un hombre aprovechaba para manosear a una mujer sin su consentimiento. Antes de nada, aclaremos una cosa: lo sucedido con Sam Carter es difícilmente extrapolable a una situación cotidiana. El cantante está en su concierto y en él es “el puto amo”. Está física y arquitectónicamente sobre el resto y está rodeado por centenas de personas que han ido a verle porque lo admiran. Así que denunciar algo en esas condiciones es probablemente más fácil que en otras.

Por otra parte, resulta interesante analizar su lenguaje. La agresividad no tiene por qué saber de géneros, pero podríamos puntualizar lo paradójico de usar un lenguaje que alguien podría considerar violento para denunciar otro tipo de violencia. No descalifica al completo lo que hizo, pero es importante puntualizarlo como parte de la complejidad de este tipo de cuestiones.

Lo que parece claro es que muchas personas se han sentido identificadas y el vídeo se ha viralizado. Hay dos elementos que creo que son relevantes mencionar al respecto de lo sucedido. Lo primero y más evidente, se trata de un hombre denunciando y reprobando una acción y un comportamiento de otro hombre. Lo segundo, el punto clave de su mensaje es “no es tu cuerpo y no tienes derecho a hacerlo”.

Si analizamos muchas de las situaciones en las que las agresiones machistas se producen, lo que suele haber alrededor es un contexto social de normalización de este tipo de cuestiones. La norma social y la masculinidad dominante consideran en muchos casos que no es reprobable que un hombre toque a una mujer sin su permiso.

Hay muchas respuestas prototípicas que casi todos los hombres hemos oído ante este tipo de situaciones (y lo siento si aquí hay alguien que contesta diciendo “eso no ocurre en mi grupo de amigos”: enhorabuena, tienes un grupo de amigos inmaculado en cuanto a machismo, ojalá consigáis que se extienda al resto de la sociedad): “ni que la estuviera violando, solo le tocó una teta”, “es que iba provocando”, “se estaba resistiendo, pero en el fondo lo estaba deseando”, etc, etc.

Tocar a otra mujer sin su consentimiento o bajo su disconformidad no está bien. Punto. La cuestión es que el machismo es socialmente transversal y se infiltra de formas muy sutiles provocando que haya ocasiones donde no sea tan fácil reconocer que nos encontramos ante una situación reprobable. Hay un machismo más sofisticado que se disfraza de activismo o de academicismo, por ejemplo, y resulta más complicado de visibilizar y por tanto de denunciar.

Y luego hay obviamente contextos mucho más explícitos donde la reacción no se produce porque hay una mayoría aplastante de hombres que marcan la pauta de conducta y la única forma de enfrentarse a ellos es usando sus códigos, generalmente violentos. El caso de los grupos de whatsapp donde se denuncia el machismo y al final el denunciado termina siendo repudiado por el grupo, incluso en ocasiones por mujeres, representa un ejemplo superficial pero claro de por qué a veces los 'hombres no violentos’ no tienen la valentía para enfrentarse a los ‘hombres violentos’.

El machismo es una forma de gobierno de nuestras vidas de carácter no institucional. Rige el comportamiento de hombres y mujeres en muchos contextos. Las mujeres necesitan ayuda para combatirlo en hombres, pero los hombres que reniegan de una masculinidad basada en la dominación, en el abuso del poder, en la objetualización y sexualización constante de la mujer, necesitan también ayuda para oponerse conjuntamente y no como 'un acto de valentía individual’. 

El feminismo lleva años marcando el camino: hay que enfrentar el machismo colectivamente: producir acciones en contextos que puedan amplificar una nueva norma sobre lo que ha de ser un hombre. Ejemplos de cómo negarse a que ‘ser un hombre’ implique aceptar esa inercia social basada en tantas cuestiones que son repudiables. Y quizás e idealmente: que estas acciones y ejemplos no impliquen usar las mismas herramientas que están siendo criticadas. Se buscan hombres contra el machismo pero no todos podemos ser como Sam Carter. 

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