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La economía, la crianza y los cuidados

En los modelos económico, los seres humanos nos convertimos en el homo economicus, un hombre solo, sin niñez ni vejez, racional, bien informado, que persigue únicamente su interés propio

Olvidándose de sus orígenes, el objetivo de la economía ha pasado a ser la maximización de beneficios y el crecimiento

Solo comenzando a pensar desde otro lugar lograremos que los que son tratados como problemas personales de cada hogar se asuman como lo que realmente son, responsabilidades colectivas para sostener la vida

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Para tratar de entender cómo funciona la economía y realizar predicciones se utilizan modelos económicos, representaciones simplificadas de la compleja realidad. Así, en dichos modelos, los seres humanos nos convertimos en el homo economicus, un hombre solo, sin niñez ni vejez, racional, bien informado, que persigue únicamente su interés propio, que es autosuficiente, no depende de nadie y nadie depende de él, sin responsabilidades, sin influencia sobre el medioambiente; que resuelve todos sus problemas de manera óptima interactuando en un mercado ideal, constituyendo los precios su medio de comunicación. Un hombre plena y permanentemente disponible para las necesidades de las empresas para las que trabaja.

El homo economicus puede resultar de gran utilidad para modelar, pero dista mucho de parecerse a las personas que habitamos la faz de la tierra. Las personas, incluso cuando decimos que lo hacemos, no vivimos ni solas ni somos independientes, vivimos en sociedad y nos necesitamos las unas a las otras. A lo largo de todo nuestro ciclo vital requerimos de otros que nos proporcionen cuidados; en la niñez y en la vejez, pero también cuando estamos enfermos o pasamos por problemas de cualquier índole necesitamos que nos cuiden tanto física como psicológicamente. Somos seres vulnerables e interdependientes, entre nosotros y también con la naturaleza (ecodependientes).

Pero el sistema capitalista en el que vivimos intenta (y está logrando) que nos parezcamos, o más bien que pretendamos ser ese homo economicus, meros trabajadores siempre a punto, ocultando, haciendo como que no existen esos cuidados sin los cuales el sistema dejaría de funcionar, porque sin ellos la vida no se sostiene.

La mayoría de esos trabajos relacionados con los cuidados se dan en el ámbito de lo privado e históricamente han recaído fundamentalmente sobre las mujeres; muchos de estos trabajos no pasan por el mercado, no son trabajo remunerado o, si se remunera, se hace a menudo en el mercado informal y, por ello, a efectos de indicadores económicos como el PIB, no cuentan, no aportan, son invisibles. El cuidado de niños, ancianos, enfermos o el mantenimiento y la limpieza de los hogares son actividades que están normalizadas, pero en lo privado, en lo individual, en lo familiar, en el "cada uno que se apañe como pueda", invisibilizándose no solo en los indicadores económicos sino también en la esfera pública.

Los filósofos que sentaron las bases de lo que más tarde sería la economía se centraban en el análisis de la naturaleza humana y la gestión de los recursos. Pero de un tiempo a esta parte, pareciera se nos hubiera olvidado cuál fue el origen de esta ciencia social; el objetivo ha pasado ser únicamente la maximización de beneficios y el crecimiento. Son estos los que dictan nuestros tiempos, la forma de nuestras ciudades y nuestras instituciones, y mientras esto sea así, el debate, como el que se ha producido los últimos días en medios y redes sociales, y la búsqueda de propuestas sobre la conciliación laboral y otros temas vinculados a la crianza, serán infructuosos.

Si realmente queremos encontrar soluciones, es necesario repensar la economía y atender a propuestas que se han venido haciendo desde la economía heterodoxa. Propuestas como las realizadas desde la economía feminista; que propone ampliar la visión socioeconómica del mundo integrando todos los trabajos necesarios, remunerados o no, para la subsistencia, el bienestar y la reproducción social, poniendo en el centro del análisis la vida, desplazando del centro los mercados, los beneficios y la acumulación de capital. Hay que redefinir el concepto de economía como "la generación de recursos para satisfacer necesidades y crear condiciones para una vida digna de ser vivida" poniendo la sostenibilidad de la vida en el centro y haciendo que ésta sea responsabilidad de todos como sociedad. Solo así, comenzando a pensar desde otro lugar, lograremos que lo que parecen ser problemas personales de cada hogar, se asuman como lo que son, responsabilidades para sostener la vida y el mundo en el que vivimos.

Se puede ampliar información en el artículo "Economía Feminista" publicado en la   Revista Economistas nº 21 (marzo de 2015), del Consejo General de Economistas.

Este artículo refleja la opinión y es responsabilidad de su autora. Economistas sin Fronteras no necesariamente coincide con su contenido.

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