La Policía desaloja en Ceuta a cientos de migrantes asentados en Benítez: “Nos sacaron a porrazos y no sabemos donde dormir”
“Ha venido la Policía y nos han sacado a porrazos”, alertaba Mohamed una hora después de su desalojo del espigón de la playa de Benítez (Ceuta). Es uno de los migrantes que, durante la primera hora de la mañana de este domingo, ha sido desalojado de las inmediaciones de la playa Benítez. Un operativo policial, formado por más de 300 efectivos, ha trasladado a más de medio centenar de personas migrantes que se me encontraban en esta zona, especialmente en la zona del espigón y en la parte más alejada de la costa.
El operativo ha dejado también numerosas pertenencias que han tenido que abandonar tras ellos los migrantes desalojados esta mañana de manera repentina, sin tiempo para recoger las pocas cosas que han ido acumulando en los casi dos meses que llevan en Ceuta. Tiendas de campaña, enseres, algunos móviles, mantas y ropa han quedado tirados por el suelo y, en algunos casos, han sido aplastados durante la intervención.
“Están trasladando a migrantes al Guano, a un espacio más adecuado. La zona actual es muy insegura de cara a temporales y lluvias que puedan llegar en el futuro”, confirma Interior. Sin embargo, más allá del traslado a la zona del Guano, algunos migrantes han sido introducidos, en pequeños grupos, en furgones policiales. Por el momento, este medio no ha podido confirmar el lugar donde han sido enviados.
Los migrantes asentados hasta ahora en el espigón de la playa de Benítez denuncian haber sido golpeados con porras y rociados con gas lacrimógeno por parte de la Policía Nacional, en la primera parte del operativo que aseguran que ocurrió alrededor de las 7 de la mañana. Mohamed dormía cuando los agentes, cuentan, irrumpieron en el espigón y en la zona de la Desalinizadora. “Vinieron directamente a sacarnos a porrazos y con gas”, dice el hombre
Según el relato de varios migrantes asentados en Benítez, los policías han utilizado el material antidisturbios especialmente en la primera parte del dispositivo, concentrado en la zona de la desalinizadora y el espigón. “Entraron y empezaron a pegar a los chicos, los sacaron a todos de sus chabolas. Nuestras mantas se quedaron allí, la ropa, la comida, el dinero. Hay a quien le pegaron y le quitaron el teléfono”, dice Hassan (nombre fictico), uno de los migrantes afectados por el desalojo.
Algunos aseguran que varios agentes les dijeron que serían trasladados a los campamentos del Gobierno, pero les acabaron dejando en otra zona de El Trampolín, donde apenas queda espacio donde levantar cabañas. Hacerlo, además, suele generar peleas entre las personas que ya llevan tiempo en un determinado lugar. “¿Ahora a dónde vamos a ir? ¿De dónde vamos a sacar comida? Nos mintieron, nos sacaron de allí a la fuerza con porras, riéndose. Nos dijeron que nos iban a llevar a las tiendas, que iban a recoger las tiendas y llevarlas. Fuimos y nos dijeron 'sentaos'. Al rato nos dijeron 'hasta mañana'. Nos dijeron ”ahora buscáos la vida“. Ni siquiera nos dejan ir a la tienda a comprar agua ni nada”, denuncia.
“Lo importante es que nos atacaron de golpe, se pusieron a pegar a los chicos, los chicos tuvieron miedo y nos sacaron. Nos sentaron en esa primera casa, nos sentamos como si nada y nos dividieron, se llevaron a unos para un lado y a otros para otro lado, nos tiraron todo”, dice otro hombre marroquí.
La operación se produce tras el requerimiento emitido por la Consejería de Medio Ambiente de la Ciudad Autónoma, el pasado 11 de septiembre, a la Delegación de Gobierno en el que argumentaba cuestiones de seguridad y riesgo grave para la planta desaladora de la ciudad , solicitando el levantamiento de los asentamientos.
Tras su desalojo, el cordón policial ha continuado durante horas, mientras los servicios de limpieza retiraban los restros de lo que fue un asentamiento improvisado desde hace casi dos meses. Mientras un centenar de personas esperaba junto a la línea de seguridad el momento para tratar de buscar algunas de las pertenencias que tuvieron que abandonar a la carrera, los operarios retiraban todo en camiones de la basura. Mientras Aiman aguardaba el momento para ir a buscar la manta que dejó atrás y Ali preguntaba preocupado por la bolda de comida que dejó en la tienda, las tiendas en las que dormían ya estaban arrasadas. Los operarios lanzaban a la basura colchones, mantas, sillas, cartones de leche, mochilas con ropa y todo lo que encontraron en el área desalojada.
“Yo dejé mi tienda allí, dejé mi ropa, dejé mi cartera, ¿entiendes? Me quedé con lo puesto, mi ropa se quedó allí”, lamenta Aiman. A su lado, otro compañero pregunta por su teléfono. Con el susto y la carrera, su teléfono se quedó en la tienda.
Tras el estudio de la zona y de las necesidades operativas y materiales para garantizar la viabilidad del operativo, la Policía Nacional, tras celebrar esta semana una reunión de coordinación en la propia Delegación de Gobierno, determinó la mañana de este domingo para el desarrollo de esta operación. Durante los próximos días por parte de los servicios de la ciudad se procederá a la limpieza y vallado perimetral de la zona, estableciéndose vigilancia policial durante su realización.
En el operativo de esta mañana intervienen seis grupos de la unidad de intervención policial (UIP) con unos 300 policías y efectivos de la Unidad de Medios Aéreos de la Jefatura Superior así como, entre otras unidades, del área de Extranjería de la Policía Nacional, alcanzando una cifra total de unos 350 funcionarios.
Horas después de su desalojo, Aiman empezó asumir que no recuperaría sus pertenencias y empezaba a pensar en el nuevo lugar donde poder asentarse. “Ahora vamos a quedarnos aquí aguantando a ver si nos dan una solución, ¿entiendes? Nosotros hemos subido para trabajar y ganarnos la vida. Sí que hay algunos sinvergüenzas por aquí, pero nosotros, no. Lo importante es que esta noche vamos a aguantar y la vamos a pasar como sea”.
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